viernes, 10 de mayo de 2013

Historia del que no creía y la que quería creer

'Couple' by ad7u » Deviantart.com
Algún día, alguien me va a querer así como soy, me va a elegir y se va a quedar conmigo.
–A veces, no sé cómo tratarte Ale, cómo tocarte, cómo hablarte...
Pude ver, aún en la penumbra, su cara de desconcierto mirando al ventilador de techo. Tenía la mano izquierda detrás de la nuca, y con la derecha me abrazaba. Yo me hice un ovillo sobre su pecho. Me acarició y murmuró:
–Me prometí que esto no iba a pasar más, que no me iba a volver a acostar con vos. No sé que hacemos acá.
Yo tenía los ojos cerrados y suspiré antes de contestar.
–Yo tampoco sé. Vine a usar el Wifi porque en casa no anda, y me dijiste que te hiciera compañía porque estabas dormido y... Y bueh, acá estamos.
–Ay Ale, no podemos seguir así.
–¿Por qué? ¿Cuál es tu problema?
–No, no tengo ningún problema. Pero no sé, no quiero que te confundas y pienses que yo quiero algo en serio, porque yo...
–Ay callate, querés.
Dijo un par de incoherencias cuando le sonó el celular y atendió. Era un cliente. Estuvo varios minutos tratando de solucionar el reclamo. Yo me volví de espaldas.
Por fin cortó y se quedó en silencio. Me abrazó por atrás.
–Bonita, siempre tenés la piel tan tibia y suave...
–Chucho, vos siempre tenés los pies fríos.
Nos reímos y entre caricias y mimos nos quedamos semidormidos en esa posición hasta que sonó mi teléfono. No atendí. Pocos minutos después llegó un mensaje de un cliente que me reclamaba unos originales urgente y decidimos poner fin al remoloneo. Nos levantamos y nos vestimos. Puso la radio, tomamos unos mates mientras cada uno se dedicaba a bajar o enviar mensajes en su respectiva notebook. Cerca del mediodía y casi al mismo tiempo, dimos por terminada nuestras tareas. Salimos un rato al balcón y él, encendiendo un cigarrillo, habló:
–Vos sabés que yo no creo más en el amor. Ya no puedo. Tarde o temprano todo termina mal y yo, yo ya estoy viejo para seguir saliendo lastimado. No quiero más eso. Basta.
Yo reí. Le saqué el cigarrillo y le di una pitada antes de contestar.
–¿Y por qué me lo decís a mí, boludo? Soy la única de tu manada de hembras que no se quiere casar con vos. Decime una cosa, Chucho: ¿a qué le tenés miedo?
–No quiero pelear.
–No estoy peleando, pero decime.

No, miedo no. Pero vos...
–¿Yo, qué? De lo que siento o dejo de sentir, me hago cargo. No necesito que nadie piense por mí, ¿ok?
–No entendés. Yo no soy para vos y creo que no te das cuenta de eso.
–Chucho, ¿vos me querés?
Se quedó callado. Dio la última pitada al cigarrillo y lo apagó, luego puso las manos sobre la baranda de hierro, bajando la cabeza, con la mirada perdida en algún punto de la baldosa.
–Bueno, yo sí te quiero. Pero no te confundas. Porque querer y amar son dos cosas diferentes. Te quiero porque desde la primera vez que nos vimos tuve la sensación de estar con alguien que conocía de toda la vida. Siempre que estamos juntos es así, y no estamos juntos muy seguido. Que nos enredemos de vez en cuando en tu cama o la mía tal vez sea un error, ¡qué se yo!   
–Ale, no creo más en el amor. 
–Ya lo sé, no te estoy queriendo convencer de nada, no te quiero cambiar. Te quiero así como sos. Pero dejame que yo quiera creer, porque yo sí quiero creer.
–¿Por qué?
–Porque así soy yo, está en mi naturaleza. Caer y levantarme. Intentar una y otra vez, aunque falle. Porque de tanto intentar alguna vez saldrá bien. Eso de no creer porque no querés que te lastimen es como suicidarse por miedo a morirte atropellado por un auto. Eso es de cobarde. Yo, no seré ni la más linda ni la más inteligente, pero no soy cobarde. Voy a seguir adelante, siempre. Algún día, alguien me va a querer así como soy, me va a elegir y se va a quedar conmigo. No sé si será con vos, no sé si será con otro tipo...
El siguió en silencio, mirando hacia la autopista. El sol brillaba y hacía un poco de calor. Yo seguí hablando más despacio, casi como para mi misma.
–Mamá murió sin haber intentado muchas cosas. Al final, la vida se nos va en pelotudeces y cuando nos damos cuenta, se nos vino la noche y ya no tenemos más oportunidad de nada. 
Me fui para el comedor. Guardé mi notebook en la mochila y me senté con las piernas cruzadas en el sillón. Él entró, se fue al baño y se afeitó. Se puso una camisa de rayas grises y su perfume me recordaba el olor de la tierra mojada. En ese instante (íntimo, cotidiano) desde la radio alguien decía: "Si en este momento pudieras tomarte el tren, hacer algo que te cambie radicalmente la vida, hacer eso que nunca intentaste por miedo, ¿hacia dónde irías? ¿qué harías? ¿te atreverías a patear el tablero?"
Entonces, él me miró.
Yo lo miré y sonreí.


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