sábado, 12 de octubre de 2013

sábado, 28 de septiembre de 2013

Historia de dos mujeres en un bar

'Glass, All In' by ~ShijinModan | Deviantart.com
Brindemos porque ahora estamos solas y disponibles para conocer a alguien interesante.
–Sabés, me enamoré de Luis en cuanto lo escuché hablar. –dijo ella, bajando la mirada, con una sonrisa en los labios de brillo rosado. –Tiene ese tono grave pero suave, de hablar pausado, típico de la gente del interior, ¿viste? Después, me compró esa sonrisa. Y eso que yo soy bastante escéptica con respecto a los tipos que una conoce en las redes sociales, eh.
–Ah sí. –dije yo, asintiendo con la cabeza. –Conozco del tema. Te encontrás con cada loquito...
–¡Sí! Ahí te das cuenta por qué están solos, porque ninguna mujer seria los aguanta.
En eso me llega un mensaje de texto de mi amiga, que todavía estaba en una entrevista con un cliente tratando de venderle y tenía para un rato. Le contesté que no se preocupe. El bar aún no estaba a full de gente y yo ya estaba entretenida hablando con mi eventual compañera de tragos y confesiones. Dijo llamarse Majo, pelo rubio bien cuidado, manos delicadas y su mirada triste me hizo ver que tenía el corazón roto y necesitaba hablar con alguien. Y yo, como soy una experta, me senté a su lado y empecé a conversar. No nos fue difícil congeniar, y al poco tiempo ya me estaba contando su pena de amor.
–¿Y hace mucho que lo conocías a este Luis?
–Humm... dos meses creo. Chateamos mucho desde entonces. Un día me dijo que cuando viniera a hacer trámites al microcentro, que le encantaría tomar un café conmigo. Y bueno, un día se dio. Al principio estaba re nerviosa, pero bueno, como te decía, al escucharle la voz fue como encontrarse con un oasis entre tanta estupidez. Fue un flechazo. Además me encantó que no fuera uno de esos pelotudos ultranarcisistas que se la pasan a ensaladita, agüita mineral, cremita antiarrugas y cinco horas diarias de gimnasio. Bah, digo, cuidarse un poco está bien, pero tampoco la pavada.
–¡Uf! Tuve un marido así de fifí. Vivía pendiente de su aspecto: que la panza, que la arruga, que la ropa, que el perfume. Con tanta preocupación por sí mismo no disfrutaba la vida, su familia. Por eso me divorcié. Bueno, y después de encontrarte con él, ¿que pasó?
–Siguió todo bien, hablamos mucho pero había algo que no me cerraba. Un día quedamos en salir a cenar y le dije, que tal si vamos a tu casa y te preparo algo. Y empezó con excusas de que no, y que no y no. Ahí me saltó la alarma y pensé, éste infeliz debe estar casado o algo por el estilo, y ... Y bueno, nada, me hice la boluda. ¡Mal hecho! Porque quería que él me lo dijera. Así fue que la siguiente vez que nos vimos lo encaré. Me contó que estaba en proceso de separación y que no lo condenara por eso. Me juró que me quería y que seguiríamos juntos cuando todo pasara. Y yo, ¡ay!, yo le creí... –Hizo una pausa y bebió otro sorbo de su Campari con una sonrisa. Pero era una sonrisa triste. –Pero hoy, hoy te juro que exploté. –continuó, ahora enérgica. –Hoy nos vimos otra vez y me trajo un regalo. Una cajita de chocolates en forma de corazón, una delicadeza. ¿Podés creer que nunca nadie se jugó con algo tan romántico? Fueron los cinco minutos más felices del día hasta que el pelotudo abrió la boca y la cagó.
–¿Eh? ¿Qué pasó? –dije yo, arqueando las cejas y dándole otro sorbo a mi daikiri.
–¿Sabés lo que me dijo el forro antes de irse? "Ay, por favor no vayas a subir fotos al Facebook, y ni se te ocurra etiquetarme o nombrarme, por favor". ¿Pero qué carajos? Ahí me saltó la térmica. "Ya entendí, es mentira que te estás divorciando, ¡vos todavía estás casado!" le grité en pleno Florida y Corrientes. Porque si hay algo que me molesta mucho, es que me tomen por boluda. Le dije furiosa ¡tomá!, –e hizo un movimiento enérgico con la mano, mirando al frente, rememorando el fatídico momento. – tomá tu regalo y metételo en el orto, no quiero nada de vos. Se lo estrellé en el pecho con tanta fuerza que al aplastarse la caja saltó crema de chocolate y cereza y no sé que más, que le mancharon la camisa. La gente se paraba o se daba vuelta a mirarnos. Estaba con tantas ganas de agarrarlo a carterazos, pero no pude, le pegué otro par de gritos y me fui corriendo. Me llamó varias veces y no lo atendí. Me escribió varios mensajes por todos lados pidiendo perdón por haberme fallado, por no haber dicho toda la verdad desde un principio, y que seguía queriéndome y bla bla bla. La típica. Lo bloqueé de todos lados. No quiero ni saber de él.
–Increíble, pero real. Vos sabés, que yo corté hace poco con un tipo así, con doble discurso. Me obligó con mentiras a borrar las fotos que yo había subido con él y hasta me prohibió etiquetarlo o mencionarlo. Un día me cansé, subí las fotos con etiqueta, mención y todo. Así fue que se le cayó la fachada: a causa de eso se le arruinó una relación de años con una chica por la que estaba loco de amor. Que se joda bien jodido. Porque a mí de ella me habló pestes, y él a ella le habló pestes de mí, para que nos odiáramos y nunca nos cruzáramos. Además, ¡no entiendo! si estás bien con alguien, no tenés por qué salir a picotear afuera, mintiendo y manipulando tan descaradamente. Eso no es de hombre, es de cobarde.
–¡Viste como son! Que bueno que vos me entendés.
Nos miramos y sonreímos. Yo alcé mi vaso y dije:
–Mujer, brindemos. Porque todos estos forros piratones se encuentren con minas jodidas como nosotras que les saquen la careta y los manden bien a la mierda. Y brindemos porque ahora estamos solas y disponibles para conocer a alguien interesante.
Chocamos los vasos, y entre risas nos bebimos con ganas lo que quedaba en ellos.
–Hola chicas. ¿Podemos sentarnos con ustedes? –dijo una voz masculina a mi costado. Eran dos flacos, mas o menos de nuestra edad, que se nos acercaron. No eran facheros, pero estaban prolijos y presentables. Miré a Majo y ella a su vez me miró a mí, sonriendo y arqueando una ceja. Ambas asentimos y contestamos que sí. Los muchachos tomaron lugar enseguida.
–¿Vienen seguido por acá? –dijo el otro flaco, mostrando una sonrisa cautivadora de dientes bien cuidados.
–No. Es la primera vez que venimos. –contesté yo, riendo y guiñando un ojo a mi compañera.
–Veo que ya pidieron algo, ¿les gustaría tomar otra cosa, así nos acompañan? –dijo el primero.
–Creo que me vendría bien otro Campari. –dijo ella. –¿Vos qué decís, Ale?
–A mí me vendría de maravilla otro daikiri.
Ambas nos reímos. Nos miramos con esa mirada cómplice de mujeres que saben lo amarga que es la derrota en en amor, pero sabiendo que la vida siempre te da consuelo (hasta una revancha, quizá) en el lugar y el momento menos esperado.


:·:

sábado, 24 de agosto de 2013

Hablé con Jesús (VII)

'magic for me' by ~bruised--vein | Deviantart.com
¿Por qué siempre me enamoro del que no me ama?
–Me gusta Alexis. Mucho. Hace unos meses que lo conozco. Desde la primera cita me dejó alucinada, la voz, la forma de mirar, las cosas que me contaba. Y porque me gustaba tanto hice un par de cagadas, qué raro yo, ¿eh? Es que tuve esa sensación de que estaba todo bien pero... perooooo... ¡siempre hay un pero! 
–Sospechaste de algo. –preguntó Jesús, impasible como siempre.
–Sí. Sospeché que todavía está enganchado con la novia anterior. Me hizo bloquearla del Facebook diciendo que era una loca mentirosa y yo qué sé. Pero después tuve curiosidad y le espié el perfil y ¡fuá! ¡qué minón! ¡hasta yo le daría! 
Jesús rió suavemente y siguió anotando.
–Te digo, que exploté de los celos. Sí che, soy un poco celosa a veces, pero eso no le gustó ni medio, y reaccionó para el carajo. Durante un tiempo no me dio bola, me prohibió subir fotos de él y etiquetarlo. Yo me calenté y dejé de hablarle, en ese momento no tenía tiempo para preocuparme por sus rayes. Pero un día me habló. Y yo le hablé. Volvimos a vernos y bueno, pensé que a lo mejor las cosas se arreglaban. Sabés, me gusta porque tenemos buen sexo, hablamos de todo, nos reímos. Hasta me prepara el café más rico del mundo, tal como a mí me gusta. Pero... ¡pero! ¡pero no me da bola! O mejor dicho, no me da suficiente bola. Dice que no tiene tiempo para dedicarme, que por ahora no está buscando una relación seria porque quedó lastimado de los noviazgos anteriores. Eso, sabés, eso me dolió acá, más que el harponazo de Moby Dick. 
Jesús suspiró. Dejó su lapicera al borde del cuaderno y habló:
–Bueno al menos es franco: te dedica el tiempo libre que tiene para acostarse con vos, escaparle a la soledad, tener con quien hablar cuando él lo disponga, pero que no le rompan las bolas y mucho menos comprometerlo. Típica expresividad masculina cuando está todo bien con la mujer que te acostás pero no la querés para compañera. Una expresión de ésas, así como él te indicó, no tiene medición del "eco" psicológico o emotivo que te puede causar; simplemente no le importa tu opinión porque no le interesa.
–O sea... Entonces, que tengamos buen sexo y todo eso ¿no es ni por asomo una señal de q las cosas, digamos, "avancen" entre nosotros?
–No. Para nada. Un hombre puede pasarla fantásticamente con vos, dentro y fuera de la cama, disfrutarte, y no sentir nada. Los hombres no funcionamos de la misma forma que las mujeres, que comprometen más los sentimientos. Además, si él sigue enganchado con su novia anterior difícilmente la cambie por otra, aunque salga y se acueste con cientos de mujeres.
De repente sentí un relámpago de hielo y fuego al mismo tiempo recorriéndome la espina dorsal. Esa sensación de mierda...
–Yo sería una excelente compañera si me eligiera... –dije, y se me humedecieron los ojos.
–No lo dudo. Pero no podés vivir de ilusiones y mendigando atención, recogiendo las migas que caigan de su mesa. Sabe el poder que tiene sobre vos y lo está usando, consciente o inconscientemente, en su beneficio. Eso no es amor. De ninguna manera.
Me quedé en silencio unos segundos. Me encogí de hombros y dije:
–Tengo que cerrar esa puerta, supongo.
–O continuar viendo a Alexis, si tanto te gusta, pero jugando bajo sus reglas, aguantando su indiferencia y seguir hundiéndote en la desesperación. ¿Y sabés una cosa? Vos valés más que eso. Merecés mucho más que una dádiva de amor. Tenés que quererte más a vos misma como para no permitirte esto. Ya lo dice la frase "el hombre que realmente te merezca nunca te hará llorar".
Sonaron las tres campanadas. Firmé la planilla, me despedí de Jesús y salí a la calle.
Cuando llegué a la oficina, me encontré con que me había olvidado el celular en el escritorio, y Alexis me había dejado un mensaje. 
Me encerré en el baño y me puse a llorar como una tonta.
¿Por qué siempre me enamoro del que no me ama?


:·:

domingo, 4 de agosto de 2013

No extraño a ninguno


–Mamá, de todos tus novios anteriores, ¿a quién extrañás más?
Miré a mi hija con una sonrisa mientras terminaba de planchar la ropa del colegio y repasé mentalmente entre todos los hombres que pasaron por mi vida y...
¡Qué pregunta!
Empezando por los novios de la adolescencia, de los veinte, los treinta, y ahora los cuarenta. ¿Hay alguno que recuerde con más cariño que los otros? ¿Hubo alguno de entre todos que realmente me haya querido y me haya hecho sentir querida? Sus caras las recordaba vagamente, pero sus traiciones, sus engaños, sus mentiras, las recordaba bien. A todos los unía una constante: me tuvieron, pero no fui mucho más que un pasatiempo, un entretenimiento hasta que surgiera "algo mejor". Así del primero al último.
¡Qué carajos!
Pero no, a ver, tiene que haber uno de entre todos esos giles que me haya tocado el corazón, che. Aunque sea por un instante. Paso revista rápidamente a todas las historias como las hojas de un libro. Solo encuentro un par de caprichos que nunca pudieron concretarse, pero esos no cuentan, los caprichos no cuentan como amor.
A la mierda...
Vienen a mí todos esos momentos como girando en un vórtice. Los miro a todos y no hay ni uno solo que valga la pena decir wauuu, este chabón sí que me movió el piso.
–A ninguno, hijita.
–O sea, que... ¿no te enamoraste de verdad de ninguno?
–¿Sabés que no sé?
–¿Todos te trataron mal?
–Todos no, pero aún con los que terminé bien, no puedo decir que los extraño.
–Qué loco eso, eh.
Suspiro y sigo planchando. Sigo pensando. Todavía hoy, mientras escribo, sigo pensando.
Lo tiró. ¡No extraño a ninguno! ¿Eso será bueno o malo?


:·:

miércoles, 12 de junio de 2013

Un refugio a dónde ir

'93 million miles from the Sun' by iNeedChemicalX » Deviantart.com
Nunca supe si alguna vez hubo amor entre nosotros. Simplemente, estábamos juntos. 

–Somos almas en pena, Ale...

–¿Te parece, Chucho?
Suspiró y echó la cabeza hacia atrás. Yo simplemente apoyé la cabeza sobre su hombro. Nos quedamos en silencio dentro del auto, mirando el atardecer en el río. Era una tarde tranquila, tanto que solo se escuchaba el sonido de nuestra respiración, casi al unísono.
¡Tanto pero tanto teníamos en común el Chucho y yo! Los dos éramos un poco raros, inmaduros, alocados, atorrantes... Y teníamos el corazón roto. Los dos nos enamorábamos siempre de las personas que no nos amaban. Los dos quedábamos siempre a la deriva, heridos, sangrando ilusiones.
Extendió su mano lentamente para agarrar la mía, entrelazando los dedos.
–Es como decías vos. El amor es un puto malentendido.
–Putísimo.
–No aprendemos más. Siempre reincidimos. Reincidimos, putamadre, reincidimos...
No dije nada. Pensaba en todo y no pensaba en nada. Él bajó el vidrio y se encendió un cigarrillo. Yo miraba algún punto perdido en el horizonte. Chucho estaba de mal humor, deprimido, repodrido de enamorarse de las minas que no lo aman. La presión por no decir algún disparate que lo ponga peor me estaba ahogando.
–Me gustó el video del perrito que subiste al Facebook... –dije, tratando de cambiar de tema.
Levantó una ceja pero no dijo nada. Dio una pitada al cigarrillo y se rascó la oreja. Hablé algunas nimiedades cuando de pronto (no sé si fue una impresión mía) lo vi hacer un ligerísimo puchero; como un chico que quiere demostrar que es valiente y no va a llorar, y se la aguanta todo lo que puede pero se le escapa una mueca cuando nadie lo ve. Dio la última pitada y tiró lejos el cigarrillo.
–Ay Chucho... –dije, acariciándole el pelo.
Cerró los ojos. Le abrí los brazos y me abrazó, hundiendo la cabeza en mi cuello. Suspiró un par de veces y finalmente, en silencio, empezó a llorar. Lo acuné suavemente mientras le rascaba despacito la espalda, como solía hacer con mi sobrinito para que se durmiera la siesta. Le canté en voz muy baja su canción favorita "puedes para toda la vida olvidar que tambien hubo alegrías..." y él me siguió en el estribillo, casi en un susurro. El sol se ocultó y se encendieron las primeras luces de la calle.

Nunca supe si alguna vez hubo amor entre nosotros. Simplemente, estábamos juntos. Porque juntos nos sentíamos fuertes, juntos construíamos un refugio a donde ir cada vez que se desataba con furia esa tormenta de sentimientos no correspondidos que sacude desde el alma y hasta los huesos. Y también sabíamos que, una vez que todo pasara y saliera el arco iris, cada cual seguiría su propio camino.


viernes, 10 de mayo de 2013

Historia del que no creía y la que quería creer

'Couple' by ad7u » Deviantart.com
Algún día, alguien me va a querer así como soy, me va a elegir y se va a quedar conmigo.
–A veces, no sé cómo tratarte Ale, cómo tocarte, cómo hablarte...
Pude ver, aún en la penumbra, su cara de desconcierto mirando al ventilador de techo. Tenía la mano izquierda detrás de la nuca, y con la derecha me abrazaba. Yo me hice un ovillo sobre su pecho. Me acarició y murmuró:
–Me prometí que esto no iba a pasar más, que no me iba a volver a acostar con vos. No sé que hacemos acá.
Yo tenía los ojos cerrados y suspiré antes de contestar.
–Yo tampoco sé. Vine a usar el Wifi porque en casa no anda, y me dijiste que te hiciera compañía porque estabas dormido y... Y bueh, acá estamos.
–Ay Ale, no podemos seguir así.
–¿Por qué? ¿Cuál es tu problema?
–No, no tengo ningún problema. Pero no sé, no quiero que te confundas y pienses que yo quiero algo en serio, porque yo...
–Ay callate, querés.
Dijo un par de incoherencias cuando le sonó el celular y atendió. Era un cliente. Estuvo varios minutos tratando de solucionar el reclamo. Yo me volví de espaldas.
Por fin cortó y se quedó en silencio. Me abrazó por atrás.
–Bonita, siempre tenés la piel tan tibia y suave...
–Chucho, vos siempre tenés los pies fríos.
Nos reímos y entre caricias y mimos nos quedamos semidormidos en esa posición hasta que sonó mi teléfono. No atendí. Pocos minutos después llegó un mensaje de un cliente que me reclamaba unos originales urgente y decidimos poner fin al remoloneo. Nos levantamos y nos vestimos. Puso la radio, tomamos unos mates mientras cada uno se dedicaba a bajar o enviar mensajes en su respectiva notebook. Cerca del mediodía y casi al mismo tiempo, dimos por terminada nuestras tareas. Salimos un rato al balcón y él, encendiendo un cigarrillo, habló:
–Vos sabés que yo no creo más en el amor. Ya no puedo. Tarde o temprano todo termina mal y yo, yo ya estoy viejo para seguir saliendo lastimado. No quiero más eso. Basta.
Yo reí. Le saqué el cigarrillo y le di una pitada antes de contestar.
–¿Y por qué me lo decís a mí, boludo? Soy la única de tu manada de hembras que no se quiere casar con vos. Decime una cosa, Chucho: ¿a qué le tenés miedo?
–No quiero pelear.
–No estoy peleando, pero decime.

No, miedo no. Pero vos...
–¿Yo, qué? De lo que siento o dejo de sentir, me hago cargo. No necesito que nadie piense por mí, ¿ok?
–No entendés. Yo no soy para vos y creo que no te das cuenta de eso.
–Chucho, ¿vos me querés?
Se quedó callado. Dio la última pitada al cigarrillo y lo apagó, luego puso las manos sobre la baranda de hierro, bajando la cabeza, con la mirada perdida en algún punto de la baldosa.
–Bueno, yo sí te quiero. Pero no te confundas. Porque querer y amar son dos cosas diferentes. Te quiero porque desde la primera vez que nos vimos tuve la sensación de estar con alguien que conocía de toda la vida. Siempre que estamos juntos es así, y no estamos juntos muy seguido. Que nos enredemos de vez en cuando en tu cama o la mía tal vez sea un error, ¡qué se yo!   
–Ale, no creo más en el amor. 
–Ya lo sé, no te estoy queriendo convencer de nada, no te quiero cambiar. Te quiero así como sos. Pero dejame que yo quiera creer, porque yo sí quiero creer.
–¿Por qué?
–Porque así soy yo, está en mi naturaleza. Caer y levantarme. Intentar una y otra vez, aunque falle. Porque de tanto intentar alguna vez saldrá bien. Eso de no creer porque no querés que te lastimen es como suicidarse por miedo a morirte atropellado por un auto. Eso es de cobarde. Yo, no seré ni la más linda ni la más inteligente, pero no soy cobarde. Voy a seguir adelante, siempre. Algún día, alguien me va a querer así como soy, me va a elegir y se va a quedar conmigo. No sé si será con vos, no sé si será con otro tipo...
El siguió en silencio, mirando hacia la autopista. El sol brillaba y hacía un poco de calor. Yo seguí hablando más despacio, casi como para mi misma.
–Mamá murió sin haber intentado muchas cosas. Al final, la vida se nos va en pelotudeces y cuando nos damos cuenta, se nos vino la noche y ya no tenemos más oportunidad de nada. 
Me fui para el comedor. Guardé mi notebook en la mochila y me senté con las piernas cruzadas en el sillón. Él entró, se fue al baño y se afeitó. Se puso una camisa de rayas grises y su perfume me recordaba el olor de la tierra mojada. En ese instante (íntimo, cotidiano) desde la radio alguien decía: "Si en este momento pudieras tomarte el tren, hacer algo que te cambie radicalmente la vida, hacer eso que nunca intentaste por miedo, ¿hacia dónde irías? ¿qué harías? ¿te atreverías a patear el tablero?"
Entonces, él me miró.
Yo lo miré y sonreí.


*

martes, 26 de febrero de 2013

Locura de amor

'Amie'by x-FuzZ | Deviantart.com
En la última salida se me planta y me dice que está re enamorada de mí y quiere venirse a vivir conmigo.

Miércoles, casi las once de la noche, suena el teléfono.
–¡Ale! –dice Jorge del otro lado. –Hola, ¡que suerte que te encuentro!
Hola, querido. ¿Qué te anda pasando? –dije yo, distraída mientras me hacía un café.
Necesito que me ayudes con algo urgente. En serio es urgente.
–¿Pero qué pasa? Me estás asustando, George.
–Se acaba de plantar en la puerta de entrada al edificio una mina con la que anduve hace dos semanas. Quiere entrar a verme a toda costa. El portero no la puede echar. Y yo no puedo salir.
–Boludo, llamá a la policía.
–¿Qué?
–Y sí. Ocupación ilegal de zaguán.
–No puedo hacer eso.
–¿Hace cuánto que está ahí?
–Desde ayer a la tarde, llegué de la oficina y cuando la vi que venía desde la otra esquina para acá, cerré la puerta enseguida. Me dijo que iba a esperar ahí todo el tiempo que fuera necesario. Y se quedó toda la noche. Esta mañana de pedo el portero me dijo que no la vio y aproveché para salir, pero al rato volvió. Cuando llegué otra vez, toda una escena. Un Oscar a la mejor actuación dramática.
–¿Y qué le hiciste para que esté así? Si se puede saber.
Resopló. O suspiró. Y luego dijo:
–A ver, salimos, cogimos un par de veces, y en la última salida se me planta y me dice que está re enamorada de mí y quiere venirse a vivir conmigo. Le dije que ni en pedo, yo no quiero saber nada, ¡si apenas la conozco! Me dijo que el poder del amor era más fuerte, y que por amor era capaz de hacer cualquier locura. Y así estamos.
–Y digo yo, ¿por qué no sos hombre y bajás a decirle que se mande a mudar?
–¿Que pretendés, que la cague a gritos y la mande a cucha como si fuese un perro? Además, me ve y llora, se encapricha, se me arrodilla, se me agarra de la pierna. Ya me mandó como treinta emails y dejó otros tantos mensajitos en el messenger. No, boluda, no sabés lo que es. Está para el chaleco.
–Entonces con más razón, bolastristes, llamá a la policía.
–Escuchame, ¿no podés venir a hablar vos con ella? A lo mejor la hacés razonar...
–¿Qué? –y me reí a carcajadas. –Nah, vos estás mal.
–Si no se va de ahí, me voy a tener que quedar encerrado mañana, y pasado, ¡y quien sabe cuánto más!
–Jodete, te pasa por no tener cojones cuando hacen falta.
–En serio, boluda.
–En serio vos, boludo.
–No es cuestión de cojones. ¿Qué hago, la recontraputeo o le meto una piña? No, no soy esa clase de tipo. No quiero hacerle más daño. Pero tampoco puedo razonar con ella. 
Esta vez resoplé yo. Eché una cucharada de café instantáneo en la taza y luego agua caliente despacio, muy despacio.
–Georgie, somos amigos y yo te quiero mucho, pero no como vidrio. La situación está delicada como para que yo intervenga. ¡Mirá si se me viene encima con un cuchillo o tiene un revólver, o algo así! No, ni hablar. Además, mirá la hora que es, mi nena ya está dormida, no puedo irme así como así...
Otra vez el suspiro o resoplido del otro lado del tubo. Eché dos cucharadas de azúcar y revolví lentamente.
–Haceme caso, llama a la cana, y que sea lo que Dios quiera. Pensá que si la loca logra, de alguna forma, entrar al edificio, o se hace campamento en el palier, o te inunda todo el cuarto piso llorando; o peor, te tira la puerta abajo. Ahí sí que vas a estar bien jodido, eh.
–¿Vos decís?
–Nunca subestimes a una mujer despechada.
–Ok, ok. Bueno. Corto y llamo a la cana. ¿Te quedás despierta un rato más?
–Sí, un poco más puedo...
–Porfa, quedate despierta y esperame. Chau.
Cortamos. Me quedé con el teléfono cerca, pensando que llamaría para contarme como fue el desenlace de la historia. Pero una hora y media después suena el timbre de la calle.
Era Jorge. Lo vi por la ventana, parado frente al portón de entrada con un bolso y la jaula del gato.
Estaba algo pálido. Lo hice entrar, le di un café, me contó que en efecto llamó a la policía, que un patrullero apareció a los pocos minutos y se la terminaron llevando. Quien sabe si por cansancio o resignación, la loca de amor puso una resistencia mínima. Luego de eso, él sintió una mezcla de culpa y miedito, y no quiso quedarse solo. Y así fue que se vino a casa con su gato Mozart y ambos se quedaron con nosotras desde ese miércoles de madrugada hasta el domingo a la tarde. Ese día me quedé yo con él en su departamento para que estuviera tranquilo, convenciéndolo que la loca seguramente ya entrado en razón y no volvería a molestar. Cenamos milanesas con ensalada, miramos una peli y después a hacer noni.
Ya acostados los dos en su cama, se abraza a mí y me da un beso en la frente.
–Gracias, amiguita.
El gato trepó y buscó un lugar cómodo al lado mío. Acaricié el lomo del felino y girando un poco la cabeza hacia mi interlocutor, dije en voz baja:
–De nada, zoquete.


martes, 19 de febrero de 2013

Ramón de mi corazón

'Taun 6' by ~remydarling | Deviantart.com
Sí te quiero. Pero no de la forma que vos querés que yo te quiera.

–Soy rara...

–No. No sos rara. Solo estás un poco loca.
Miré a Ramón. Sus ojos verdegrises me miraban fijamente. Esbozó una leve sonrisa.
No sé por qué me enamoré él. Así, sin demasiados preámbulos o razonamientos. No lo planeaba cuando lo conocí. Incluso me causó mucha gracia cuando me dijo que se llamaba Ramón. ¡Don Ramón! Chateamos durante mucho tiempo y nos contábamos todo. Un día acordamos vernos para tomar un café una tarde tranquila de invierno. Hablamos y nos reímos durante un par de horas, y luego esperé que simplemente me dejara en casa. Pero no. Dijo que el día era espléndido para pasear y preguntó si quería dar una vuelta por la costanera. Yo acepté. Llegamos, nos bajamos para caminar un poco y ver el río. En un momento, casi al azar o no tanto, me abraza por la cintura y me besa. Y yo lo abracé y lo besé también. Nos quedamos así toda la tarde, entre besos y mimos, abrazados bajo el tibio sol del veranito de San Juan.
–Y eso, ¿es bueno o malo?
–Depende cómo lo veas.
–Pero te jode.
–No. No me jode.
Tenía algo que me gustaba mucho y al mismo tiempo me enloquecía: se tomaba todo con calma. No corría, no se ponía histérico, no puteaba como desaforado. Por ese motivo peleamos varias veces (en realidad yo peleaba, a él las palabras le entraban por una oreja y le salían por la otra) ya no recuerdo cuántas. Lo mandaba al diablo, lloraba un par de días y semanas después, volvía a hablar con él, y él me contestaba amablemente, sin sarcasmos ni reproches.
–Si no te jode, no entiendo por qué no me querés.
–No dije eso. Sí te quiero. Pero no de la forma que vos querés que yo te quiera.
Pero cada vez que lo miraba a los ojos, la forma que él me miraba a mí, me decían que algo en el fondo lo frenaba, como la cadena frena al perro. Nos veíamos una o dos veces por semana y para mí no era suficiente. Deseaba tanto que la mirada de esos ojos me dieran las buenas noches y fueran también lo primero que viera al despertar. Nunca tuve ese placer.
–Estás saliendo con alguien. ¿No?
–Algo así.
–¿Y hace cuanto?
–Seis meses, creo.
–O sea, que ya salías con ella antes de conocerme a mí.
–Algo así.
A pesar de que lo suponía, no me hizo mucha gracia. Porque en el fondo todas, y yo más que ninguna, queremos la exclusividad. Aunque, debía admirar su sinceridad, algo muy raro entre los hombres de hoy. Me pregunté entonces, qué tendría ella que no tuviera yo para que le diera ese lugar privilegiado en su vida. Y qué tenía yo que no tenía ella para que cada tanto volviera a mis brazos. Otro de los misterios-del-corazón-masculino que nunca nos será revelado.
–Ay ay, Ramón. Ramón de mi corazón. ¿Qué voy a hacer con vos?
–Hacé lo que quieras.
–No sé qué quiero. 
–Yo sí sé...
Y entre besos y caricias, volvimos al juego del amor. Nos resistimos a abandonar la posición horizontal hasta que se hizo de noche. Entre un café e idioteces, estiramos el momento de la despedida. Tal vez porque no nos íbamos a ver durante un largo tiempo: al día siguiente se estaba yendo a Montevideo a trabajar por seis meses. Yo ni en pedo me veía yendo hasta allá para visitarlo. Menos sabiendo que había una novia oficial. Ni hablar. Hay romances que nacen y mueren en la sombra, donde nadie los ve y nadie se entera de nada.
–Cuidate, gordo.
–Vos también.
–¿En serio me querés?
–Claro que sí.
–¿Aunque esté un poco loca?
–Jaja, tonta. Sos buena mina.
Y me dio el último beso.

No hubo duelo después de esa tarde, sino un extraño vacío, como cuando falta un mueble o un cuadro que siempre estuvo en el mismo lugar. Mantuvimos el contacto virtual y hablábamos de absolutamente todo, como en nuestras buenas épocas.
Tiempo después conocí a alguien que me hizo sentir otra vez el cosquilleo del amor, y le conté a Ramón todo vía chat, e incluso le mostré una foto que él y yo nos sacamos en el shopping junto al árbol de Navidad. Dijo, sin rencor ni celos (incluso, imagino yo, que hasta con una sonrisa de ternura en los labios):
–Parece buen pibe. Le tengo fe. Cuidalo.


❤  

jueves, 14 de febrero de 2013

Positivo

'Kiss The Bride' by =Lucanos | Deviantart.com
El fotógrafo alistaba su equipo cuando el novio y los suegros exclamaron: ¿Y la novia? ¿A dónde se fue?

–Alberto Felipe Márquez, ¿aceptas por esposa a Lorea Alejandra Villarreal?
–¡Acepto! –dijo él, sin sacar la vista de los ojos de su futura esposa. Ella sonrió.
–Los declaro marido y mujer.
Ella sintió otra vez esa sensación de vértigo que la venía persiguiendo desde el día anterior. Pero los brazos amorosos de su flamante esposo la sostuvieron.
–Te amo. –susurró él al oído con ternura, y la besó.
Luego, la sesión de fotos con el grupo familiar, los suegros, los amigos, el cortejo infantil, madrinas y padrinos, y parientes varios. Una vez que terminaron, le tocó el turno al vals. Alejandra sentía que con cada vuelta el mundo entero daba vueltas con ella.
–Señora Marquez... –dijo Jorge, tomándola suavemente. Sonrieron para la foto y ella trastablilló.
–Perdonen. Es la emoción, y los tacos, ¡puf! –se disculpó ella.
Jorge cedió su lugar a Toto y de pronto, su esposa lo tironeó del brazo. Se alejaron un poco del lugar y ella le pidió las llaves del auto. "Tengo que ir a buscar una farmacia" dijo ella por toda excusa.
–Qué, ¿vas a comprar algo para la resaca? –dijo éste.
Su esposa no le festejó la broma y antes de irse le dijo seriamente:
–Ocupate de los chicos, por favor.
Y se alejó.
Jorge no entendió nada, pero hizo caso a las órdenes del sargento y se ocupó de sentar a los niños en la mesa preparada exclusivamente para ellos.
Se sirvió el almuerzo y casi media hora después apareció Zara y le devolvió las llaves del auto. Conversó animadamente con los demás comensales, y poco después Nina se acerca y le dice algo al oído. Ella le contesta de la misma forma. En un momento de la sobremesa, ambas se excusan y se retiran de la mesa. La novia apenas había probado la comida, pero devoró doble ración de helado de dulce de leche. La sobremesa siguió hasta que anunciaron la hora del brindis. El fotógrafo alistaba su equipo cuando de pronto el novio y los suegros exclamaron:
–¿Y la novia? ¿A dónde se fue?
Había desaparecido. Notaron que también faltaban Nina y Zara. Jorge y el novio se miraron extrañados, e increparon con la mirada a Lalo.
–¡Les juro que no sé nada! –dijo éste.
–Calma, che. –dijo Miriam, poniéndose de pie. –Ustedes hagan alguna monería para el video. Yo me encargo.
Don Agustín empezó a contar chistes para distraer a todos. Jorge y Alberto siguieron los pasos de Miriam. Ella cruzó el parque y entró al salón. Fue directamente hacia el lugar más obvio donde hallar a una mujer: el baño.
Escucharon un cotorreo de voces nerviosas del otro lado de la puerta. Los dos hombres se miraron, intrigadísimos. ¿Qué pasaba ahí adentro? Jorge apoyó la cabeza en la puerta a ver si escuchaba algo, y de pronto se le pusieron los pelos de punta.
Un grito. Y otros dos más lo siguieron.
Alberto abrió los ojos enormes y sin más, golpeó la puerta.
–¿Alejandra? ¿Qué está pasando? –dijo en voz alta.
Se hizo silencio del otro lado. Alberto insistió:
–¿Me van a contestar? ¡O salen de ahí o tiro la puerta abajo!
–Mi amor... no pasa nada... Dame unos minutos y... –dijo la voz temblorosa de Alejandra.
No terminó de hablar, el sonido de unas arcadas la interrumpió los dejó a todos perplejos. Alberto avanzó para cumplir con su amenaza de tirar la puerta, pero Miriam lo detuvo por el hombro y lo miró seriamente, negando con la cabeza. Jorge entró en acción.
–¿Zara? ¿Está todo bien?
–Sí sí... bueno, ¡mas o menos! –contestó ella desde adentro.
–¿Qué? ¿Cómo que “mas o menos”? –preguntó Alberto, preocupado.
–Cálmense, che. Ya salimos. –sentenció Nina.
Cuando se dieron cuenta, Gabriel, los padres de Alejandra y la mamá de Alberto, Lalo y Deborah estaban detrás de ellos, mirando la escena.
La puerta finalmente se abrió.
Zara salió primero, y caminó hacia su esposo. Alejandra salió, cabizbaja, junto con Nina. Estaba totalmente deslucida, como si se hubiese bajado de una montaña rusa. Además moqueaba y tenía el rimel corrido.
–¿Me vas a decir de una vez por todas qué está pasando? –dijo el novio con los brazos cruzados.
Sin decir absolutamente nada, frente a la mirada ansiosa de todos los que la rodeaban, Alejandra levantó la mano para extenderle algo a su flamante marido.
Era una barrita blanca dentro de una bolsita de celofán. La barrita marcaba dos rayitas de color rojo oscuro. Varios "ooohhh" hicieron eco detrás suyo.
–Tenía dudas... –dijo la pelirroja por toda excusa, con un hilo de voz.
–Pero, ¿qué es esa cosa...? –preguntó él, desorientado y ansioso.
–¡Ay, hombre! –le espetó Miriam, exasperada. –¡Esa cosa es un test de embarazo!
–¡Dio positivo! –dijo Deborah emocionada.
–¡Ay, soy tío otra vez! –exclamó Lalo, con mucho aspaviento.
–¡Felicitaciones, tigre! –dijo Gabriel, dándole una fuerte palmada en la espalda.
Alberto miró atónito a Gabriel y luego a su esposa. Ella asintió con la cabeza, mientras su madre y su suegra la abrazaban y besaban cariñosamente.
De pronto, todos y de común acuerdo se volvieron por donde habían venido y los dejaron solos. Él la tomó de las manos y luego la abrazó con fuerza.
–Ay, mi amor. –dijo ella. –Arruiné nuestra fiesta. Pero no podía esperar. Tenía que saberlo. Perdoname.
–Mi vida. –dijo él, riendo. –¡Qué estás diciendo! No importa la fiesta. Este día no podía ser más feliz para mí. Me casé con la mujer de mis sueños y ahora... Y ahora sé que voy a ser papá. Todo el mismo día. ¡Uf! El que se va a desmayar en cualquier momento soy yo.
Rieron, abrazados y felices. A pesar de las lágrimas, el rímel corrido y los mocos, él la vio más linda que nunca, y la besó.
Escucharon los pasos de Miriam y Lalo con la maquilladora, listos para adecentar a la novia para las fotos. Alberto se alejó y volvió a la fiesta y su suegro le dio una copita de licor para que recuperara la compostura.
Después de ese contratiempo, la fiesta siguió hasta el atardecer, momento en el que tuvieron que ponerle fin por algunos inconvenientes. Toto se dobló un tobillo queriendo hacer un paso de baile a lo "Dirty Dancing" y lo tuvieron que llevar a la guardia de kinesiología inmediatamente. Jorge, al tratar de rescatar un juguete caído en la piscina, lo empujaron al agua sus propios hijos. Lalo se sentó sin querer sobre una porción de torta olvidada en su silla, y anduvo un buen rato con un cacho de crema y merengue en el traste. Nina encontró bajo su copa un papelito con el número de celular del fotógrafo; ni lerda ni perezosa le envió enseguida un mensaje con foto adjunta de su puño con dedo mayor levantado. Alberto había tomado tanto licor que se agarró un pedo fenomenal. Sabrina, la hija de Alejandra, al saber la noticia, se largó a llorar a moco tendido y no se separaba de su madre. La novia volvió a comer doble ración de helado y tres porciones de torta, frenó cuando se dio cuenta que el vestido se le descosió varios centímetros por la cintura.

Fue, sin duda, la mejor fiesta de casamiento que habían tenido en años.


Post relacionado: Caminos diferentes (2012)

jueves, 7 de febrero de 2013

Sorpresa en el probador

010810 by kristianna11 | Deviantart.com
 "¡Ah no! ¡Esto no se queda así, eh!" grité de nuevo y me metí de vuelta en el probador.

–Che Nina, –digo yo, durante la conversación a la hora del mate.– ¿me acompañás mañana al shopping? Voy a salir el sábado y quiero chusmear que hay de nuevo en Rosé.
–A ese lugar no voy ni loca, boluda. –dijo ella. Sorbió el mate y me lo devolvió.
–Dale nena, vamos. Si te gusta algo te lo compro yo con la tarjeta, no seas tonta.
–No es por la guita...
–Bueh. ¿Qué? ¿Te declararon persona no grata?
–Algo así.
Casi me atraganto con la galletita.
–¿Eh? Nah, me estás jodiendo.
–En serio, a ese lugar no puedo volver aunque estén regalando las pilchas.
–Pero, ¿qué te pasó? ¿qué hiciste, se puede saber?
Se pasó la mano por la cara. Rió, nerviosa y poniendo las dos manos sobre la mesita de la cocina, empezó su relato:
–Te acordás, que hace tres semanas conocí chateando a un tal Nicolás. Bueno, qué se yo, todo bien, lo de siempre. Salimos, hubo onda, se dio de irnos a un telo, la pasamos bien. Vino a casa un par de veces, se quedó un rato a coger y se fue. Después, lo invité a ver si quería ir al teatro, que me habían regalado entradas, me dijo que no, que iba a cenar con la hija. Otro día lo vuelvo a llamar para salir, tenía que acompañar a la hija a una fiesta. 
–Bueno, es un buen padre...
–Sí pero escuchame, la piba no es una nena, tiene veintitrés años, podía tomarse un bondi de vez en cuando. Además, de repente me cancelaba todas las salidas de noche, y si venía, estaba de tal hora a tal hora y rajaba. ¿En qué mierda andaba?, pensé yo. Cuando le dije que me presentara a la hija así nos conocíamos, me dijo que no, que era muy rápido, que sarasa sarasa. Es más, supuestamente vivía solo pero a la casa no me quiso llevar nunca. Y bueno, ¿viste cuando algo no te cierra?
–Sí, la intuición que hace sonar la alarma. ¿Que hiciste?
–Bueno, de casualidad me aparece en el Foursquare que hizo el checkin en el local de Rosé. Y como estaba cerca, me mandé. Supuse que estaba con la hija porque, ¿que mierda va a hacer un hombre en un local de ropa para minas?
–¿Comprarse unos leggins, no?
–Cuando entré lo vi de espaldas con una rubia. Agarré un par de vestidos y me metí al probador.  Por esas putísimas casualidades la pendeja entra al probador de al lado. Yo me puse el vestido, dispuesta a darle una sorpresa y decirles "oooh, que casualidad", y... –se rió, tomó un sorbo de mate y continuó. –Y de repente escucho que la piba sale y dice "mirá papi, ¿me queda bien, no?" con esa típica voz de minita estúpida. Bueh, abro la cortina así, bien teatral y de pronto...
–¿Y de pronto?
–Se están besando en la boca, boluda...
Otra vez casi me atraganto.
–¿Quéee?
–¡Sí! Yo me quedo mirando. Las vendedoras me miraban. Y él, de pronto se dio cuenta que yo estaba ahí mirándolo. Se quedó con esa cara de infeliz, y entonces la pendeja se dio vuelta. Ahí me cayó la ficha: esa mina no es la hija ni por putas, era otra de la colección, como yo y andá a saber cuántas más. Yo ya parecía Chuck Norris a punto de cagar a tiros a todo el mundo, y grité "Nico, ¿qué estás haciendo?". La pendeja lo mira y él con su mejor cara de yonofui, se encoje de hombros y dice que no me conoce. Y ella, tarada pero no tanto, le dice "pará, a ella la tenés en tu Facebook, me dijiste que era tu ex novia del secundario". "¡Ah, no! ¡Esto no se queda así, eh!" grité y me metí de vuelta en el probador, me saqué el vestido a los tirones, me vestí como pude y salí con las pilchas en la mano. Se las revoleé en la cara a la vendedora, a la pendeja la saqué del medio de un empujón y a él, le metí una reverenda piña en la jeta. ¡Mirá cómo habrá sido que se cayó de culo al piso! Hubo gritos, sustos, puteadas, vino la encargada, vino el tipo de vigilancia. Las otras minas que estaban en el local se empezaron a cagar de risa y sacaban fotos. El quia, al ver los flashes, se puso histérico. Antes que me llevaran presa por alterar el orden, imaginate, salí pitando del lugar del crimen. Con un poco de investigación fina, que por tarada no hice en su momento, me enteré que era otro típico caso de marido aburrido que anda picoteando por todos lados. Y que tiene una hija era verdad, pero vive en Miami. Pero, ¿una qué sabe? Entonces, con el verso de padre que tiene una excelente relación con su hija y la acompaña a todos lados porque es un papá cuida, tenía la coartada perfecta que nos dejaba a todas con la boca cerrada sin lugar a sospechas. La tenía bien estudiada el turro.
–Ay Nina, yo hubiese pagado por ver el espectáculo de la trompada.
Ella se ríe, saca el celular de su bolsillo y me muestra algunas fotos que consiguió o le pasaron las otras chicas presentes durante el momento del show. Nos reímos un buen rato.
–¡Qué sinvergüenza! –digo yo, devolviéndole el teléfono.– No se puede confiar en nadie. Conocés a un tipo y tenés que andar como el FBI investigando todo, a ver si te estás metiendo en un quilombo. 
–Y te digo, que no me jode que sea casado, eh. Me jode que no tenga huevos. Eso me jode. 
–Omnis homo mendax (*). –digo yo con gesto teatral, tomando el último mate.
Nina asiente y sonríe, pero creo que es porque no entendió ni jota eso que dije.


(*) en latín, "todo hombre es mentiroso".

lunes, 4 de febrero de 2013

El método infalible

'Where is my drier?' by sliwka91 | Deviantart.com
Me pasó otras veces con otros tipos, y con todos apliqué el mismo método. Funcionar, funciona. 

–Ah no... Me quiero matar, darling. –me dice Lalo, con cierto temblor en la voz, mientras me pasa nerviosamente el cepillo por el pelo y me mira a través del espejo.
–¿Que pasa? –pregunto, extrañada ante tan repentino cambio de humor.
No hizo falta explicar mucho. Una mujer alta, de pelo largo rubio y cuidado maquillaje, transita el pasillo con la mirada fija y una enorme sonrisa. Al caminar, taconea de tal forma que a su paso todos frenan, se corren, sacan los pies.
La dama en cuestión abraza efusivamente por el cuello a Lalo, le da un beso muy cercano a la boca y le dice que lo espera para que la atienda. Éste la mira como si viniera una granizada.
–¿Qué onda con la Graciela Alfano? –dije yo entre risas.
–No te rías, boluda; esa mina está atrás mío y no me deja en paz, no la soporto.
–Pero, ¿sabe que vos...?
–Sí, sabe que soy puto. Pero se le metió en la cabeza que me quiere voltear para enderezarme las ideas.
–Uh, medio obsesiva.
–Sí, si la mirás con un solo ojo. Estaba casada con un empresario, se divorció, le ganó un juicio millonario y ahora se dedica a vivir la vida. Y así como la ves, mami, está aburrida y necesita un juguete.
–¿Y dónde la conociste?
–La recomendó una clienta que viene siempre. Pero apenas vino, me vio, y a los diez minutos ya me estaba invitando a cenar a la casa, que me pasaba a buscar en el auto y yo que sé. Obvio le agradecí pero le dije que no. Después volvió, y siempre volvía a la carga hasta que le dije, mirá no sé qué querés conmigo pero yo soy gay. Se ríe y me contesta: "ay tontito, eso porque nunca conociste una mujer de verdad como yo; probame y vas a ver la diferencia".
Yo me empecé a reír a carcajadas y miraba de reojo a la señora en cuestión, a la que ahora le estaban lavando el pelo.
–¿Cuántos años tiene?
–Cuarenta y tres. Posta, Deborah le vio la cédula cuando pagó con la tarjeta.
A Deborah, la hermana mayor de Lalo y administradora del negocio familiar, no se le escapa ningún detalle.
Tenía que admitir que estaba impecablemente cuidada para la edad que tenía. Se notaba que pasaba varias horas al día en el gimnasio, que se había operado las lolas e incluso colágeno en la boca. La típica "dama" rubia y liberal, le faltaba el perrito faldero.
–Yo no quiero ser grosero, viste, –continuó hablando Lalo, mientras hacía sonar las tijeras en mi nuca. –pero no sé cómo sacármela de encima. Es pesada como mosca de verano. La típica mina que no acepta un "no" como respuesta y cree que todo tiene un precio. Yo no me vendo, ¡no soy un peceto, che!
Luego de una pausa, dije:
–¿Sabés qué, Lalo? Tendrías que darle bola.
–¿Qué? ¡Nah! –dijo, mirándome a través del espejo con los ojos enormes.
–Sí, papucho. Dale bola. Decile que sí, andá a cenar a la casa, andá que te compre pilchas en el shopping, que te lleve a Mardel el fin de semana. Disfrutá la joda. Cuando vea que no se te para porque sos puto y no hay vuelta que darle, se va a cansar y va a apuntar para otro lado.
–¡Eso sería como regalarme! Y no, my dear, no, tengo mi orgullo.
–Probá el método de darle bola. A mí, me dio resultado... –dije, encogiéndome de hombros.
–¿Qué? ¿Con quién? ¡Contame ya!
–Con un conocido de mi ex, que tenía una agencia de publicidad. Nos cruzamos de casualidad en un evento. Era re simpático y yo, como una boluda le di mi tarjeta, y no paraba de tirarme los perros. Me mandaba flores a la oficina, me llamaba a cada rato, me mandaba mails. Yo todo bien, el tipo no era feo pero no sé, viste, no era mi onda, ¿entendés? Un día alguien me dijo, "si querés que un tipo te deje de acosar, acostate con él y santo remedio". Así que, le acepté la cena, le acepté los tragos, y a la hora de los bifes la cosa no anduvo...
–¡No me digas!
–Y sí. Me lo veía venir. Cuando tenés todo lo que querés así tan fácil, ¿qué te queda? Nada. Te compraste el kilo de matambre y te diste cuenta que no tenías hambre. Y fue tal cual eh, nunca más jodió, dejó de llamar, dejó de mandar mensajes. Nos cruzamos en otros eventos pero ya me saludaba como a una colega de trabajo y nada más. Me pasó otras veces con otros tipos, y con todos apliqué el mismo método. Es infalible. Funcionar, funciona. 
Lalo se quedó pensativo mientras retocaba la parte delantera. Me secó, me puso un poco de gel, me moldeó el corte y luego dijo:
–Si decís que funciona, yo pruebo. Total, nothing to loose. 
–¡Ése es mi tigre!
Ni bien me levanté del sillón, la dama lo ocupó sin perder un solo segundo. Me despedí de Lalo, que me miró con un leve gesto de resignación. Dio media vuelta y puso su mejor onda para atender a la diva, emocionada como una jovencita a punto de probarse el vestido de quince.

Una semana después, recibo un llamado en la oficina a primera hora:
–Tenías razón, bruja. –dijo Lalo, emocionado. –Salimos durante la semana y cuando vio que la cosa no iba ni p'adelante ni p'atrás, se resignó como una lady y dijo que lo nuestro era imposible. Pero me contó Deborah que hoy la vio revolotear atrás del profesor de Yoga del gym. ¡Puf!
–Viste. El que sabe, sabe...
–Y el que no, es estilista. Sos una genia, I love you, darling.


domingo, 27 de enero de 2013

La caballerosidad ante todo

'Gentleman Caller' by BurlapZack | Deviantart.com
Para llegar al corazón de una chica en la primera cita no hacen falta flores ni chocolates ni restaurantes caros

Si hay algo que los hombres deberían considerar muy seriamente en una primera cita no es la pilcha ni el perfume ni la billetera: es la caballerosidad. Así es, muchachos. La caballerosidad ante todo. Que te haya aceptado la salida es apenas una mínima parte de tu éxito, sea cual sea tu intención con la señorita. De la misma forma que un tigre no se hace manso con solo tirarle un churrasco, con las mujeres pasa algo parecido; claro, a menos que ella esté visiblemente en liquidación por cierre, así que de ésas no voy a hablar porque es obvio. Hablo de las chicas que valen la pena. La cosa hay que trabajarla a fuego lento y aquí el galanteo, la simpatía y el intercambio son fundamentales.

Me acuerdo de haber salido una vez con alguien que no conocía personalmente. Sí nos habíamos visto en fotos y habíamos chateado muchas horas. Era licenciado en no se qué de literatura y además escribía, por lo tanto amaba los libros, y alguien que ama los libros no puede ser tan malo, ni mucho menos aburrido. Nos citamos en una librería en Recoleta y curiosamente ese día yo fui puntual y lo había esperado casi veinte minutos, merodeando la isla de libros de filosofía y esas yerbas. Él llegó, me vio con un libro de Noam Chomsky en la mano y empezó a hacer una crítica al trabajo del mencionado, hasta que en un momento corté el monólogo en seco y dije:
–¿No me vas a saludar con un "hola", como todo el mundo?
Se quedó sorprendido. Llegó y ni siquiera unas palabras amables tales como "uf me demoré, disculpame / que linda estás / ¿esperaste mucho?". En fin.
Caminamos un par de cuadras por la vereda del cementerio hasta un café tranquilo. Él hablaba de no me acuerdo qué, e iba caminado al menos tres o cuatro pasos delante mío. Largué la segunda estocada:
–¿Te molesta si caminamos juntos? Es sábado, ¿cuál es el apuro?
Otra vez puso cara de circunstancias, como si le hubiese dado un cachetazo, y caminamos en absoluto silencio hasta que llegamos a un lugar que nos pareció lindo. Nos sentamos en las mesas de afuera porque la noche estaba fresca pero agradable. Luego que nos trajeran el pedido, intercambiamos algunas palabras. No preguntó a qué me dedicaba ni de qué signo era, ni nada que lo aproxime a conocer algo de mi persona. No. Empezó a hablar algunas incongruencias al principio y luego contó una historia de la cual sólo cazé un treinta por ciento, debido a que su tono de voz monocorde era difícil de seguir auditivamente, y para colmo en la mesa de al lado había un grupo de personas que hablaban en tono alto y demasiado claro. Y sí, lo que se hablaba en la mesa de al lado era mucho más entretenido.
Miré el reloj. Nos citamos a las 23 hs, él llegó 20 minutos tarde, ya son casi las 2 de la mañana y este tipo no paraba de hablar... Bostecé y dije:
–Sabés, creo que me voy yendo a casa, me duele la cabeza.
Y ni bien termino de decir eso, se me lanza encima como una fiera y pretende darme un beso.
–¿Qué hacés? –le digo.
–¿No te gusta que te besen?
–Me encanta. Pero no así.
–¿No dijiste que yo te gustaba?
–Sí, lo que no me gusta es tu actitud.

Me puse de pie y empezamos a caminar hacia la avenida. Otra vez, el señor iba varios pasos delante mío. En la esquina de Las Heras y Callao se me planta y me dice qué fue lo que me cayó mal de él.
¡Que pregunta!
Y empecé a enumerar:
–Llegaste tarde y te pusiste a dar una clase de semiótica sin siquiera haberme saludado antes. Tenés la camisa arrugada y los puños sucios. Caminás delante mío y no te fijás si estoy o me pisó un bondi. Hablás sin que te importe si la otra persona también estaba hablando o si al menos te está escuchando. No preguntaste por cortesía absolutamente nada sobre mí. Y para rematar, te me tiraste encima sin ninguna delicadeza o galanteo previo.
–¡Ah, bueno! ¿Algo más?
–Sí. Te comés las uñas. ¡Yuhg!

Se sintió ofendidísimo, dijo un par de estupideces inteligibles, dio media vuelta y se fue. Me dejó ahí parada en la esquina, dos y media de la madrugada. La hubiese remontado un poquitito con un "bueno todo bien, te llevo a tu casa en taxi" o al menos el económico "te acompaño hasta la parada del bondi".
Nada.
Me reí, me puse los auriculares y decidí caminar Callao cuesta abajo, para respirar aire fresco y aliviar el dolor de cabeza. Además, era una noche hermosa como para desperdiciarla así. Pasé por una heladería y me compré una barrita cubierta de chocolate que me terminó de alegrar el paseo.
Llegué a casa y le di una última mirada a mi Facebook. El susodicho, ni lerdo ni perezoso, desapareció de mi lista de amigos e incluso me bloqueó. Que bueno, me ahorró el trabajo.

Ahora saben, señores, que para llegar al corazón de una chica en la primera cita no hacen falta flores ni chocolates ni restaurantes caros. Empiecen por usar ropa limpia, ser educados, ubicados y galantes.

Y no se coman las uñas.

:·:

viernes, 18 de enero de 2013

Diálogo entre Ella y Él

'it's not your cup of tea' by ~lostinnebula | Deviantart.com
Antes convidame una aspirina así se me pasa el dolor de cabeza... Tenés, ¿no?

Escena: Ella está aburrida y lo llama a Él. Él casualmente está solo y la invita a visitarlo.

El: Que bueno que viniste, ¿tardó mucho el bondi?
Ella: Y sí, un poco. Lástima que no me fuiste a buscar.
Él: Tengo el auto en el taller
Ella: Hace dos meses que está en el taller...
Él: Sí bueno, es algo del motor, medio complicado por el tema de repuestos.
Ella: (sentándose en el sillón) Uf, ¡qué calor! ¿Tomamos una cervecita?
Él: Ehmm, no tengo, se acabó...
Ella: Bueno, ok... Pero preservativos tenés, ¿no?
Él: (desperezándose) Uh no, sabés, no compré, me olvido.
Ella: Bueh, no importa, yo siempre tengo en la cartera.
Él: ¿Siempre?
Ella: Y sí, hay que estar preparada, nunca se sabe lo que puede pasar.
Él: (cara de winner) Vamos a mi pieza.
Ella: No esperá, antes convidame una aspirina así se me pasa el dolor de cabeza.
Él: (cara de sorpresa) Ah...
Ella: Tenés, ¿no?
Él: No.
Ella: Bueno, ¿un cigarrillo?
Él: No, tampoco. Se me terminaron hace una hora.
Ella: (con fastidio) Sabés, mejor me voy a casa.
Él: ¿En serio?
Ella: Sí, en serio. ¿Bajás a abrir?
Él: Fijate si está el portero, me da fiaca bajar.
Ella: ¡Oookk! ¡Chau!
Él: Chau, me... ¿me mandás un mensajito si andás por acá otro día? ¿Así nos vemos?
Ella: (con sarcasmo) ¡Sí, claro!

Pensamiento de ella: ¡Que rata por dió! ¡Nunca más algo con este pelotudo!

Pensamiento de él: Se hace la difícil pero está muerta conmigo, jeje

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia... o tal vez no.

:·: