sábado, 16 de enero de 2016

Bajo la buena estella

"Stars by t1na" / DeviantArt.com
"Stars" by t1na / DeviantArt.com

Una noche, estando con él, después de una largo día de paseos y diversión, tirados los dos desnudos en su cama, consultamos las estrellas (de acuerdo a nuestro signo zodiacal y fecha de nacimiento) y el resultado fue que no éramos el uno para el otro, que si alguna vez estábamos juntos, iba a ser por conveniencia o por negocios, pero no por amor.
–A la mierda con las estrellas. –dije yo, enojada y frustrada.
Enojada, porque al fin mi deseo se había cumplido: había encontrado al hombre perfecto para mí. Y estaba ahí, conmigo. Pero pronto nos íbamos a separar, a vivir cada uno su vida en su respectiva ciudad, a muchos miles de kilómetros uno del otro.
Él me tranquilizó diciendo que las estrellas no siempre tienen todas las respuestas. Eso tampoco me hacía muy feliz, porque no era una respuesta muy jugada (en realidad no era tan jugada como yo deseaba que fuera). "Estamos juntos, aquí y ahora, es lo que tenemos y nos hace felices". Apagó la luz y nos quedamos dormidos.

Esa simple conversación produjo una grieta que con los días se fue agrandando hasta que se produjo el quiebre. ¿A quién le creo, a las estrellas o a mi corazón? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Dónde estoy y dónde quiero estar?

Ahora todo es un caos. Mi vida, mi trabajo, mi familia, mi casa, mi mochila y hasta mi muro de Facebook. Hay días que me levanto y quisiera poder dar un salto, cruzar el océano y estar allá con él, verlo despertar y darle los buenos días, remolonear, hacerle el desayuno. Pero también amo a mi Buenos Aires querido, aquí tengo todo lo que siempre desee tener, construí una vida, una familia y una carrera profesional, todo con mucho sacrificio y perseverancia. Soy feliz así pero dentro de mí tengo la sensación de que aún me falta algo, como un rompecabezas de cinco mil piezas pero se le ha perdido una. Soy feliz pero ahora me lo estoy cuestionando, ¿de verdad lo soy? No, no es lo mismo ser que parecer. Con algunas cosas me puedo conformar pero con otras no.

Susceptible, desesperada, jodida, quebrada, partida en dos. Igual que mi corazón cada vez que él no me escribe por Whatsapp. Que si bien me duele, no es determinante. Él no es el motivo del quiebre sino una circunstancia que lo desencadenó.

Consulté entonces a las estrellas, las que provocaron todo este desmán. Me dicen que he nacido bajo la buena estrella y que debo seguir adelante pues mi futuro es prometedor, que si trabajo duro tendré éxito en todo lo que me proponga emprender; pero sobre todo me dicen que nunca he perdido la esperanza y si alguna vez la perdí, pronto he de recuperarla. Mi corazón me dice exactamente lo mismo.

Ahí voy, entonces, a por mi destino, una vez más.