domingo, 30 de diciembre de 2012

Entre dos fuegos

'Together' by ~ANiMEAddiCt4EVA | Deviantart.com
A su vez, estos dos pajaritos son amigos entre sí, e ignoran que salís con ambos...

–Lalo, esto no es normal... ¡Me voy a volver loca! –dijo Alejandra, de ligero mal humor, y luego dio una fenomenal mordida a su medialuna de manteca. Lalo, por su parte, echaba un sobre de azúcar al capuccino y revolvía tranquilamente.
–Bueno mami, vos tranquila. –dijo él, con su característico tono suave de amigo gay. –A ver, Toto es tu amigo, Jorge es tu amigo. A su vez, estos dos pajaritos son amigos entre sí, e ignoran que salís con ambos...
–¿Te das cuenta? No podía haber sido más bizarra la situación. Soy una flor de boluda.
–¿Pero que onda con Toto, nena? Nunca terminé de entender de qué la juega en tu vida ese tipo.
–Mirá Lalo, a mí ese chabón me compró con la mirada. Sí, con la mirada solamente. Bailamos, hablamos, después salimos, y esa mirada de perrito sin dueño me desarmó por completo. En el fondo, es como un chico perdido. Yo me siento igual que él a veces. Como rara, perdida, dispersa. Su angustia es mi angustia, su fuerza es mi fuerza, su alegría es mi alegría. ¡Es como si estuviésemos unidos, de alguna forma por un lazo invisible!
–¿Y te llama? ¿Te manda mensajitos? ¿Se preocupa por vos?
–No, nada de nada. Si yo no le hablo, él no me habla ni me llama.
Alejandra se comió la segunda medialuna con la misma ansiedad que la primera.
–Ah, pero es un pelotudo importante. Mandalo a cagar, ¿de que te sirve un flaco así?
–Es que en cierto punto, me gusta que las cosas sean así. Pero también me duele que sean así. No puedo vivir con eso y no puedo vivir sin eso. Siento como una tristeza que sé que no es mía, pero me la tengo que fumar igual.
Lalo sorbió su capuccino y la miró con los ojos muy abiertos. Luego exclamó:
–Te juro que no lo entiendo, nena.
–Yo tampoco.
–Y por el otro lado tenemos a Jorgito.
–Así es. Vos ya lo conocés, es un amor de persona, es educado, atento, prolijito, impecable. ¡el hombre perfecto!
–Pero... –dijo Lalo, recalcando las vocales.
–Pero no quiero enamorarme de él.
–Entonces, ordenemos las cosas Ale. –sorbió el último trago de su capuccino y luego apartó la taza. –Vos no tenés obligación de salvar a Toto de sus angustias y problemas. Vive en su burbuja y no te permite entrar pero quiere que estés del lado de afuera para no sentirse solo. ¿Sabés hasta cuando? Hasta que encuentre otra minita que le quepa. Sí, mi amor. Los putañeros son así, perdoname que te lo diga. Es como un nene desprotegido pero déspota al mismo tiempo, y como sabe que esa miradita tierna surte el mismo efecto en todas las mujeres, usará esa arma para tener a todas las que pueda alrededor suyo, ¿entendés? Además, ¡es un forro! Debería estar agradecido que una mujer linda e inteligente como vos le da bola. 
–Últimamente no hace otra cosa que llenar su Facebook de minitas. Siento como que él mismo está saboteando todo lo bueno que yo le doy.
–¿Y lo querés?
–Lo quiero. Pero no lo amo. No me puedo enamorar de eso.
–Y Jorgito, es el némesis de Toto. Después de todo lo que pasó, creo que es hasta justificable que esté tan apegado a vos. Él realmente te aprecia en todas tus dimensiones. No es por nada mamucha, pero si yo tuviera que tomar partido, me quedo con Jorge.
–No se trata de decidir quién es el mejor partido. Yo también quiero a Jorge, lo adoro, pero no me quiero enamorar. No puedo enamorarme. ¿Sabés por qué? Porque no lo puedo salvar de su depresión. No sería amor, sería una droga. Yo no puedo reemplazar a la mujer que perdió. Si lo salvo, voy a estar obligada a salvarlo por el resto de mi vida, y no sé si puedo cargar con esa responsabilidad, ¿y si todo se va al carajo? ¡Se pega un tiro! 
Alejandra sorbió el resto de su café con leche. Lalo se comió la tercera medialuna que su amiga dejó intacta y se quedaron en silencio unos segundos. Luego, él habló:
–¡Ah! Te digo por experiencia, no hay nada más feo que quedar entre dos fuegos. Una vez me pasó, con un vecinito que estudiaba abogacía y un profesor de la academia. Al principio me gustó tener la atención de los dos, era excitante, ¡pura adrenalina! Pero después me atacó la culpa, empezaron a celarme, a controlarme, y cuando vi que las cosas se me iban de las manos, tuve que dejarlos a ambos. Te digo, que si estos dos, si por esas putas casualidades se enteran que andás con uno y otro, largar no te van a largar, pero son capaces de agarrarse a piñas.
–¡Ay no, ni lo digas! Al final, yo no creo en el amor y sin embargo, el amor me persigue. ¿Por qué es todo tan difícil, che? 
–Porque el amor es un malentendido. Porque siempre te enamorás del que no te ama y te ama el que no podés ni ver.
–Es así. Que verga...
Se descostillaron de risa y luego Alejandra llamó al mozo. Pagó la cuenta, salieron del Shopping y se alejaron por la avenida caminando despacio, tomados del brazo, como dos viejas comadres que se han puesto al día con los chismes.


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viernes, 7 de diciembre de 2012

Historia del que volvió con un ramo de fresias rojas

'_303' by Hp1 | Deviantart.com
 El chorro de agua fue lo suficientemente fuerte como para regarlo de arriba a abajo en pocos segundos.

Sonó el portero eléctrico. Corrí a atender.
–Hola, ¿quién es?
–Hola querida, –contesta don Bruno, el encargado del edificio.– alguien acá te busca.
–¿Y quien es? –pregunto.
Luego de una breve pausa, me contesta:
–Dice que quiere darle una sorpresa.
¡Bueh! Me cago en la gente y sus misterios.
–Ok, ahora bajo, gracias.
Salí al balcón para mirar y ver quién era esa persona misteriosa que me quería sorprender. No se podía ver un catzo. "Será posible..." pensaba yo mientras bajaba por las escaleras. ¿Quién podía ser a las ocho y media de la mañana de un sábado?
Salgo al patio de entrada. Don Bruno estaba limpiando la vereda con la maguera. Abro el portón y me asomo. A la izquierda, al lado de la perfumería, lo veo parado con un ramito de fresias.
Era Mike.
¿Pero qué carajos...? Mi cara debió haber sido de antología. Hubiese pagado para que alguien me retratara en ese instante.
Él sonrió, miró con esos ojos de perrito que se acaba de orinar en el sofá nuevo. Avanzó despacio hacia mí, porque yo no me podía ni mover y dijo "¡Hola!" con su típica tonada alemanosa.
–Che, que... ¡Qué sorpresa! ¿Qué te pasó? ¿Te deportaron? –alcancé a decir. Estaba nerviosa.
–No, me tomé unos días de vacaciones y vine...
–¡Vos sí que tenés suerte! Y tu novia, ¿sabe que viniste hasta acá?
–No hablemos de eso. –dijo, y la sonrisa se le cayó un par de milímetros, señal de que había dado un golpe bajo. Genial.
–Que cagada si se entera, eh. ¡Dormís en la calle! –continué, metiendo púa al asunto.
–¿Qué...? Bueno, ya, no seas agresiva. Vine a verte. Te... te traje flores. –y me extendió el ramito que llevaba en la mano.
–El rojo es tu color favorito. Me hubieras traído de mi color favorito al menos.
–Ya, te gusta pelear, eh. Todavía estás enojada...
Ah no... Hice explosión. El Krakatoa, un poroto.
–¡Por supuesto que sigo enojada! ¿Qué te creés, pelmazo? ¿Qué después de haberme mentido tan descaradamente podés venir acá así como si nada? ¿A qué? Decime, ¿a qué viniste?
Miró incómodo hacia los cuatro costados antes de contestar.
–¡Calma! Vine a saludarte. Quería verte, saber que estás bien... –dijo, pero con cierta incomodidad.
–Bueno, ya ves, estoy bárbaro, ¡fenómeno! Y no gracias a vos, cretino.
Miró como si no hubiese entendido la mitad de las palabras. No me extrañaba: siempre le costó horrores comprender el léxico porteño. Se rascó el cuello, como si la camisa le molestara, y siguió hablando.
–Yo, he pensado mucho en tí, lo que pasó y... No fui bueno contigo, sabes. No estuvo bien lo que hice. Te lastimé mucho, no lo merecías, siempre fuiste buena y generosa conmigo. Te quise, todavía te quiero. ¿Me perdonarás? –dijo, bajando la cabeza.
Será posible, todavía hay giles que creen que ese discurso pedorro funciona...
Levanté las cejas. Esto era el colmo de los colmos. Si lo cuento, no me lo cree ni mi madre. Mi ex novio, que me convenció que venía desde Alemania exclusivamente a conocerme a mí y al que más tarde pesqué haciendo el mismo verso a otras candidatas (una suerte de casting), ahora dice que me quiere y me pide perdón...
–Y decime, ¿por qué debería yo perdonarte?
–Porque, porque eres una mujer buena, compasiva, y muy fuerte. Sé que podremos volver a empezar, sin mentiras... Tu eres importante para mí, muy importante.
Me crucé de brazos. Recordé por un instante los momentos que pasamos juntos, todas las cosas hermosas que había sentido por él, todas las palabras que me hicieron sentir la más afortunada del planeta.
Solté un suspiro.
–¡Ah! Mike... mi hermoso... –dije yo. Y sonreí con mi mejor sonrisa.
Caminé hacia él. Él me abrió los brazos contento. Me desvié rápidamente hacia la derecha y agarré la manguera con la que Don Bruno estaba lavando la vereda. El chorro de agua fue lo suficientemente fuerte para regarlo de arriba a abajo en pocos segundos. El quía manoteaba al aire como si se estuviese ahogando, ¡mariconazo! Seguro le mojé hasta los calzones.
Estaba para subir ese gag a YouTube. Que lástima que nadie estaba filmando la escena, lo tiró.
Tiré la manguera a un costado y le dije, con la voz más dulce que me pudo salir en ese momento:
–Sí, mi amor, ¡te perdono! Pero no quiero verte nunca más por acá ni saber nada de vos, porque la próxima te revoleo el macetero, y son cuatro pisos para abajo. ¿Entendiste?
Masculló algo en su idioma, unas cuantas puteadas seguramente, y se fue. Iba dejando una estela mojada en la vereda a medida que se alejaba en dirección a la Av. Independencia. Los pocos transeúntes que había, lo miraban extrañados o jocosos. Bonito espectáculo.
Yo me reía. Me reía como loca. Por fin, la herida estaba cerrada por completo y las puertas del pasado cerradas con doble llave.
–Querida, tu amiguito te dejó las flores en la vereda. –dijo don Bruno y me tendió el ramito de fresias.
Las miré. Eran bonitas. Lo que se regala con amor no se puede despreciar. Las agarré, le agradecí al encargado la gentileza, todavía riéndome a carcajada limpia, y subí al departamento.
A pesar del incidente, Mike continuó escribiéndome cortas y esporádicas misivas electrónicas, posiblemente porque tenía demasiado tiempo libre, o quizá toneladas de culpa encima. Me seguía a través de la red en todo lo que hacía. Un día se cansó y dejó de golpear la puerta. Se convenció de que había perdido toda oportunidad con esta mina jodida.

–... Y esa es la historia de estas fresias, amor. –dije, mirando a mi nieta preadolescente. –Guardé un ramito porque en el fondo seguía siendo una chica romántica y quería conservar el recuerdo de ese momento tan... particular. Y mirá lo bien que se han conservado, ¿eh? después de casi treinta y cinco años.
Ella las miró fascinada y las tocó con la punta de sus dedo índice, como queriendo ver ella también el recuerdo que encerraban. Cerré delicadamente el libro y lo puse en su lugar.
–Esa sí que es la historia de amor más graciosa de todas, abue. ¡Eras tremenda! –me dice, con una sonrisa pícara.
Yo le acomodo un mechón de pelo y le beso la frente. Sí, fui tremenda. Al día de hoy no me arrepiento.

La vida es una sola y está para vivirla; yo la viví tan intensamente que no creo me haga falta otra vida para saldar asuntos pendientes.


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martes, 4 de diciembre de 2012

Hablé con Jesús (VI)

'Loser' by XbrutalRomancex | Deviantart.com
El pez por la boca muere. No tengo remedio, se termina el año y sigo igual que cuando empezó.
–Jesús, no sé que hacer, esta vez la pifié fulero, pero fulero mal... ¡Le dije Jorge a Marcos! –confesé desesperada.
Me miró serio y levantó una ceja por encima de los lentes.
–¿Y cómo pasó eso? –preguntó con su característica tranquilidad.
–En el peor momento pasó. Después de acabar, todavía estaba en sus brazos cuando me salió así, decirle "Jorge"... pero me salió solo, eh. No estaba borracha, no tomé nada raro. Lo más feo fue su mirada acusadora. Estaba sorprendido, como si le hubiese metido un sopapo. "¿Jorge? ¿Quién es Jorge?" dijo en voz bajita, tranquilo aunque en el fondo estaba recaliente. Se le notaba. Bueno, me pongo en su lugar y me imagino, si un tipo me dice Marisa o Julieta, ¿pero sabés cómo lo emboco?
Hice una pausa. Suspiré y me acomodé el pelo. Dibujé una línea imaginaria en el escritorio de Jesús y continué:
–Lo primero que se me ocurrió fue hacerme la boluda. No sabía qué decirle. Lo peor de todo fue que yo también me puse a pensar por qué carajo le dije...
–Jorge se llama ese amigo tuyo.
–Sí, sí. Pero él y Marcos son las antípodas. Jorge es rubio de ojos claros, flacucho y pálido como muerto. Marcos tiene el pelo enrulado y los ojos oscuros, lindo colorcito de piel, lindo tono muscular, pellizcable. Y en la espalda tiene tatuado un San Jorge y el Dragón, ¿podés creer? Vi eso y aluciné. ¡Wau! Nunca estuve con alguien que tuviese un tatuaje. Debe ser porque siempre salgo con jovatos marmotas que te dicen vivir la vida al límite y capaz que se la creen porque chamuyan varias minas al mismo tiempo por Facebook, usan dos aritos en la misma oreja y capaz hasta saltan del bondi cinco segundos antes que frene. Uh, ¡cuánta rebeldía! 
Jesús sonrió. Yo también me tuve que reír.
–Sabés una cosa, mi mamá dice que cuando dos personas se están pensando al mismo tiempo, les sale decir sus nombres. ¿Será verdad? Porque te juro que yo no estaba pensando en Jorge, eh. Bueno creo. No sé, ¿el tatuaje tendrá algo que ver? El San Jorge, por ahí lo relacioné... Digo. Bah qué se yo, medio traído de los pelos eso... A ver, me acuerdo había hablado temprano por teléfono con él y me dijo que si yo ya tenía planes para salir, él se iba de joda con otra minita. Yo me reí y le dije, hacé lo que quieras, no me tenés que pedir permiso. Y además, ¿qué me importa?
Jesús sonrió. Dio vuelta un par de hojas de su cuaderno y dijo:
–¿Estás segura que no te importa?
–Absolutamente. ¡Mirá, si esperaba darme celos con ese truco gastado, se va a morir de viejo esperando! ¡Já!
Hice un corto silencio. Me pasé la mano por la cabeza y suspiré:
–En serio, Jesús. Con lo que me costó que Marcos me diera bola y la cagué así. No tengo remedio, el pez por la boca muere. Se termina el año y sigo igual que cuando empezó.
Jesús juntó las manos y habló:
–A ver, no voy a culpar a Marcos porque su enojo está justificado y es totalmente entendible. Pero tampoco te mortifiques así. Fue un accidente, un lapsus. No quisiste decirle eso, pero te salió. Y si te salió, un motivo tiene que haber. Deberías revisar tus sentimientos para con Jorge y sincerarte a vos misma, qué te está pasando con él.
–No, no. A ver, Jorge es mi amigo. Quedamos en tener una amistad y nada más. Bueno, en realidad, es una amistad con derecho a cama, ¿entendés? ¡somos humanos! Pero hasta ahí llega todo. Prohibido enamorarse, no hay nada que revisar o sincerar.
–¿Estás bien segura?
–Sí.
–Y él, ¿piensa igual? ¿siente exactamente lo mismo?

Me quedé muda. Qué buena pregunta... Tan buena que no la podía responder.


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viernes, 30 de noviembre de 2012

El misterio

Sleeping beauty by stimpy39 | Deviantart.com
Lo veo dormido, tan pacífico como un chico. No ronca ni habla en sueños como suelen hacer otros hombres.

¿Qué fué lo que me atrajo de él en cuanto lo conocí? Sus ojos, sin lugar a duda. Había algo en esa mirada que me daba curiosidad por descubrir. Un misterio, un enigma, una puerta que daba a un interior semioscuro. Luego, fue su sonrisa. Por algún motivo veía que reía y no reía al mismo tiempo, estaba alegre y también triste. El tono de su voz, de un color y calidez inigualables. Acepté salir con él porque me moría por conocer el secreto detrás de esa mirada. Esa noche, cerveza mediante, hablamos de muchas cosas, nos reímos, nos conocimos, nos gustamos, nos acercamos un poco más. Me dijo que era hermosa, que tenía magia, que era una mujer entre fatal y racional al mismo tiempo, con mucho más para dar a un hombre que el resto de las féminas.
En ese preciso momento se derribaron todas las murallas a mi alrededor. Era yo, mi yo mujer en cuerpo y alma. Sentí su perfume, una extraña combinación que me recordó el entrañable olor de la tierra seca que se moja con las primeras gotas de lluvia. No lo dudé, quería estar con él toda la noche. Y así fue que lo seguí de la mano sin titubear hasta donde quiso llevarme.
Ahora lo veo dormido, tan pacífico, como un chico. No ronca ni habla en sueños como suelen hacer otros hombres. Le acaricio la espalda con mucha suavidad. Ahora sé que quiero volver a verlo, descubrirlo un poco más todos los días, reírme con él, caminar con él,  sentir el sol, la lluvia y el viento con él, hablar de tantas cosas con él, incluso hasta pelear un poquito para ver hasta dónde le llega la paciencia.
Él abre los ojos y me mira.
Y en ese instante, fugaz como un relámpago, veo en lo profundo de esos ojos oscuros el misterio que me llevó hasta ese lugar: vi el interior de un hombre vacío, asustado, caótico, quebrado, cansado, desesperado, confundido e infinitamente triste. Un hombre que no ve la hora de que me vaya a casa y lo deje solo.
Descubro, con mucho dolor, que metí la pata: nunca más lo voy a volver a ver.

Nunca más lo volví a ver.

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martes, 13 de noviembre de 2012

La camisa de la suerte

Everything you say is fire by *LukasSowada | Deviantart.com
Ni con todas la palabras del mundo podría (y eso que él era escritor) describir el amor que le tenía a esa prenda. 

–Gordi, decime la verdad de una vez, ¿no te gustó la camisa que te regalé?
El Gordi, levantó la mirada de la pantalla de la computadora, y la miró por encima de sus lentes redondos estilo John Lennon. Chasqueó la lengua y dijo, volviendo a su tarea:
–¡Ah! No digas tonteras, negri. 
–No te gustó.
–Sí me gustó.
–Pero no te la ponés nunca.
–¿Cómo que no? Me la puse la semana pasada que fuimos a comer con tus viejos, ¿o no?
–Sí pero...
–¿Pero?
–Ayer vi que te etiquetaron en Facebook, en el estreno de la obra de teatro de tu amigo. Tenés puesta la misma camisa horrible de cuadritos azules.
–Ehmmm... sí. 
–Y en el evento homenaje de la semana pasada también la tenías puesta.
–Sí...
–¡Y el día que te hicieron la entrevista para el canal cultural también la tenías puesta! ¡Da vergüenza ajena! ¡Como si no tuvieras pilchas decentes que ponerte, andás hecho un hippie roñoso, por dió!
El gordi se rascó la cabeza y puso cara de circunstancias. La negri volvió al ataque:
–Pensé que ese color te gustaba, además es de buena marca, no es berreta... ¿Por qué insistís en ponerte esa camisa chota? Tiene mil años y ni ste abrochan los botones.
–Sí me abrochan. –se defendió el Gordi con el ceño fruncido.
–Seh seh, te abrochan, pero te sentás y salen volando como misiles, capaz que dejás tuerto a alguno.
–Bueh, no jodas...
–En serio, te digo, hacé algo con eso porque un día me voy a calentar mal y la voy a meter en una bolsa con toda la ropa para donar.
–¡Ni se te ocurra, eh! –dijo el Gordi, algo preocupado por la amenaza.
La negri se terminó el café, dejó las tazas en la pileta de la cocina, guardó su netbook en el bolso y se fue, no sin antes despedirse cariñosamente del Gordi.

Él se quedó un par de horas más escribiendo. Cuando lo venció el sueño, apagó todo y se fue al baño a lavarse los dientes y ponerse el piyama. Frente al ropero, se dispuso a preparar la ropa que se pondría al día siguiente para ir a una muestra de arte. Preparó el pantalón, los borcegos, un par de medias y una remera blanca lisa. Y miró el sector donde guardaba sus camisas. Sacó la famosa camisa de cuadritos azules, prolijamente colgada en una percha forrada de gamuza bordó.
La miró unos segundos. Es cierto que ya estaba viejita, algo raída en el cuello y los puños, y estaba pidiendo a los gritos pasar a retiro. Pero el Gordi se resistía. Ni con todas la palabras del mundo podría (y eso que él era escritor) describir el amor que le tenía a esa prenda. Si quería que un proyecto saliera bien, o si quería una entrevista, cerrar un contrato, tenía que usar esa camisa. ¡Si hasta el día que le presentaron a la Negri la tenía puesta!
"Cada vez que me la pongo me pasan cosas buenas. Qué se yo. Suerte, cábala, comodidad. Las minas no entienden nada. Ellas porque tienen doscientos pares de zapatos, trescientas remeras, cuatrocientos pantalones, y quichicientos corpiños de todos los colores inimaginables. ¡Y nunca les alcanza!".
Miró también, la camisa nueva que ella le regaló. La sacó del perchero con la otra mano. Era canchera, de color beige con finas líneas blancas, de tela suave y con olorcito a nuevo.
Levantó las cejas y miró la camisa de cuadritos azules. Luego a la nueva. Y de nuevo la vieja.
La camisa nueva volvió a su lugar en el ropero, y la favorecida camisa de la suerte en la silla junto con el resto de la ropa. Suspiró y se metió en la cama.
"En fin, ninguna mina lo entendería. Y dicen que los hombres no sabemos nada del amor."


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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lleno de nada

'Años llenos de nada' by Aleare


Eduardo del V: Estás tan lleno de NADA que ahora sólo me das lástima. Le saqué la dedicatoria al relato que te escribí, porque no te lo merecías.

Y deseo que vivas muchos años, y que te traten de la misma forma que vos me trataste a mí.

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lunes, 5 de noviembre de 2012

La espera

01:12am is raining by *Jungshan | Deviantart.com »
"La mujer de negro que siempre se me aparecía en mis sueños, me miraba desde la orilla y me hacía regresar."

–¿Por qué nunca me hablás de mi mamá?

Carmen levantó la cabeza lentamente. Sus ojos pacíficos siempre rebozan amor, aún cuando hago esas preguntas difíciles de contestar.
–Ya te dije por qué, hijita. –me respondió, volviendo a su libro.
–Pero quiero saber, má. Ya no soy una nena. ¡No puedo vivir toda la vida sin saber nada!
–Una promesa es una promesa, mi amor. –contestó sin inmutarse.
–¿Pero quienes fueron mis padres? ¿Qué hacían? ¿Están vivos, están muertos? ¿No me querían? 
Carmen se pasó la mano por la sien, como buscando las palabras justas para no traicionar su secreto.
–Tu mamá te quería, y porque te quería te trajo a nosotros. Ninguno de tus padres es una mala persona.
–Pero...
–El amor, si no se controla, trae consecuencias; eso vos lo sabés bien. La diferencia es que tus padres eran demasiado jóvenes cuando pasó, tiernitos, inexpertos. Habían vivido toda su vida en una burbuja y de pronto se encontraron con la noticia de que iban a ser padres. Y que todo el mundo estaba en contra. Tuvieron que madurar de golpe y decidir: seguir adelante pase lo que pase, o renunciar a ese amor y su fruto, y construir en el futuro una vida mejor. Decidieron que esto último era lo mejor para todos.
–Y... ¿nunca se arrepintieron?
De pronto, la expresión de Carmen, por un segundo, cambió.
–No. –dijo rápidamente. –Pero te puedo asegurar que siempre estuvieron al tanto de tu vida, y están convencidos que hicieron la mejor elección posible por tu felicidad.
Yo no lo podía entender. Porque también me encontré un día con la noticia de que estaba embarazada y sin embargo seguí adelante, aún sin el apoyo incondicional del co-autor del hecho. Y nunca se me hubiese pasado por la cabeza separarme de mi hija, aún cuando las condiciones me fueron desfavorables. Pero claro, yo ya tenía veintitantos años y...
Como si me leyera el pensamiento, Carmen continuó:
–Pero tenés que entender que eran otras épocas, hija. En ese entonces, las mujeres éramos criadas para ser virtuosas y casarnos vírgenes, ser buenas esposas, madres y amas de casa. Hoy en día ese rigor ya no existe. El mundo cambió, para bien o para mal, pero cambió. Nosotros te criamos para que fueras fuerte, independiente, para que nunca tuvieras que tomar una decisión como la que tomaron tus padres.
Bajé la cabeza, con los ojos húmedos. Ella siguió hablando:
–Solo puedo decirte que ambos son excelentes personas. Y que aún te quieren. Sabés, no es fácil para mí tener que guardar este secreto y verte sufrir por ello. Pero una promesa es una promesa, fue la única condición que tu mamá me impuso. ¡Pero calma! Ya llegará el día en que puedan reencontrarse y conocerse, tenés que ser paciente y confiar.
–¡Pero hasta cuándo voy a esperar! –dije, con la voz temblando, y me fui.
Salí al jardín y me senté en la vereda de piedra.
Me sentía enjaulada, desesperada, atrapada por un secreto que tal vez nunca llegaría a conocer. ¿Tendría que salir a buscar respuestas por mí misma?

Esa noche soñé, soñé que me embarcaba en un bote y remaba en aguas calmas, entre la neblina, queriendo adentrarme en ese lago para ver qué había más allá. Y de pronto esa mujer, la mujer de negro que siempre se me aparecía en mis sueños, me miraba desde la orilla y me hacía regresar. Yo estaba enojada y frustrada. Intenté subir al bote otra vez, pero éste misteriosamente regresaba a la orilla como movido por una mano gigante. Salté y me tiré en la arena, haciendo un berrinche fenomenal como no lo hacía desde que era niña.
"Espera y la verdad vendrá" dijo la mujer con tono autoritario.
Y desperté.


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viernes, 26 de octubre de 2012

Cuando la vida nos sorprende

Daffodilly by ~noku-tsuki | Deviantart.com

–Hola. ¿Te molesta si me siento acá?
Tan ensimismada estaba yo en mis pensamientos que sólo atiné a mover la cabeza sin pronunciar palabra. El Starbucks estaba hasta las manos en esa mañana fría de agosto y yo intentaba sin éxito escribir algo en mi libreta. Me dí a la tarea de hacer dibujos sin sentido hasta que se me ocurriera alguna buena idea. Hice algo parecido a un narciso y lo pinté con resaltador amarillo.
–Me gusta esa flor que dibujaste. Es un narciso, ¿no? –escucho decir a mi eventual acompañante en el sillón.
Levanté la mirada para verlo mejor porque cuando me preguntó ni siquiera me tomé ese trabajo.
"Ay ay ay, me morí y estoy en el cielo" pensé. No había visto una fisonomía más delicada ni un par de ojos celestegrises más bonitos en toda mi vida. Hasta las arruguillas alrededor de sus ojos eran increíblemente perfectas. Un ángel masculino, sí señor.
Él sorbió su café y me miró con una leve sonrisa. Le devolví el gesto y bajé la mirada. Me preguntó si esperaba a alguien y le dije que no, que me habían cancelado una reunión y no quería volver a la oficina temprano. Él me contó que tenía que encontrarse con alguien pero nunca apareció y decidió tomarse un café para no sentirse tan idiota.
¡Por favor! ¿Qué estúpida dejaría plantado a semejante bombón? Como para agarrarla a trompadas.
Conversamos de cosas nimias y una hora después, con más confianza, hablamos de nuestras vidas. Estado civil, soltero igual que yo (eso lo hizo mucho más fascinante). Su profesión, electricista. Y su lugar de residencia, una pequeña ciudad en la provincia de Buenos Aires llamada General Pinto.
Decidimos salir a caminar un rato. El sol estaba delicioso y dimos un paseo por Plaza San Martín. Por alguna involuntaria razón (o tal vez no) me tomó de la mano al subir las escaleras. De pronto, me quedé parada en un escalón a la misma altura que él, y él se acercó suavemente para darme un beso. No sé cuánto tiempo pasó desde ese instante, pero cuando nos dimos cuenta estábamos fuertemente amarrados uno al otro con nuestros brazos por debajo de los abrigos.
–¿Sabés? Encontrarte a vos hoy fue una sorpresa más linda que tuve en mucho tiempo. –murmuró.
–La vida siempre nos sorprende. –le susurré al oído.
Una melodía sonó. Él metió rápidamente la mano en el bolsillo y atendió el celular. Una voz de mujer se escuchó del otro lado. Él le habló, un poco nervioso. Ella le pedía su ubicación para pasar a buscarlo y él le indicaba que pasara del otro extremo de la plaza, sobre Santa Fe. Cortó y me dijo que era la persona que lo había dejado plantado esa mañana.
–Es mi jefa. –dijo, como disculpándose.
–La patrona... –repliqué arqueando las cejas.
–No no, de verdad es mi jefa. Y es un sargento. –contestó guardando el teléfono.
Me miró y me dio un fuerte abrazo, aspiró con fuerza el perfume de mi cuello y me confesó que luego de cierto trámite que tenía que hacer con la mencionada se estaba volviendo a su ciudad. Que venía a Buenos Aires una o dos veces al mes por trámites de trabajo, y luego tenía que volver. "Quisiera poder quedarme más tiempo" confesó. Yo no me inmuté, porque ya estaba acostumbrada que en mi mundo, luego del vals, cuando dan las doce campanadas, es el príncipe el que huye mientras la princesa se queda mirando desde lo alto de la escalinata, con el zapatito en la mano, deseando tener la puntería necesaria para darle un perfecto taconazo en medio de la cabeza.
Caminamos de la mano hasta la esquina. Rápidamente saqué mi cuaderno, corté como pude la hoja donde había dibujado la flor. En ese momento un auto celeste toca bocina.
–Para vos. –le dije, poniendo la hoja doblada en la mano de él.
Me sonrió, a modo de despedida. Cruzó la calle y subió rápidamente al auto.
Yo giré para bajar por la Av. Alem hasta la redacción del diario. Me asomé al despacho de mi jefe y lo encontré hablando por teléfono, histérico. Me miró por encima de los lentes y levantó la mano por todo saludo.
–Cuando vos no estás, ni él se aguanta. –me dice uno de los editores que rondaba por la puerta, esperando hablar con él.
Suspiré y llamé al restaurante para pedir su plato favorito para el almuerzo: ñoquis con bolognesa; siempre lo dejan de buen humor.

El tiempo pasó y ya casi me había olvidado de mi casual encuentro con ese ángel, hasta que una mañana bien temprano me encuentro en mi escritorio un ramito de narcisos amarillos y un sobrecito con mi nombre. Lo abro. Encontré una tarjeta blanca que decía: "Hoy 12:30 en las escaleras de la plaza". El corazón me latía alocado. Narcisos, las escaleras de Plaza San Martín... ¿Es posible que fuera él? ¿Que no me haya olvidado?
Corrí a la recepción del edificio y pregunté quién me había dejado el presente y cómo era. El guardia me dio una descripción que coincidía mucho con la de mi recuerdo de él. Yo estaba anonadada y me llovían estrellitas.
En efecto, él estaba esperándome ahí, en el lugar y la hora señalados. Con la misma mirada, la misma sonrisa, el mismo abrazo apretado y la misma forma de besar. No hubo preguntas ni cuestionamientos ni explicaciones de nada.
Cuando la vida te sorprende así, simplemente, hay que dejarse llevar.


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jueves, 18 de octubre de 2012

Ojos de caleidoscopio

Spirit Guide by ~RedBlizzard | Deviantart.com
"Esa mirada melancólica, que parece haber atravesado el Mar del Tiempo desde lo más profundo"
"Un día, una fría mañana, el hombre que de verdad me ama vendrá por mí, con su sobretodo negro y su larga bufanda blanca. Y yo, sin saber si estoy despierta o soñando, voy a escapar por la ventana para irme con él. Voy a dejar atrás la vida que había vivido hasta ese momento para volver con él a donde pertenecemos. Él me ha buscado y me ha encontrado. Yo lo he esperado y a partir de ahora seremos inseparables, como siempre debió haber sido. 
¿Cómo es él? ¡Es hermoso! Podría estar un día entero describiéndolo. Pero lo más bello y misterioso de él son sus ojos. A veces son azules, otras veces son verdes, grises, o ámbar. Ojos de caleidoscopio, como los de Lucy. Pero en esa mirada melancólica, que parece haber atravesado el Mar del Tiempo desde lo más profundo y hacia lo infinito, se esconde el secreto para llegar a Pepperland." 

"El camino a Pepperland" es un raro relato onírico escrito por mí en 2001... Me gustó esta parte, y por eso la transcribo aquí, un poco editada. No me trae buenos recuerdos porque fue escrito en una época oscura de mi vida. Oh sí, mi vida está llena de épocas oscuras. Pero está bien escrito a pesar de todo. La parte original (o tal vez no tanto) está en que la historia está ambientada en la mística Beatle del "Yellow Submarine" y habla, oh casualidad, del amor entre un hombre vestido de negro y una mujer vestida de blanco. Como John y Yoko. Siempre admiré ese amor, esa unión, esa simbiosis entre ellos dos. Y yo decía, wauuu quiero un amor así en mi vida.

Supongo que con una buena edición y arreglos se puede sacar algo interesante de esto. Las cosas que se encuentran revolviendo backups, ¿no?


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jueves, 11 de octubre de 2012

El hombre de la ventana

Alina by romadmtrch | Deviantart.com
"No todos los días viene una chica linda a mi ventana a cantarme una canción."

–¿Sabés una cosa, Rodrigo? Un día, te voy a cantar acá, frente a tu balcón, una canción sólo para vos. Y vos te vas a asomar por la ventana, te vas a emocionar como una damisela y vas a morir de amor por mí.
Él se rió de mi confesión y dijo que, aunque era una locura, se sentiría muy halagado que alguien como yo le dedicara una canción.

Rodrigo tiene los ojos oscuros más hermosos que había visto en mi vida, y lo conocí en una fiesta donde tocamos mi grupo y yo. Fue vernos, y sentir ese flechazo que te atraviesa de lado a lado el corazón. Estaba dispuesta a todo para lograr su atención. Pues, la obtuve, y pasamos seis idílicos meses a puro romance. Pero de a poco él empezó a alejarse de mí, porque no le simpatizaba la forma en que yo me ganaba la vida, como camarera y música aficionada. Yo era así, y tenía que aceptarlo. Se distanció de mí y yo no podía dejar de pensar en él.
Si fui capaz de hacer que se fijara en mí, tengo que ser capaz ahora de recuperarlo. Y entonces, decidí hacer realidad aquella loca confesión: compuse para él una balada de amor, la practiqué con dos de mis amigos durante tres semanas y luego les conté mis planes:
–Chicos, el próximo sábado vamos a cantar esta canción en la puerta de la casa de Rodrigo. Así como una serenata.
–Nooo, estás mal, boluda. Nos van a sacar corriendo. –me dijo Dante, el bajista.
Tichu, el baterista no dijo nada pero le dio un ataque de risa fenomenal. Tuve que aguantarlos durante los ensayos siguientes, pero no me importaba nada. Estaba loca de amor.
Le mandé un mail amistoso a Rodrigo para asegurarme que estaría allí ese día y me contestó que sí. Ese sábado metimos las guitarras, batería electrónica, amplificador y cables en el auto de Tichu, y nos dirigimos a Coghland. Buscamos la dirección y la encontramos. Preparamos todo tal como lo habíamos ensayado (las guitarras y amplificadores enchufadas a la batería del auto), trepé al balcón para tocar varias veces en la persiana, y antes de que él se asomara empezamos con la música.
"No hay un amor como el mío..." cantaba yo con mi mejor voz.
Rápidamente los vecinos salieron a la vereda, o se asomaron a las puertas y las ventanas. A mitad de la canción teníamos una ronda de curiosos mirándonos. Una mujer joven abrió la puerta de la casa y se asomó con una niña en brazos.
De pronto, la ventana de Rodrigo se abrió lentamente.
Un hombre de pelo entrecano con la pinta de Jean Reno nos miró con sorpresa. Me quedé muda. Mis amigos dejaron de tocar. Éste posó ambas manos en la baranda de la ventana y sus ojos verdes en mí. Me sentí como un bicho bolita cuando lo empujan con el dedo.
–¿Qué hacen ustedes acá? –dijo con tono firme y claro, sin enojo pero con total autoridad.
Los vecinos murmuraron. Yo tosí, miré a mis amigos (que querían comerme cruda) y contesté:
–Este, ah, mire... Buscábamos a Rodrigo.
El hombre de la ventana ahora tenía cara de no entender nada. De pronto, la mujer joven que se había asomado dijo:
–¡Ah, sí sí! ¡Rodrigo, papá! El concheto jodido que alquilaba ahí adelante. –dijo mirando al hombre de la ventana. Éste asintió y ella continuó: –Se fue hace dos semanas mas o menos. Dijo que le habían ofrecido una beca de no se qué en Australia. Vendió todo y se fue.
Me sentí la más estúpida de las estúpidas. Rodrigo no me dijo nada, o bien porque no se esperaba la sorpresa o tal vez para que me encontrara con la sopresa. Sea como sea, ahí estaba yo, haciendo el ridículo delante de todo el barrio, queriendo que la tierra me tragara.
El hombre de la ventana también se unió al coro de risas y meneaba la cabeza. Yo me pasé la mano por la cabeza pensando en la forma de zafar elegantemente. Alcancé a balbucear con muchos nervios:
–Bueno, ehmmm... Disculpe si lo molestamos, señor. Ya... mejor nos vamos.
–Ah, cómo, ¿se van sin terminar la canción? –preguntó alegremente. Los curiosos del barrio también pidieron a coro que siguiéramos con el show. Y él añadió: –No todos los días viene una chica linda a mi ventana a cantarme una canción.
Miré a mis amigos y ellos entendieron a la perfección: nuestro ego de músicos no podía negarse ante un público tan entusiasta. Terminamos la canción, nos aplaudieron efusivamente y nos pidieron otra. Accedimos, volvimos a disculparnos con el hombre-de-la-ventana y empezamos a guardar todo en el auto, mientras algunos vecinos se acercaban a saludar y felicitarnos.
El susodicho salió. Ahora llevaba puestos unos lentes. Se había lavado la cara y mojado un poco el pelo. Noté que era un hombre algo grande de edad, pero físicamente se lo veía tan bien como cualquier fibroso veinteañero debajo de esa remera negra y jeans azul oscuro. Me alucinan los tipos que usan remera negra y jeans azul oscuro, oh sí. Nos saludó con una amplia sonrisa, Dante le agradeció que no nos haya corrido a manguerazos por el atrevimiento. "Fue idea de la señorita, don" dijo con sorna el muy roñoso mientras enrrollaba cables por enésima vez. El hombre-de-la-ventana rió y luego se dirigió a mí:
–Así que fue tu idea.
–Sí, jeje, tengo ideas muy locas a veces.
–dije con algo de vergüenza.
–Pero además tenés una linda voz, y mucho talento...
Mis amigos me miraron de reojo y se reían por lo bajo, hijosdeputa.
–Qué pena, me encontraste a mí y no a tu Rodrigo. –continuó.
–Ah, sí. Disculpe usted por haberlo hecho quedar como un tonto delante de todos los vecinos. 
–Bah, me tiene sin cuidado, me conocen de hace años.
–Si hubiese salido su esposa yo estaría ahora metida en un quilombo difícil de explicar.
–Tranquila, no tengo esposa.
–remató él, con una sonrisa que derretía hasta el Perito Moreno.
La niñita que se había asomado a la puerta en brazos de su mamá se nos acercó. Abrazó la pierna del hombre y señalándome con su dedito dijo muy campante:
–¿Ves? ¡Necesitás una novia así, abuelo!
¿Eh? ¿Le dijo abuelo?
Tichu se acercó para darle al hombre-de-la-ventana una invitación sin cargo para nuestra próxima presentación; nos despedimos de él y partimos veloces de vuelta a Barracas. Mis amigos tenían que trabajar esa noche, así que me dejaron en casa. Me tomé una botella entera de cerveza para ahogar el mal rato y me dormí sin saber si reír o llorar.

No le hubiese prestado demasiada atención al asunto si no fuera porque el hombre-de-la-ventana se apareció en primera fila el día del recital. Cuando terminamos, nos felicitó a todos. A mí me dijo que estaba hermosa, que su nombre era Esteban, y que si no me importaba su edad y el hecho de que fuera abuelo, que aceptara ir a tomar algo con él. Con tanta amabilidad quién podía negarse. Fuimos a un bar tranquilo, nos reímos de lo sucedido aquella tarde y de muchas otras cosas más que hablamos. Dimos un largo paseo por Plaza Francia y bajo la luna en cuarto creciente nos dimos un largo beso. Fue una noche maravillosa.

¿Y qué pasó con Rodrigo? Ah, me escribió un mail diciendo que "se había olvidado" de contarme que se fue a Australia. Yo le contesté que gracias a su "descuido" yo hice el ridículo delante del "viejo podrido" dueño del departamento, pero las cosas dieron un giro inesperado y ahora estaba saliendo con él. Le deseé éxito en su beca y una vida linda rodeada de canguros y osos koala.

La postdata fue más soez, y no creo que valga la pena repetirla aquí porque ya se imaginarán. Colorín colorado, más vale rey en mano que principito azul volando.

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lunes, 8 de octubre de 2012

Abrázame hoy > #8Abrazos


"Usamos 13 horas por semana, 650 horas al año viendo emails. Usemos al menos 48 segundos al día para abrazar, 576 segundos al año." 

Y ahí voy yo también, sumándome a la iniciativa de Andy Stalman (@AndyStalman) "8 abrazos cambiarán el mundo", pero con un poco de música que traje de mi memoria. Son esas pequeñas cosas que hacen la gran diferencia, las que pueden mover el mundo entero sin siquiera tocarlo.

¿Un abrazo? Sí, un abrazo. No cuesta nada, nos hace sentir bien, ¡y viene en todos los talles!

The Great HUGE Hug by *oO-Rein-Oo | DevianArt.com

:-)

viernes, 5 de octubre de 2012

Un año sin Steve

'Steve Jobs Memorial Wallpaper' by TheFlyestNerd | Deviantart.com
In Steve I believe

"[...] En ocasiones la vida te golpea con un ladrillo en la cabeza. Pero no pierdas la fe. Estoy convencido que lo único que me permitió seguir fue que yo amaba lo que hacía. Tienen que encontrar eso que aman. Y eso es tan válido para su trabajo como para sus amores. Su trabajo va a llenar gran parte de sus vidas y la única manera de sentirse realmente satisfecho es hacer aquello que creen es un gran trabajo. Y la única forma de hacer un gran trabajo es amando lo que hacen. Si todavía no lo han encontrado, sigan buscando. No se detengan. Al igual que con los asuntos del corazón, sabrán cuando lo encuentren. Y al igual que cualquier relación importante, mejora con el paso de los años. Así que sigan buscando hasta que lo encuentren. No se detengan. [...]
Recordar que van a morir es la mejor manera que conozco para evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ninguna razón para no seguir a su corazón. [...]"


Steve Jobs fue un hombre que cambió su vida y las de todo el mundo. Y mi vida cambió luego de leer este discurso. Créanme que estas líneas hicieron de mí una nueva persona, cambiaron dentro mío mucho más que todos los libros de autoayuda y todas las palabras de los guías espirituales que puedan existir en el universo.

Por Steve me convencí que tenía que creer en el amor, que tenía que existir alguien para mí y no podía quedarme toda la vida sentada a que me llegara; tenía que salir a buscarlo hasta encontrarlo, tenía que seguir al corazón aunque ya estaba todo roto. Y sigo buscando. No me detengo.

Gracias, Steve



lunes, 1 de octubre de 2012

Odiosas repeticiones

Predictions... by bittersweetvenom | DeviantArt.com

–Y vos, ¿por qué te separaste?
Yo sabía. Sabía que el candidato con el que estaba sentada aquella tarde en ese lindo bar notable de Monserrat me iba a preguntar eso.
Odio esa pregunta. Pero es inevitable. Infalible. Como la tormenta de Santa Rosa, que siempre llega en la misma época, días más días menos, pero nunca falla.
Decir la verdad del "por qué me separé" es tarea complicada. Primero, porque no se pueden resumir años de buenos y malos momentos, broncas, sospechas, angustias, venganzas, juicios, en pocas palabras. Siempre te terminás yendo por las ramas, te detenés a contar detalles estúpidos y ventilar intimidades, tales como que dejaba la toalla mojada en vez de colgarla en el tendedero, o que era tan miserable que nunca le dejaba los dos pesos de propina al chico que traía la pizza...
Sea como sea, en mi caso, relatar por qué me separé siempre me resultó incómodo. Más que nada porque en mi caso particular los hechos reales trascienden la verosimilitud. La historia de mi separación fue demasiado novelesca. Mis amigos más cercanos son los únicos que conocen toda la verdad y me han visto de cerca pasar esa odisea, todavía no lo pueden creer. Muchas veces me quedé con la duda, quién carajo estaba escribiendo el libreto de mi vida. Porque era un veloz pase de comedia a drama, de drama a acción, de acción a romance, de romance a espionaje, de espionaje a comedia otra vez. Así todo el tiempo, sin descansos o retoques de maquillaje.
Por otro lado, cuando contás tu biografía nunca podés ser objetiva. ¡Nunca! No podés quedar como una tarada, una cornuda o una flor de bruja delante del candidato. A ver si lo espantás. No, hay que ser piadosa también con una misma, sobre todo si te interesa tener otra cita con ese bombón. Ahora, si el pibe no te gusta ni mirándolo con cariño, y más vale que le vas a echar Raid de una forma elegante así no te da más bola. Hay que ser una dama incluso en las situaciones más difíciles.

–Es largo de contar. –digo yo.
–Dale, contame. –insiste él.
Pienso brevemente y contesto:
–Bueno, nada. Resumiendo, él se aburrió de mí y yo de él. Se desgastó la pareja. Así de simple.
El candidato asiente, comprensivamente. Yo sonrío con alivio.
Entonces, llega esa otra pregunta chota:
–¿Y no saliste con nadie más desde entonces?
Oh, shit. ¿Le cuento la verdad y quedo como una trola, o me hago la boluda y quedo como mojigata? ¡Será posible!

Te digo, ¿sabés que es lo peor de todo esto? Que si no vuelvo a ver a este tipo, voy a tener que repetir esta escena otra vez. Y otra, y otra más. Puf, me joden tanto pero tanto estas odiosas repeticiones. En cada cita debería llevar el MP3 con la respuesta ya grabada. Saludo, me siento, pongo Play y listo.

De esta forma me podría por fin tomar el café calentito y disfrutar de las masitas sin culpa.

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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Caminos diferentes

Bride by Grinch7 | Deviantart
"Es la hora" dijo la novia, "ya no hay vuelta atrás".

El gran día de la boda llegó. El departamento de Alejandra era un loquero desde temprano. Madre, suegra, hija, amigas, maquilladora y por supuesto Lalo, su mejor amigo y estilista estrella, dando los últimos toques al peinado.
–Algo nuevo, algo usado, algo azul, algo prestado. –dijo doña Martina, la futura suegra.
–Algo nuevo, el vestido. –dijo Nina, su mejor amiga y madrina.
–Algo usado, el velo de mi mamá. –dijo Carmen, la mamá.
–Algo azul, los aros. –dijo Miriam, la amiga.
–Algo prestado, los guantes. –dijo Deborah, la hermana de Lalo.
–¡No falta nada! –exclamó Lalo alegremente.
Alejandra se miró al espejo por última vez y se vio perfecta. Sintió de pronto una sensación de vértigo. Mientras se preparaban para salir, Miriam y Lalo competían para ver quién dirigía la salida. En la vereda se había reunido una considerable cantidad de vecinos, curiosos, cholulos y fotógrafos para registrar la salida de la espectacular novia, que saludó a todos y recibió toda clase de elogios, felicitaciones, buenos augurios. Subió al Ford T junto a las damitas de honor, y partieron.
En el lugar donde se celebraría la ceremonia ya estaban Jorge y su familia, pues sus dos hijas gemelas encabezarían el cortejo. Las niñas ensayaron con Deborah una vez más la entrada todas juntas, mientras los invitados iban llegando y se ubicaban en sus lugares.
Sin querer, Jorge apoyó la mano sobre el arreglo floral, y se manchó la palma con el viscoso pólen de los lirios. Fue al toilette a lavarse, y al pasar por el pasillo hacia el jardín vio en el gran salón a la novia que esperaba el momento de hacer su entrada. Hablaba algo nerviosa con Nina y ésta la tranquilizaba; luego salió por la otra puerta y la dejó sola.
Jorge carraspeó suavemente y entró.
–Georgie... –susurró ella con alegría.
Se miraron emocionados y algo tímidos, como se habían mirado por primera vez hace siete años atrás, en esa fiesta donde Lalo los presentó.
–Me hacés acordar a Marilyn, en esa escena que se le levanta el vestido...
–Pajero. –le dijo ella con una mueca, riendo.
–Estás hermosa. En serio. 
Se paró frente a la novia y la tomó suavemente por la cintura. Ella lo miró con ternura y le acarició suavemente el mentón. Fue un instante apenas, pero pareció durar la eternidad que duran esos momentos de infinita felicidad.
–Ale... quisiera poder detener el tiempo acá, ahora mismo. Para que no te cases, para que no te vayas de Buenos Aires, para que no me dejes y...
–Shhh, basta... –lo interrumpió ella, colocando su dedo en los labios de él con suavidad. –Me vas a hacer llorar.
–Perdoname. –dijo Jorge, con los ojos húmedos. Suspiró y sentenció: –Sabés que te quiero. Siempre te quise.
La novia asintió con una leve sonrisa. Se acercó para darle un suave beso en la mejilla.
–Yo también te quiero. Pero ambos sabíamos que teníamos que seguir caminos diferentes para ser felices. Te tocó a vos elegir hace cinco años, ahora me toca a mí. Amo a Alber, de verdad lo amo. Voy a casarme con él y nada va a cambiar eso.
Se hizo otro breve silencio. Ella tuvo de nuevo esa sensación de vértigo, inhaló y exhaló despacio.
–Es un buen hombre, sé que te va a querer y cuidar mejor que nadie. –susurró Jorge. Ella asintió con una sonrisa.
Se escuchó a Deborah y su hermano dar las órdenes para comenzar la ceremonia.
–Es la hora. –dijo Alejandra, suspirando con fuerza y levantando el mentón. –No hay vuelta atrás.
Jorge sonrió con tristeza. Se despidió de ella besándole la mano y se alejó rápidamente.
Volvió a su asiento, donde su esposa esperaba con su hijo menor en brazos.
–Acabo de cruzarme con la novia. –dijo éste.
–¿Y cómo está? –preguntó Zara.
–Nerviosa, pero decidida.
–¿Le agarró la duda justo ahora?
–Vos te reís, pero no es fácil caminar al altar por segunda vez después de los treinta y pico, y lo digo por experiencia propia. –dijo, con una mueca de ironía. Ella rió y lo besó en los labios; "Te amo" murmuró al oído.
Se hizo silencio. La música comenzó a sonar y todos se pusieron de pie.
Las pequeñas damitas de honor hicieron su entrada en perfecta coordinación, y detrás caminaba la novia sola, sin su padre, tal como ella lo pidió.

Sola, orgullosa y enhiesta, avanzaba despacio como una verdadera reina a encontrarse con su destino.


Esta historia continua en: Positivo (2013)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Enamorado en Temperley

El enamorado de Temperley | Todo Significa
"Boni amor: dame una última oportunidad..."

Leyendo en el Blog de Alejandro Formanchuk "Todo significa" vi esta imagen de un mensaje escrito en la estación de tren de Temperley. Más allá del análisis de comunicación estratégica, estas palabras me tocaron el corazón. El arrepentido es todo un valiente porque, seamos sinceros, ¿cuántos hombres estarían dispuestos a pedir perdón de una forma tan expuesta? En un mundo y una época donde nos exhibimos haciendo cosas estúpidas, pero nunca declaramos haber metido la pata en una relación.

Y tengo que decirlo yo también: Boni, yo que vos le daría esa última oportunidad a Sebx, aunque tendrá que trabajar duro y hacer buena letra para recuperar tu confianza. Pero creo que ya dio un gran paso.


:-:

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Amarga satisfacción

The red wind by *pure-insomnia | Deviantart.com
"Su melena roja flameaba al viento como una antorcha; de verdad parecía una leona."

Plaza de Congreso, cuatro de la tarde. Dos mujeres se encuentran para conversar. Se miran, se miden, buscan mil defectos y virtudes en la otra, en sus gestos, en sus movimientos, en el tono de sus voces. No tienen nada en común salvo que un hombre las ha engañado a ambas: fueron novias al mismo tiempo, con las mismas palabras, mismos objetivos y mismos planes. Una de ellas se llama Celina, lo ha perdonado y sigue con él a pesar que no confía demasiado. La otra se llama Marina, no solo no lo ha perdonado sino que lo ha arrancado de su vida como la maleza de un cantero.
Hablaron amistosamente algunas nimiedades para aflojar tensiones. De pronto, Celina se puso seria y preguntó:
–¿Aún lo amás?
Marina tardó unos segundos en contestar.
–Sí. Y por eso quiero olvidarlo.
–Y si él volviera a buscarte... ¿Lo aceptarías?
–¡Ah! No volverá. 
–¿Como estás tan segura?
–Porque lo conozco: le gustan las cosas bien fáciles.
Marina esbozó una sonrisa giocondesca. Celina frunció la boca y pensó detenidamente esa última frase. Miró a su interlocutora, estaba tranquila y hasta parecía alegre. Ella se sentía algo incómoda.
Sí. Encontrarse a conversar amablemente con la ex amante de tu novio no es algo que suceda muy a menudo.
–Si tenés sospechas, ¿por qué no le preguntás a él? –dijo Marina de pronto.
–Porque no me contesta. Le pregunto y me evade, dice incoherencias, cambia de tema...
–Dijiste que confiabas en él.
–Sí, confío pero... después de todo esto que pasó ya no sé que pensar. No sé que está pasando por su cabeza ahora.
–Bueno, en eso no puedo hacer nada. Si él aún piensa en mí, no puedo evitarlo.
Celina sintió una ola de celos. Todo lo que Marina le había contado la primera vez que hablaron por teléfono, todas las cosas que hacían, los planes, las fotos, los secretos íntimos, la habían hecho enloquecer de celos... Y Marina, ¡parecía tan calmada, tan segura de sí!
–Sí... Ni yo puedo evitarlo. –contestó con un resoplido.
–De todas formas, él ya eligió. Vos ganaste. ¿Por qué debo seguir entre medio de ustedes?
–Porque sé que vos no me vas a mentir, aunque me duela.
Marina hizo una sonrisa leve porque en eso Celina no se equivocaba. No tenía escrúpulos con los hombres, pero con las mujeres tenía un pacto de honor: si descubría una mentira, se veía obligada a desenmascararla, porque no podía soportar la idea de que otra mujer estuviera sufriendo por amor y a causa de ella.
–Tendrás que confiar en él. No hay otra. –dijo al fin Marina.
–Yo quisiera, pero...
–Te repito, no puedo evitar que él piense en mí, no puedo saber si aún guarda mis fotos y las mira cada tanto. Si lo amás y confiás en él, tendrás que seguir sola a partir de ahora. Si sospechás, averiguá todo eso por vos misma. Yo no tengo nada más que ver entre ustedes. Para mí, se terminó. Hice el juicio de Salomón y la cuestión está cerrada.
–¿Juicio qué?
–El juicio de Salomón. Cuenta la historia que dos mujeres disputan por un niño diciendo ser la madre y Salomón decreta que lo partan al medio para que cada una tenga su parte. La verdadera madre, obviamente aterrada, implora que no lo hagan y que le den el niño a la otra mujer. Así Salomón supo quién decía la verdad.
Una paloma se posó ligera en el hombro de Marina. Esta le sonrió y le acarició el pico.
–¡Ah, el amor! El amor todo lo puede. –continuó Marina con cierto sarcasmo, pero luego su rostro se dulcificó, se puso un tanto soñador, melancólico: –Yo lo amaba, ¡tanto pero tanto!, pero al mismo tiempo me dolió tu pena, más que la mía propia. Por eso tuve que dejarlo. Le cerré todas las puertas para que fuera libre de elegir. Sé bien cuánto valgo, y cuando vi que él no estaba dispuesto a pagar el precio, supe que no era hombre para mí. Imaginate, no voy a agarrarme de los pelos con otra mina a ver quién se queda con el tipo, menos a esta altura de mi vida. No, no. Él ya eligió. Asunto concluído. A otra cosa mariposa.
La paloma voló del hombro de Marina con un fuerte aleteo. Celina sintió otra vez una punzada de celos. Siguieron caminando despacio rumbo a la esquina.
–Sabés, tenemos muchos planes; vamos a viajar a Venezuela en vacaciones e irnos a vivir juntos el año que viene. –dijo Celina de pronto, con aplomo, para ver la reacción en su oponente.
–Bien por ustedes. –contestó Marina, otra vez con una leve sonrisa. El comentario no le hizo mella: no hubo ni un atisbo de envidia o celos en su rostro. Y si lo sintió, no lo dejó notar. ¡Qué fuerte era! Celina sintió una oscura y amarga satisfacción.
Llegaron a la esquina y decidieron despedirse.
–¿Qué vas a hacer ahora? –preguntó Celina.
Marina se encogió de hombros y contestó con una amplia sonrisa:
–Ir por la vida siendo lo que soy: una leona.
Se despidió y se volvió para cruzar la calle. Celina la observó alejarse a paso firme por la vereda. Vio como dos tipos se daban vuelta a mirar el vaivén de sus caderas. Marina no era particularmente bonita, su belleza estaba en lo que irradiaba su personalidad: energía, orgullo, sensualidad, alegría de vivir. Estaba tan segura de sí misma y brillaba con luz propia. Su melena roja flameaba al viento como una antorcha; de verdad parecía una leona.
Celina se volvió en la dirección contraria. Envió un mensaje a su novio y éste se lo contestó pocos minutos después. Esa noche se verían.
Sí, ella había ganado, ella tenía al hombre de su vida, pero... ¿a qué precio?


:·:

lunes, 3 de septiembre de 2012

El más hermoso

I wish i could fly... by ~patrycha | Deviantart.com


Te busqué y me encontraste,
se enamoró mi alma soñadora
de tus palabras y el claro cielo
atrapado en esos ojos tristes.
Inalcanzable.

Hubiese sido maravilloso
que supieras lo que sentía al verte.
Pero tenía que conformarme
con estar siempre del otro lado.
Lejos.

Y sin embargo prefiero
que en la distancia seas el más hermoso
y así te ame yo por siempre.

Porque conmigo aquí
perderías toda la divinidad que te he dado,
convirtiéndote en uno más.

No. Mi destino es soñarte, amarte siempre 
así... Lejos. Inalcanzable.


Buenos Aires, 30 de junio de 2012

Y la dedicatoria, prefiero mantenerla anónima, pero quien la lea sabrá que hablo de él... :)



jueves, 30 de agosto de 2012

Ni siquiera tu ausencia

Room without you by aleare | Deviantart.com
"Espero que estés disfrutando de mi ausencia tanto como yo de la tuya..."

Hoy me desperté más temprano que lo usual. El sol salía perezozamente detrás del río. Levanté las persianas para que los primeros rayos iluminaran la sala. Miré a todos esos lugares que te pertenecieron cuando estabas aquí. La silla en la que solías sentarte a trabajar. La mesa, donde desparramabas tu cuaderno y otros papeles de trabajo, tu birome, tu notebook. El sillón donde nos sentábamos a desayunar. La ventana del balcón donde nos quedábamos mirando pasar la tarde. La cama, que teníamos que compartir con el gato porque le daba celos que ocuparas "su" lugar a mi lado. La cocina, donde descorchabas nuestro vino favorito y compartíamos la primera copa mientras yo cocinaba. La bañera, y la canilla que siempre dejabas goteando. El perchero, donde colgabas tu campera y tu sweater, uno arriba del otro y en ese orden siempre. La mesita al lado del sillón donde dejabas tu mochila y tu cámara de fotos.

Pero el lugar en donde más dolió tu ausencia fue en la repisa de las fotos familiares. Allí te habíamos preparado un lugar especial, y un bonito portarretratos con tu foto. Porque eras parte de nuestra pequeña familia, rey de nuestro pequeño reino. Fue esa madrugada de jueves, cuando descubrí que me mentías, que ese portarretratos se estrelló con toda la furia contra el duro marco de metal de la puerta de la cocina. Así roto quedó en un costado, esperando que sólo se tratara de un malentendido y que las cosas volvieran a ser como antes. Pero eso no sucedió.

Anoche, bajo la luna llena, eché al fuego tu fotografía. Mientras el papel ardía y las cenizas volaban hacia el infinito, me bebí una copa de nuestro vino favorito. Pensé, todo sucedió así tan rápido y no hemos tenido ni siquiera una palabra de despedida. Pero es mejor así. Están viniendo mejores tiempos para mí y tenía que liberarme de esa carga negativa para poder vivirlos a pleno. Se sabe, que ir por la vida con mucho peso en la espalda sólo nos hará tambalear a mitad del camino, haciendo que nunca lleguemos a nuestro destino. Vivir es caminar siempre hacia adelante, con la frente en alto y la menor carga posible en las espaldas. Vivir es un desafío constante a la fuerza interior y la imaginación.

En eso sí somos diferentes: dónde vos veías problemas, yo veía desafíos. Olvidarte es ahora un desafío y una oportunidad de demostrar de lo que soy capaz.

Porque a mí nada me detiene. Ni siquiera tu ausencia.

A Michael Prochnow, mi hermoso (Obertshausen, Germany)
:·:

sábado, 25 de agosto de 2012

Secretos

To Love, by ~aroonkalandy | Deviantart.com –Quiero saber quién soy, George.
Miré al horizonte, hacia los árboles de reserva. Unos horneros cantaban a lo lejos. Unas palomas y gorriones se acercaron a comer las migas de nuestro ligero almuerzo. Hacía mucho frío para ser primavera, mi vaso de café todavía humeaba.
–¿Tu mamá se niega a contarte algo?¿Una pista, aunque sea? –dijo él.
–Carmen no quiere decirme nada de nada. Aunque es mi mamá, me pone de los pelos cuando se pone en cabezadura. No es que yo reniegue de ellos, ¡son mis papás y los adoro! Pero... yo quiero saber. Tengo que saber. ¿Por qué fui a parar con ellos? ¿Acaso mis verdaderos padres me abandonaron? ¿Se murieron? ¿Me robaron? ¿O era una hija no deseada, un estorbo, una vergüenza?
Jorge me miraba, con un atisbo de preocupación. Estoy segura que sentía tanta curiosidad como yo, pero él era un hombre práctico y a veces simplificaba demasiado.
–Y que pasaría si descubrís la verdad y no te gusta... –murmuró. –Podría afectarte por el resto de tu vida y tendrías que vivir con eso hasta que te mueras. Hay secretos que mejor dejarlos ahí, enterrados en la oscuridad. La ignorancia es, a veces, un gran beneficio.
Yo resoplé y arremetí:
–Si tu abuela no te hubiese contado nunca que tu papá tuvo otra hija con otra mujer, ¿hubieras sido feliz igual?
–¡Por supuesto! Hubiese vivido mi vida ignorante, pero feliz. Esa revelación cambió por completo el concepto que yo tenía de él: fiel, esposo devoto y enamorado de su mujer. Todo un santo. Después de eso ya no fue lo mismo. De semidiós se fue al descenso, cayó a la categoría de simple mortal metepatas. No fue fácil asimilarlo. Todavía hoy me cuesta. Pero mi hermana, está feliz, y su felicidad mitigó mucho de ese odio. Ella había deseado toda su vida saber sobre su papá. Su mamá le ocultó la verdad  durante trece años, y cuando murió, mi abuela se hizo cargo de ella y finalmente le dijo todo. Era todavía una nena en ese entonces, no sé, ahora tal vez hubiese reaccionado de otra forma.
–Sin embargo, los dos están felices. Sin rencores, sin reproches. Ninguno tuvo la culpa de que las cosas sucedieran así. Además, ambos querían tener hermanos.
–Sí, eso sí. No de esa forma pero, ¡es lo que hay! y lo aceptamos así.
Miró el también hacia el horizonte. Sorbió despacio su café y esbozó una sonrisa. Me abrazó por la cintura y dijo:
–¿Qué vas a hacer, entonces?
–Según los pocos datos que pude pescar, mi papá vive. Se llama José Alberto o José Antonio, algo así. No sé qué hace exactamente, pero sé que vive en la provincia de Buenos Aires, en Tandil o Azul, en uno de esos monasterios o retiros espirituales de curas.
De pronto Jorge exclamó riendo: –¡Che! ¿Y si era cura?
Me encogí de hombros y también me reí.
–Cura, estafador, ciruja, millonario o santo varón, me da igual. Tengo que encontrarlo. Y cuando dé con él, daré también con mi mamá.
–¿Estás decidida?
Me quedé en silencio otra vez. Unos zancudos pasaron volando a los gritos sobre nuestras cabezas y se perdieron a lo lejos.
–Totalmente. –dije.
Sonrió y me abrazó, con fuerza. Le acaricié suavemente el rostro pálido con los dedos. Éramos buenos compañeros cuando nos uníamos en alguna causa. Supe entonces que él me seguiría hasta el fin del mundo sin siquiera tener que pedírselo.

Camino a casa, empezamos a planear el viaje que haríamos ese mismo fin de semana.


:·:

miércoles, 22 de agosto de 2012

Hablé con Jesús (V)

:: LOVE IS GONE :: by ~nukieu | Deviantart

–Jesús, yo ya no entiendo más nada. En cualquier momento me tiro al río y que todo se vaya a la mierda.
No respondió. Tenía la cabeza gacha, sobre su cuaderno de notas. Yo resoplé y continué:
–Esto te lo pregunté mil veces y todavía no encuentro una respuesta. ¿Qué hay de malo en mí? ¿Por qué los tipos siempre eligen a otra? No puede ser que siempre me equivoque. Cuando me enamoro, me desvivo por la otra persona, lo doy todo. Pero no, no es suficiente. Nunca es suficiente. Daría cualquier cosa por saber qué mierda me falta para que un hombre se enamore de mí. No te digo casarme, ¿eh? Pero que me quiera, que me respete, que demuestre lo que siente todos los días… 
–¿Cómo te diste cuenta que este hombre con el que salías te estaba mintiendo? –dijo.
–Por dos cosas. Una, se le notaba en los ojos; la forma que me miraba no era la misma que al principio. Dos... ay, vas a creer que estoy loca.
–No sería ético de mi parte pensar algo así.
–Bueno, vi su traición en un sueño.
–En un sueño...
–En serio, Jesús. Lo vi, así patente como te estoy viendo a vos, que una mujer se le acercaba y él se iba con ella. Y yo me iba a buscarlo, caminando por el pasillo de una casa que era circular, como una dona. Miraba en todas las habitaciones, una y otra vez, daba mil vueltas. Y lo buscaba, y lo buscaba. No aparecía por ningún lado. ¡Qué desesperación! Ahí supe que algo andaba escondiendo. El tiempo me dio la razón. Lo descubrí saliendo con otra. Lo encaré, furiosa, ¡y lo negaba! ¡Es una confusión, no es lo que parece! me decía, con esa sonrisita cínica. Pero cuando se dio cuenta que no soy ninguna tonta y a mí no me puede mentir tan fácil, aflojó. No admitió lo que escondía pero me pidió perdón. "Te hice daño, perdoname, no fue mi intención". ¡Pelotudo! Que te perdone Dios, le dije, ojalá te mueras solo y sin amor. Y lo mandé a la mierda.
Se hizo un incómodo silencio. Yo escuchaba mis propios resoplidos como un toro. Traté de calmarme.
–Estás angustiada y con mucho odio. –dijo Jesús al fin.
–El odio es una forma de amor también, lamentablemente. Ese cretino no se merece ninguna de las dos cosas.
Jesús meneó la cabeza y suspiró. Luego dijo, con voz pausada:
–No te lo digo para que te sirva de consuelo, pero esa patología es más común de lo que crees. En hombres y mujeres. Personas que se sienten tan vacías por dentro, que necesitan desesperadamente el amor de los otros, y tratan de conseguirlo a cualquier precio. Seducen y engañan para obtener el cariño de las personas, pero huyen de las consecuencias. Amar es una responsabilidad, un compromiso. Pero no los desean, porque sienten que no están a la altura de las circunstancias. Tienen miedo, porque no se aman a sí mismos. Quien no se ama a sí mismo, es incapaz de dar amor a otros. 
–Su corazón es como un agujero negro que absorbe, absorbe continuamente, y nunca se llena…
–Algo así.  
–Que triste. Pensé que siendo más grande que yo, pensaba más seriamente en sentar cabeza que andar boludeando por ahí como un picaflor. ¡Cómo me equivoqué! ¡Con razón no se casó nunca!
–¿Cuántos años tiene él?
–Cuarenta y nueve... creo.
Miré a Jesús. De pronto se puso serio mientras volvía a escribir algo en su cuaderno.
–Esos sueños… ya me hablaste varias veces de ellos. Es interesante la forma en que se manifiestan.
–Los tengo desde que era niña. Mi mamá dice que es un don, un regalo de mis ancestros. Que esa es la forma como ellos me cuidan de las cosas malas de este mundo. A veces, cuando no sueño este tipo de cosas, sueño con lugares y personas que no había visto nunca, pero me resultan familiares. Me gustaría saber de dónde vengo, quiénes fueron mis verdaderos padres, por qué soy así. Mamá dice que debo esperar una señal, pero… ¡esperar! ¿hasta cuándo?
Sonaron a lo lejos las tres campanadas. Jesús me recomendó relajarme, salir, divertirme, no pensar más en todo lo sucedido. 
Antes de irme, le pregunté:
–Jesús, ¿será verdad que las cosas buenas le pasan sólo a las personas buenas? 
Levantó la vista y me miró fijamente.
–Porque debo ser una persona muy mala, entonces.
Y me fui, cabizbaja, cerrando la puerta despacio.


:·:

domingo, 19 de agosto de 2012

Historia de un amor enredado y un final inesperado

Mike (Michael Prochnow) and me
"En ese preciso instante, todo parecía perfecto. Era el final de un cuento de hadas, la culminación
de un amor que nació en la distancia. Pero no, ese sólo fue el comienzo de una enredada historia...
"


“Recordar es fácil para el que tiene memoria, olvidar es difícil para quien tiene corazón.” 
Gabriel García Márquez



Después de una larga ausencia, he decidido retomar las riendas de este Blog. Quienes me siguen por Facebook, saben bien el porqué y otro detalles que no vale la pena explayar aquí. Pero al fin y al cabo, se trató de una extraña, enredada, bizarra y entrañable historia de amor. Una historia a la que no le faltó nada: romance, magia, suspenso, drama, acción, espionaje, interrogatorios y un final inesperado. Todo sucedió aquí, en mi Buenos Aires querido.

He pasado de no creer en el amor a creer fervientemente, he pasado de no esperar nada a esperarlo todo, he pasado de la sospecha a la sorpresa, de la sorpresa a la decepción, de la decepción a la furia, de la furia a la melancolía, y de la tristeza a la alegría nuevamente, ¡en apenas dos meses!

Así es que la vida constantemente nos da lecciones. Quien quiera aprender, que aprenda. Quien quiera olvidar, que olvide. Aprendí a los golpes, pero olvidar no puedo, porque viví cosas muy lindas con él. Fue mi compañero, mi amor, mi adicción, Michael, mi Mike hermoso. Durante ese tiempo me hizo feliz, creyendo que alguien del otro lado del planeta (en Alemania, precisamente) pensaba en mí. Casi como un cuento de hadas, él fue mi rey, pero nuestro castillo era de naipes, construido sobre mentiras, palabras falsas e ilusiones traicioneras, y se desmoronó en poco tiempo. Y yo, me quedé sola, derrotada, con la peor de las angustias que una mujer podría tener: el despecho. Pero, para bien o para mal, esta historia ha marcado mi vida. Esta historia me dice quién soy, dónde estoy, quién debo ser y dónde debo estar.

Una reina no llora a su rey, a menos que esté muerto. Y en cierta forma, mi Mike, el hombre que yo conocí (o creí conocer) se murió en mi corazón.

Pero mi corazón, roto una vez más, encontró entre las cenizas la joya más valiosa de todas: la inspiración que me estaba faltando.

El sol ha salido. Un pájaro canta desde mi balcón. He vuelto a escribir.

Este va a ser un día maravilloso.


A Michael Prochnow, mi hermoso (Obertshausen, Germany)
:-:

lunes, 21 de mayo de 2012

Pasaje a Buenos Aires

Still life: unseenby Squitta | Deviantart.com »

Nervios. Muchos nervios. Era el gran día, el día que ambos habíamos esperado ansiosos durante varios meses.
Fueron horas y horas de estar juntos virtualmente a través del chat y las videollamadas. Así nos conocimos. Así supimos que teníamos muchas cosas en común a pesar de vivir en diferentes continentes y culturas. Fuimos amigos, confidentes y amantes. Un océano y mil circunstancias nos separaban, pero aún así nos buscábamos con avidez todas las noches para estar juntos, pese a la diferencia horaria, para sentirnos acompañados aunque cada uno estuviera concentrado en sus trabajos o tareas. Así nació algo parecido al amor. Nos empezamos a querer.
Una tarde me sorprendió con la noticia que había conseguido pasaje a Buenos Aires y que pasaría aquí sus vacaciones. Ambos estábamos contentos, llenos de ilusiones, pero al mismo tiempo teníamos toda clase de incertidumbres: ¿estaríamos preparados para pasar del plano virtual al real? ¿Sería mejor o peor? ¿Nos querríamos, en cuerpo presente, de la misma forma que en la distancia...?
Le prometí ir a esperarlo, y ahí estaba yo, desde las cuatro de la mañana en el aeropuerto, temblando y no precisamente de frío. Era una mezcla de emoción y angustia. Era alegría y pena al mismo tiempo. Era el cielo y el infierno. Sentía nudos en todo el cuerpo. La espera se me hacía eterna y ya no podía aguantar más.
El parlante anunció la llegada del vuelo.
Pasaron mil horas hasta que por fin los pasajeros, uno por uno, fueron pasando por la puerta. Ambos acordamos el día anterior que, para reconocernos, nos vestiríamos de negro y rojo. La gente empezó a amontonarse, aquellos que se reencontraban con sus seres queridos, otros que portaban carteles. En pocos minutos el hall era un caos de formas y sonidos.
Entonces lo vi. Y él me vio.
Vestía jeans y remera negras, y una camisa roja a cuadros. Yo, jeans y campera negras, y suéter rojo. No había lugar a dudas.
Era él. Era yo.
Fue un segundo. Efímero pero intenso, como la majestuosidad del relámpago. Nos reconocimos. En la ropa, en las facciones, en la mirada, en la sonrisa.
Avanzamos ambos, con paso firme, con la mirada puesta en el otro. Perdimos la noción del tiempo y el espacio. El bullicio a nuestro alrededor se había detenido y había perdido toda nitidez, toda razón de ser.
No hubo saludos. No hubo palabras. Sin titubear, nos arrojamos a los brazos del otro. Nos dimos un beso en la boca, húmedo y desesperado.
Desde entonces, nunca más nos separamos.


A Mike. Lo mejor siempre está por venir  :)

:·:

martes, 15 de mayo de 2012

"No creo mas en el amor" (Patricio Arellano)



"No creo mas en el amor" es el track #10 del album "Un Leon" de Patricio Arellano.

Dedicado a JBC, estuvo unos pocos días en mi vida, y en ese poco tiempo me hizo la mujer más feliz del mundo. Me cortó en seco tanta felicidad un lunes a la tarde, sabiendo que yo no le iba a pedir explicaciones porque todos somos libres de irnos siempre que se nos dé la gana. Y entre tantas lágrimas, me di cuenta que si el destino me lo había traido a mi puerta, era porque me estaba dando una segunda oportunidad para creer en el amor. Pero cuando se fue, se llevó una ilusión pero no se llevó las esperanzas.

Porque a pesar de los golpes, en el fondo yo, igual que mi personaje, quiero volver a creer en el amor.

domingo, 13 de mayo de 2012

Angelitos


Sister, Brother by *jensenns | Deviantart.com »

–Sabés... Necesito contarte algo.
–me dijo él, misteriosamente. –Vamos a pedir un café para llevar en el Automac, así podemos hablar en el auto.
–Pero podemos bajar y sentarnos tranquilos en una mesa, –repliqué yo. –a esta hora no hay gente.
–Es que no quiero que nadie más me escuche. Es importante.

Y vi su mirada casi suplicante. Algo lo estaba carcomiendo por adentro y necesitaba contárselo a alguien.
Se llamaba José María y lo había conocido dos horas antes en un seminario para periodistas y redactores, eventos a los cuales mi jefe siempre insiste en llevarme con la esperanza de que encuentre a alguien interesante para salir. No entiende que mi soledad y yo nos estamos llevando de maravillas últimamente.
Suspiré y accedí. Bajamos, hicimos el pedido y volvimos al auto. Puso música bajita, y luego de sorber un par de veces su café, aflojó tensiones y empezó a hablar.

"Durante cuatro meses salí con una chica que conocí en uno de esos sitios web de citas. Claudia se llamaba. Administrativa, divorciada y con tres chicos. Buena mina, cariñosa, pero a veces me hacía sentir atrapado en la relación. Me di cuenta que se me estaba yendo de las manos cuando empezó a insistir en presentarme a los hijos y que yo le presentara al mío, a los amigos, a la madre. O sea, todo bien, pero yo no quería esa formalidad, ser «el novio oficial». Sí quería una relación, pero no así, más abierta, más relajada, ¿entendés? Bueno, en ese tiempo conocí otra chica, me cayó bien, me hacía sentir menos presionado, y tuve que tomar la decisión más difícil: con cuál de las dos me quedaba. Me decidí por la última, porque era más joven, no tenía hijos y viajaba seguido por trabajo, eso me liberaba de la responsabilidad de marcar horarios y dar explicaciones. Llegó el día y se lo dije a Claudia, lo mejor que pude claro, y le dio un ataque de histeria. Ojo, que no era mi intención lastimarla, pero ponete en mi lugar: con las dos no podía salir porque iba a ser para quilombo, así que decidí cortar con lo sano con una de ellas. Y bueno, le tocó a Claudia. Fue muy estresante. Me llamaba a cada rato, me lloraba, me pedía explicaciones, en qué se había equivocado, buah buah. Ay, le tuve que bloquear los teléfonos, el email, el messenger, porque me estaba volviendo loco.
Una semana después de esto, me llaman de la recepción de mi trabajo, que me buscaban. Cuando bajé, vi a dos chicos. Dos chicos, con ropa de colegio. No entendía nada.
–¿Vos sos José María? –dijo la nena, la mayor de los dos. Ahí la reconocí: era la hija de Claudia, la del medio, me di cuenta por las fotos que tenía en la repisa. Le dije que sí, y me habló con un aplomo de matón profesional y una mirada que me puso la piel de gallina:  
–Le rompiste el corazón a mamá. Muy feo.
En un instante, no sé ni cómo, metieron las manitos en los bolsillos, y me tiraron una especie de bombitas como ésas que usan en los juegos de paintball, ¿viste? color azul y rojo. Me quise morir, ¡me arruinaron la ropa! Cuando reaccióné, ya estaban poniendo los pies en la vereda, caminando lo más campantes hacia la esquina. En eso viene el de seguridad, y me dice si quiere que agarre a los mocosos. No, le dije yo, ¡si son chicos! ¿qué vas a hacer, meterlos en cana? Dejalos, seguro quieren que ahora llame a mamá para contarle lo que hicieron, pero a mamá no la voy a llamar. Obvio que todos los que estaban en ese momento en la recepción me miraron y se cagaron de risa. Yo me tuve que hacer el idiota y quedarme el resto del día con el traje manchado de tinta roja y azul. Imaginate qué papelón. Bueno, eso fue un lunes. El jueves, llego al departamento, abro la puerta y siento que algo viscoso se me cae encima. Enciendo la luz. Tinta roja. ¡Pero la puta madre! En ese momento justo el vecino de al lado abre la puerta y sale con el perro, se pegó un susto bárbaro, pensó que era sangre. Le pregunté si había visto a alguien, y me dijo que no y se fue, mirándome como a un loco. Le pregunté después al encargado, a la vecina de enfrente, en fin, nadie había visto nada. Chicos con demasiado tiempo libre y ganas de joder, pensé que era mejor ignorarlos, en algún momento se iban a cansar.
El sábado, estaba por salir a buscar a mi hijo, cuando quiero abrir la puerta, estaba trabada. Como un boludo metí la llave en la cerradura y se quedó trabada. Por el olor, me avivé que alguien había sellado con silicona todo el borde de la puerta y que metieron algo en la cerradura que la dejó trabada por completo. Tuve que llamar a mi ex, decirle que iba a llegar un poco más tarde. Después, llamar al cerrajero, que después de cobrarme una fortuna se me rió en la cara. Le di unos mangos extra al portero para que abra bien los ojos y se fijara quien entraba o salía del edificio, porque si llegaba a verlos yo a los pibes de Claudia con las manos en la masa, los mandaba directo a la correccional de menores.
Lo peor vino después. No sé cómo, te juro que no sé cómo, me empezaron a caer emails con mi misma dirección diciéndome que le pida perdón a Claudia por hijodeputa. ¡Como si yo mismo me los hubiese mandado! Le pregunté al gerente de sistemas, me dijo que había programas que podían hacer eso pero que era difícil rastrearlos y sarasa sarasa. Já, ese gordo estúpido nunca te soluciona nada. Días después, miré mi perfil en el sitio web de citas que te conté, ¡me habían cambiado todo! Decía que era un garca, un inmaduro, que tenía el pito corto, bueno en fin, te imaginarás. No te rías. Después, me empezaron a caer mensajes de mi novia mandándome a la mierda. ¿Pero por qué? Porque, me decía, se enteró que yo le mandé un mensaje a la amiga queriéndomela levantar. Pero no fue así, ni siquiera conocía a la amiga. Me quedé pensando, ¿podían tres pendejos usurpar la entrada a mi edificio, mi email, mis perfiles, y ahora mi número de teléfono como si nada? Me dio un ataque de paranoia. No podía dormir, escuchaba ruidos, los imaginaba haciéndome alguna chotada. Me sonaba el teléfono o el celular, me daba miedo atender porque a veces era gente que no sabía ni quien era pero que me estaban devolviendo llamadas que no hice, otras veces no contestaba nadie. Llegaba a casa casi con miedo. Mi hijo me preguntaba si estaba bien, aunque trataba de disimularlo, cada vez me costaba más. Estaba irritado todo el tiempo, preguntaba veinte veces antes de que me pasaran llamados. Un día me llamaron de Recursos Humanos y me aconsejaron que viera a un psiquiatra. Ahí dije, basta. Esto se tenía que acabar.
Fui a casa de Claudia, directamente. Me atendió ella, me miró como con sorpresa y desdén. Ahí le pedí perdón, le dije que los hijos me estaban volviendo loco con sus bromas pesadas y que quería terminar con todo eso. Primero, me miró como a un lunático. Después, me metió un cachetazo. ¡Sí, un cachetazo! Me dijo bestia, cómo me atrevía a acusar así a sus hijos, angelitos de Dios los tres, que jamás se atreverían a molestar a nadie, y que me iba a denunciar por acoso si seguía hablando esas barbaridades. En eso tenía razón, no tenía pruebas. Eran ellos contra mí, y me habían ganado. Me fui. Me subí al bondi y dese la ventanilla los vi, juro no sé si fue real o aluciné, a los tres chicos parados en la esquina, mirándome. El bondi arrancó en ese instante, y los tres me hicieron así con las manos derechas, la señal de la paz.
Y santo remedio. Se terminaron las jodas, los emails, las llamadas. Decidí dar de baja mi perfil de ese sitio web de citas. Desde entonces, no salí más con nadie. Le dediqué más tiempo a mi hijo, ahora voy a buscar todos los días al colegio, vamos juntos a clases de tenis, fútbol, al cine...
Pero, esperá. El sábado pasado algo me dejó los pelos de punta. Mi hijo se estaba bañando y le llegó un mensaje al celular. Se lo miré, porque a lo mejor era mi ex preguntando a que hora llegaba a la casa y ya veníamos bastante retrasados.
El mensajito venía de un tal Gonza, y decía esto: "hola Nano, me alegra q andes mejor c/tu viejo, mi mamá bien y de novia otra vez, al final salimos ganando todos jajaj - abrazo".
–Y que te sorprendió de ese mensajito. –dije yo, por fin.
Él se terminó todo el café y puso la mano sobre el volante.
–Que Gonzalo se llama el pibe mayor de Claudia. Y me enteré que, en efecto, ella está saliendo con alguien ahora. Cuánta casualidad, ¿no?... Bueno, vamos yendo que es tarde, te dejo en tu casa.
En el camino, me preguntó que opinaba de toda esa historia. Yo, sin ahondar demasiado en la psicología, le dije que los chicos son chicos y es normal que hagan travesuras, pero que detrás de esas trastadas nos están queriendo decir algo, nos están llamando la atención; no hay que subestimarlos.
Me preguntó si yo tenía hijos. Le dije que tenía una hija de ocho años, y que si bien era una nena muy buena y dulce, una vez se mandó la guarrada de meterle caca de perro en el bolsillo del saco a un novio que yo tenía por el simple hecho de que no le había caído para nada simpático.

Cuando llegamos a la esquina de casa, se despidió como un buen amigo. No me pidió un beso, o mi teléfono, o de vernos otro día para tomar un café ni nada parecido.
Imaginé que el pobre Cristo iba a cargar con esa cruz durante un largo tiempo. Qué terrible.


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