jueves, 29 de diciembre de 2016

Historia de una historia que se hizo visual

Así como lo leen, la aclamada "Historia de dos mujeres en un bar" se hizo visual de la mano de los chicos de TIBTO que hicieron esta genial adaptación. Pasen y vean, pongan su ME GUSTA y sigan su canal que tiene más videos con historias originales.

martes, 27 de diciembre de 2016

¡Mozo, la cuenta!


Como ya saben, la realidad supera la ficción. Por eso hoy les presento una pequeña recopilación de partes (chuscas) de conversaciones que me sucedieron en varias primeras citas. La parte del diálogo que me corresponde está en color rojo, así se entiende bien cómo viene la conversación.


–Contame, ¿a que te dedicás?

–Soy diseñadora y desarrolladora web y mobile
...

–¿Qué es mobile?
–Celulares y tablets.

–Ah, ¿programas smartphones?

–Bueno, en realidad, hago aplicaciones para smartphones y…


–¿Y no sabés cómo programar mi Whatsapp para que no muestre que estoy en línea, que no muestre la la hora y el tilde azul?

–Eso es muy fácil: agarrá el teléfono, tiralo a la miércoles y manejate con notitas Post-it.


–...

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–... Y la verdad no me gustaría que mi hija a los veinte termine siendo un desastre en la casa como la madre.

–¿La madre de quién?

–De mi hija.

–Ah, ¿se hablan?

–De hecho, la veo todos los días en el espejo.
–¡Ah qué bueno que se lleven bien!
–¿Vos me estás escuchando?
–¿Qué cosa?
–…
–¡Ah!


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–Sí, sí, después de tantos años de casado, dije basta. ¡Basta de peleas, basta de celos, basta de controlarme y decirme lo que tengo que hacer! ¡Quiero vivir la vida! 
–Mirá vos, no conozco nadie que no quiera vivirla.
–¿A vos no te pasó nunca eso? 
–No. Yo siempre tuve ganas de vivir. Desde que nací.
–…

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–Sabés, me encantó esa foto de perfil del Whatsapp.
–Bueno gracias, jeje.
–¿Y qué significa ese cartelito con el número 44 ?
–Es mi edad actual. Cumplí el mes pasado.
–¿Ah sí? ¿Cuántos años cumpliste?
–...

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–A ver linda, mirame a los ojos y decime, ¿qué sentís?
–Ehmm, nada.
–¿Cómo que nada?
–No, nada... ¿tenía que emocionarme?
–Bueno, pero...
–¿Pero?
–¿En serio no sentís nada?
–¡A ver! Nos estamos viendo por primera vez y recién pasaron 20 minutos... ¿Tenía que enamorarme?
– Bueno, no, no necesariamente. Peo así no tiene sentido estirarla. Me voy, terminate el café tranquila, pago yo a la salida. Suerte.
– ¿...?

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–Y contame, ¿qué sueños tenés?
–¿Perdón?
–Hablame de tus sueños.
–Mmmm, ésas son cosas muy reservadas...
–Dale, yo quiero saber así te voy conociendo.
–Ok. Mi sueño es conquistar el mundo.
–¡... !
–(sonrisa)
–Bueno... Así que tu sueño es conquistar el mundo.
–¡Sip!
–Como Pinky y Cerebro.
–Ponele.
–Y ¿qué planes tenés para lograrlo?
–Formar un ejército de palomas.
–...
–De hecho ya tengo dos en fase de entrenamiento.
–...
–(sonrisa)
–Y si tuvieras un super poder, ¿cuál sería?
–Me gustaría tener el poder de teletransportar mierda.
–¿Eh? ¿Qué cosa?
–¡Sí!
–Pero, ¿y qué utilidad tendría eso?
–Le podés cagar la vida, literalmente, a cualquiera que no te banques. O zafar de un examen, achicar la cola en el banco, escapar de un piquete, qué se yo... ¡Puf! ¡Hay tantas posibilidades!
–...
–¿Querés ir yendo?
–Dale.

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Si les gustó, voten y dejen su comentario para una segunda y tercera y cuarta parte, porque hay muchas historias chuscas para contar. Porque, si no hay amor, ¡que al menos haya humor!


lunes, 12 de diciembre de 2016

Hablé con Jesús: bondi fuera de servicio

 Amour d'enfance by D4Ybe >> DeviantArt.com

–No sabés, creo que voy a entrar en crisis en cualquier momento.
Jesús asintió levemente y levantó las cejas, señal que me habilitaba a soltar la catarata de palabras que tenía acumuladas para decir:
–Hace unos meses empecé a salir con un tipo. Amigo de mis amigos. Todo bien mientras la cosa se mantuvo en el Whatsapp. Nos juntamos un par de veces para tomar algo y hubo química explosiva. Con ese antecedente, pensamos que bien valía la pena que lleváramos las cosas al siguiente nivel. Y ahí se cagó todo. ¿Podés creer? No reaccionaba...
–¿No reaccionaba? –dijo, sin comprender.
–No. El... el coso... ehmmm.. el bondi, ponele, estaba fuera de servicio. No levantaba.
Jesús pensó unos minutos y con un gesto comprendió lo que estaba queriendo decir con tanta vuelta: impotencia.
–Bueno, a ver, –dijo acomodándose los lentes. –no es raro, le suele pasar a muchos hombres y me consultan mucho por eso. ¿Qué edad tiene?
–Cumplió cincuenta hace dos meses.
–La edad es otro factor importante. ¿Bebieron algo de alcohol?
–No, solo café con tostadas.
Hizo una pausa y anotó algo en su libreta.
–Soy un desastre, ¿no? –dije, ansiosa.
–No, no. –dijo con toda tranquilidad. –No dejes que esto te afecte. Teniendo en cuenta esto que te comenté antes, sumando la edad, la ansiedad, el estilo de vida, ciertos medicamentos, etc., suelen jugar malas pasadas. Y por otro lado, vos sabés bien cómo es tu personalidad.
–Sí, soy mitad sirena y mitad camionero. 
–Tenés una personalidad muy fuerte, tu rol de alfa está bien definido y se nota, a pesar tuyo. Para aquellos que son un poco más débiles de carácter o con baja autoestima eso les choca. Una mujer que no necesita ser rescatada de su torre e incluso mata ella misma al dragón intimida a cualquier príncipe que ha crecido en una cultura machista; se da cuenta que su rol quedó chico y ahora tiene que ver la forma de ubicarse en la relación, por decirlo de alguna forma. Y vos, ¿le dijiste algo?
–No. Bueno sí, le dije que no se sintiera mal por eso, que conmigo estaba todo bien. Pero creo que fue peor. Al otro día no era el mismo, ya no más mensajes cariñosos por Whatsapp, se volvió agrio, cortante, resentido. Mis amigas dicen que no vale la pena quererlo, que es un bagayo, que debería dar gracias que le di bola, que a lo mejor es así porque se droga...
Sonrió sin levantar la vista de su libreta y preguntó: –¿Y vos qué creés?
–Qué creo... Que cuando estoy con él, siento que encontré una parte de mí que había perdido o me estaba faltando. Es decir, no es que me sienta incompleta. Pero viste, uno puede toda la vida vivir perfectamente sin algo, ¿no?, pero cuando te llega ese algo, sentís que no puede haber nada mejor en el mundo, y que ojalá durara para siempre. Es como el aire fresco un día de calor, como el olor a tierra mojada cuando llueve, como un plato de comida calentita cuando estás muerto de hambre. Como un Popeye que se come las espinacas y siente que puede mover una montaña de un empujón, y con una sola mano. La bella y la bestia juntas en este cuerpito. Así me siento yo con él.
Sonó el reloj y Jesús prometió que seguiríamos trabajando el tema la próxima sesión.
Salí a la calle, caminé y me tomé el subte. Durante el viaje abrí la galería de imágenes de mi celular y encontré una de las fotos que nos habíamos sacado juntos, una semana antes de la "tragedia" nos separara.
Ahí, los dos, mirando de frente a la cámara, pegados uno al otro, sonrientes. Ni siquiera parecemos nosotros, parecemos dos chicos en la víspera de Navidad...


lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Es mejor estar solteros?

Vean el video y lo que dice la doctora Bella DePaulo de la Universidad de California:



Ahora podemos decir con orgullo ¡vamos l@s solaris!

martes, 22 de noviembre de 2016

La noticia

 Guiding Hand by real-simple >> Deviantart.com

–Vas a tener un hermanito.
La voz de papá sonó con cierta solemnidad en la cocina. Me quedé dura, no me esperaba esta noticia. Miré mi taza de café humeante, sin poder pronunciar palabra alguna. Escuché a lo lejos el ruido de los autos en la avenida, un pájaro, una risa y el sordo retumbar del ascensor al arrancar.
Fui hija única toda la vida. Todas mis amigas tenían, mis vecinitos, mis primos y primas también tenían. Yo estaba solita en la familia, y mis tíos y abuelos siempre decían a mis padres, ¿cuándo vuelve la cigüeña? Y la cigüeña no venía, y no venía. Yo pedía y deseaba con todas mis fuerzas, antes de soplar las velas en mis cumpleaños, cuando soplaba los dientes de león, mirando fijo al Lucero en Nochebuena. Incluso llegué a mencionarlo en una carta a Papá Noel. Nada.
La mano de papá aprieta la mía y recordé todos esos momentos que pasamos juntos. Él ayudándome a dar mis primeros pasos, llevándome a la escuela, bailando el vals en mis quince, retándome después de mi primera borrachera, brindando en familia el día que me recibí de ingeniera, caminando del brazo al altar el día que me casé, llevándome de urgencia a la maternidad cuando sorpresivamente rompí bolsa justo en Año Nuevo... él jugando y haciendo upa a mis hijos... nosotros dos, bailando otra vez el vals el día que él se volvió a casar con una mujer que tiene unos años más que yo...
–¿Estás contenta? –me dice, mirándome. Hay un dejo de emoción y ansiedad en su voz.
Asentí con la cabeza, lo abracé llorando a moco tendido.
¡Siempre quise un hermanito!

lunes, 11 de julio de 2016

La mirada de esos ojos negros

"Yours truly" by ntscha | Deviantart.com

Adrián desapareció, sin palabras ni excusas, un día después del cumpleaños de Meli. No le dijo "no sos vos, soy yo" ni "tomémonos un tiempo". No respondió tampoco a ninguno de los mensajes de Whatsapp que ella le envió, optó simplemente por "clavar el visto" y ya. Decidió que quería estar libre los fines de semana para jugar al tenis, al golf, tirarse desnudo en la cama a ver el partido o una película con un sánguche de milanesa completo todo para él solo.
Ella, por su parte, no guardó luto. Ni rencor. Le costó entender tal actitud por parte de él, pero como a ella también le sobraba actitud, no perdió el tiempo llorando y volvió al ruedo inmediatamente. Empezó a salir de juerga con sus amigas y amigos otra vez, se compró ropa, se apuntó en Tinder, aceptó todas las invitaciones a fiestas y cocktails, bailó y bebió todo lo que quiso, y conoció muchos candidatos potables. Sin embargo, ya le había tomado el gusto a esa vida de soltera despreocupada hasta que un día, en una fiesta, un amigo de un amigo le presentó a otro amigo y la buena onda fue recíproca y correspondida. Una semana más tarde volvieron a salir, y así, empezaron a verse más seguido, ir al cine, a cenar, conversar, y todas esas cosas que hacen las parejas que se están conociendo.
Así, pasó un año, Meli volvió a cumplir un año más y ese día recibió un mensaje por parte de Adrián, deseándole feliz cumpleaños. Ella casi se atragantó y por consejo de sus amigas no contestó inmediatamente, lo dejó en visto y le respondió un par de días después, a las tres y media de la madrugada y completamente pasada de copas:
–¿Por qué volviste?
–Nunca me fui
–Los hombres vuelven cuando no tienen dónde ponerla
–¿Esa es tu experiencia?
–Entonces, ¿hay una explicación?
–No hay ninguna explicación
Y eso fue todo lo que hablaron.

Pero la casualidad hizo que ambos se cruzaran en el mismo restaurante una noche. Meli estaba acompañada de su candidato y Adrián, acompañado de una dama que no le interesaba mucho pero como estaba solo aburrido y ella había insistido tanto, terminó aceptando. A pesar de que había varias mesas de distancia, se los podía ver perfectamente. Y vió, después de tanto tiempo, esa mirada en ella, la mirada brillante de esos ojos negros.
Esa mirada, la misma que lo vió a él durante tanto tiempo...
Empezó a pensar, qué le habrá visto al tipo ese, flaco, alto, pelo oscuro, bien afeitado pero con cara de nabo, con esos lentes cuadrados de profesor chiflado. Y él, qué habrá visto en ella; tal vez lo mismo que vio él hace algún tiempo: lindas piernas, nariz perfecta, un poco cascarrabias pero con buen gusto para casi todo...
Hasta ahí llegaron sus pensamientos porque de pronto, un golpe seco lo trajo de vuelta de sus pensamientos. Su acompañante estaba de pie, con un puño sobre la mesa, mirándolo con cara de pantera a punto de atacar, y todos los demás comensales incluso los mozos también los estaban mirando. ¿Ella había dicho algo en algún momento? ¿Le pidió explicaciones?
No supo qué decir, y sin pensarlo mucho le salieron las palabras, sin más: –No tengo ninguna explicación.
La pobre mujer no dijo más nada, bufó furiosa y se fue. Él la siguió con la mirada hasta que salió del restaurante. Suspiró, se sirvió más vino y luego de unos minutos ordenó ravioles con salsa de cuatro quesos para cenar. Giró la cabeza para ver donde estaba Meli. Ella y su acompañante seguían ahí, ajenos a todo. Otra vez esa mirada dulce, profunda, brillante, y esas manos, esa sonrisa, esa vocecita que hablaba como en un susurro, alguna vez le dijo "te quiero" al oído. Ahora todo eso le pertenecía a otro.
Fue en ese instante, apenas un segundo, en el que se dio cuenta que la extrañaba y que nunca debió dejarla. No tenía una explicación ni siquiera para sí mismo.

:heart:

jueves, 7 de julio de 2016

Mesa de mujeres II: Según pasan los años

Their sweet April 9 by aprelka | Deviantart.com
Es jueves, y como todos los jueves, nos juntamos con las chicas después del trabajo a cenar y chusmearnos todo. –¿Y che, cómo te fue en la fiesta del viernes?– me preguntó Vanesa. –Ah, re bien. –dije yo, y luego hablé para todas. –Les cuento: el viernes pasado nos juntamos con el grupo de la secundaria. Lo hacemos dos veces por año, armamos una fiesta en el patio cerrado del colegio, como en los viejos tiempos, y vienen casi todos los de la división, incluyendo compañeros de otros años. Lindo encuentro, buena música, buen ambiente. Aaahhh... Y no sabés quién fue, Vane. –¿Quién, quién? –dijeron todas en coro. –Rodrigo, un pibe del colegio. Yo estaba en segundo año y él en quinto. Vos te acordás, Vane, del flaquito... –¡Nooo! ¿Rodrigo? –exclamó Vanesa. –Epa epa. –dijo Aldana riendo. –¿Amores de secundaria? –¿Sabés lo que es encontrarte después de 30 años con el pibe que te hacía calentar la cabeza de pendeja? –Naaaah, ¡te moriste de amor! –dijo Rita. –Morirme sí, –dije, tomando otro sorbo de cerveza,– pero no de amor precisamente. ¡Cómo les explico, che! ¡Está hecho mierda! Pero mierda mal, eh. Vos Vane te acordás bien, que era flaco, alto, de rulos, los ojazos impresionantes, esa voz suave que te hacía caer los calzones... –Sí que me acuerdo, boluda. –contestó Vanesa, comiendo una papa frita. –Me tenía que fumar tus ataques de enamoramiento, me daban ganas de darte un sillazo en la cabeza para que reaccionaras. Menos mal que no íbamos al mismo colegio porque sino le daba otro sillazo a él, pero por creído. –Pero che, –indagó Aldana. –¿Tan mal lo encontraste? –A ver, no está particularmente gordo pero tiene buzarda, se peló porque se le volaron todas las chapas del frente, tiene arrugas muy marcadas en la frente y el entrecejo, papada, los ojos embolsados, la voz reventada como si hubiese gritado goles toda la noche. ¡Hasta me juego que se hizo el comedor a nuevo, eh! –¿Y hablaron algo? –preguntó Vanesa. –¿Se acordaría que vos te morías por él? –Nos saludamos, sí, pero hablamos poco. Sí, capaz se acordaba. O no, andá a saber. Al principio vino haciéndose el gallito como en aquel entonces, hablaba a los gritos con los amigotes, se hacían los cancheros. Pero a medida que avanzaba la noche me parece que se deprimió entre tanta gente cambiada y toda la música que bailábamos en los '80, porque ya no estaba tan chispita como cuando llegó. O se agarró un pedo triste con el whisky, qué se yo. –Bueh, flojito. –dijo Aldana. –Para qué chupa si no aguanta. –Qué flash... –dijo Rita. –No te das una idea, no parecía la misma persona. Yo pensaba, si hubiese un aparato que te muestre cómo estás ahora y cómo vas a quedar dentro de 30 años, creo que éste se pegaba un tiro. –O se hubiese cuidado un poco. –dijo Aldana. –El tiempo nos pasa factura a todos. Pero a algunos como que les cobra retroactivo e intereses. –Viste, por lo general, a los tipos lindos les pasan los años y se mantienen, incluso hasta mejoran. –dijo Vanesa. –Sí pero éste, ¡puf!, a éste le pasó por encima un rebaño de vacas y después un camión con acoplado. –Y nosotras, que nos cuidamos tanto... –suspiró Aldana. –Al final, terminamos re diosas entre viejos chotos, panzones y pelados… –… con los dientes postizos! –y se rió con ganas. –¡A no deprimirse, chiquis, que todavía quedan hombres bien plantados! –dije en voz alta y dando palmadas. –¿Pedimos otra cerveza y la pizza? Todas respondimos afirmativamente y al unísono. La cerveza llegó primero, nos servimos y levantamos los vasos en alto. –¡Un brindis por el flaquito, que pasó a retiro voluntario! –exclamó Vane riendo. Y el flaquito, en algún lugar de Buenos Aires, imagino que habrá sentido un leve ardor en la oreja, que según dicen, te pasa cuando alguien está hablando de vos o te está sacando el cuero. :::

domingo, 3 de julio de 2016

El felino, la chica y el escritor

Panther by snappyhappy | Deviantart.com

–Ahí está el auto. –dijo Victoria, mirando por la ventana con una sonrisa.
Edgardo, desde su posición, no pudo ver nada. Se sintió nervioso y curioso. Por fin iba a conocer al famoso Mono del que tanto le había hablado ella.
Pocos minutos después lo vio entrar por la puerta. Estaba seguro que era él. Su primera impresión fue inmediata y contundente: era un felino gigante. Tenía el pelo corto oscuro, entrecano, llevaba lentes aviadores y vestía camisa y campera de cuero negras, y jeans gastados. Ella levantó la mano y él caminó hacia ellos.
Victoria se puso de pie, lo abrazó y le dio un beso en la mejilla mientras le decía cariñosamente, "Hola Monito, ¿cómo estás?". La cara de bulldog que el Mono traía desde que entró al lugar, se transformó por unos instantes en la de un cachorro al que solo le faltó mover la cola de alegría.
Edgardo se puso de pie, Victoria los presentó y se dieron la mano. Hablaron un par de tonteras entre ellos mientras llamaban al mozo. De pronto, el ambiente cambió, Edgardo se sintió fuera de contexto en la mesa, como si estuviese mirando un documental de Animal Planet. Flotaba en el aire una cierta tensión sexual. Ella se había transformado de repente en una hábil domadora de animales salvajes, y él, en un enorme felino buscando la manera de que le rasquen la panza. Se preguntaba cómo era posible tal combinación en una sola persona: no solo era un experto en seguridad y guardaespaldas, de ésos que tienen la sangre bien fría, sino que además, según ella le había contado, era un hábil boxeador desde la adolescencia, además guitarrista de blues, sommelier aficionado, buen jugador de ajedrez y bailaba tango nivel experto. Y él, solo era periodista, autor de varios libros sin éxito, no bebía alcohol, jugaba Sudoku y era experto estratega... en Warcraft.
Llegó el mozo, les sirvió y se retiró rápido. Victoria empezó a introducir a su amigo sobre el tema y su idea y la cara del Mono volvió a ser la de un bulldog en guardia.
–O sea, en concreto, –dijo el Mono cuando ella terminó de hablar. –vos querés comprobar y/o refutar la sanata que tu amiguito –y resaltó la palabra "sanata" y "amiguito", cosa que a Edgardo le molestó mucho. –puso en este futuro libro.
–Así es. Vos tenés acceso a información que yo necesito. –dijo ella sin rodeos, mordiéndose el labio.
–¿Y cuál es el objetivo? –preguntó el Mono, luego de una pausa y mirándola fijo.
–Que tengo delante de mí una teoría fascinante sobre la supuesta muerte de uno de los músicos más famosos del siglo XX. Y Edgardo, mi amigo –ella también resaltó la palabra "amigo"– aquí presente me hizo notar algunas ideas interesantes, que pueden sonar un poco voladas pero tienen lógica, son cosas que quiero investigar para estar segura antes de sacar este libro a la calle. Vos sabés que elijo con cuidado qué libros quiero editar. Éste tiene potencial.
–¿Vos estás segura que querés hacer esto?
Se hizo un silencio. Ella jugaba con un sobrecito de azúcar. Contestó rotundamente: –Sí.
Levantó la vista y miró primero a Edgardo, y luego al Mono. Era una mirada directa, sin pestañeos. La mirada de una domadora. Al felino solo le faltó rugir y tirarse al piso ronroneando.
[...]

sábado, 16 de enero de 2016

Bajo la buena estella

"Stars by t1na" / DeviantArt.com
"Stars" by t1na / DeviantArt.com

Una noche, estando con él, después de una largo día de paseos y diversión, tirados los dos desnudos en su cama, consultamos las estrellas (de acuerdo a nuestro signo zodiacal y fecha de nacimiento) y el resultado fue que no éramos el uno para el otro, que si alguna vez estábamos juntos, iba a ser por conveniencia o por negocios, pero no por amor.
–A la mierda con las estrellas. –dije yo, enojada y frustrada.
Enojada, porque al fin mi deseo se había cumplido: había encontrado al hombre perfecto para mí. Y estaba ahí, conmigo. Pero pronto nos íbamos a separar, a vivir cada uno su vida en su respectiva ciudad, a muchos miles de kilómetros uno del otro.
Él me tranquilizó diciendo que las estrellas no siempre tienen todas las respuestas. Eso tampoco me hacía muy feliz, porque no era una respuesta muy jugada (en realidad no era tan jugada como yo deseaba que fuera). "Estamos juntos, aquí y ahora, es lo que tenemos y nos hace felices". Apagó la luz y nos quedamos dormidos.

Esa simple conversación produjo una grieta que con los días se fue agrandando hasta que se produjo el quiebre. ¿A quién le creo, a las estrellas o a mi corazón? ¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Dónde estoy y dónde quiero estar?

Ahora todo es un caos. Mi vida, mi trabajo, mi familia, mi casa, mi mochila y hasta mi muro de Facebook. Hay días que me levanto y quisiera poder dar un salto, cruzar el océano y estar allá con él, verlo despertar y darle los buenos días, remolonear, hacerle el desayuno. Pero también amo a mi Buenos Aires querido, aquí tengo todo lo que siempre desee tener, construí una vida, una familia y una carrera profesional, todo con mucho sacrificio y perseverancia. Soy feliz así pero dentro de mí tengo la sensación de que aún me falta algo, como un rompecabezas de cinco mil piezas pero se le ha perdido una. Soy feliz pero ahora me lo estoy cuestionando, ¿de verdad lo soy? No, no es lo mismo ser que parecer. Con algunas cosas me puedo conformar pero con otras no.

Susceptible, desesperada, jodida, quebrada, partida en dos. Igual que mi corazón cada vez que él no me escribe por Whatsapp. Que si bien me duele, no es determinante. Él no es el motivo del quiebre sino una circunstancia que lo desencadenó.

Consulté entonces a las estrellas, las que provocaron todo este desmán. Me dicen que he nacido bajo la buena estrella y que debo seguir adelante pues mi futuro es prometedor, que si trabajo duro tendré éxito en todo lo que me proponga emprender; pero sobre todo me dicen que nunca he perdido la esperanza y si alguna vez la perdí, pronto he de recuperarla. Mi corazón me dice exactamente lo mismo.

Ahí voy, entonces, a por mi destino, una vez más.