miércoles, 30 de noviembre de 2011

Después de un año

'Butterfly on Laptop' | Stock.xchng »


RoloGo: hola q contás tanto tiempo
DivaSoy: Hola
DivaSoy: quien sos?
RoloGo: no te acordás de mí
DivaSoy: la verdad que no, ni de casualidad
DivaSoy: debería?
RoloGo: bueno te cuento, soy Rolo
RoloGo: nos conocimos por chat
RoloGo: quedamos en vernos varias veces en el centro
RoloGo: pero vivo lejos y se me complica
DivaSoy: lejos? 
DivaSoy: a cuántos kilómetros de Buenos Aires?
RoloGo: Devoto
DivaSoy: ah sí pufff relejos, hay q tomar avión
RoloGo: no me gusta el centro
RoloGo: es un loquero siempre
RoloGo: seguís yendo a la facultad?
DivaSoy: ahora no, tuve que dejar para el año que viene
DivaSoy: xq?
RoloGo: no no soy profesor de filosofía
RoloGo: cuando hablamos la última vez me dijiste q a lo mejor necesitabas ayuda
RoloGo: para rendir un final
DivaSoy: ah
DivaSoy: pero Filosofía la cursé hace un año y medio!
RoloGo: y como te fue
DivaSoy: aprobé ahí, por un pelito
DivaSoy: ya pasó a la historia
RoloGo: ahora que es de tu vida?
DivaSoy: mi vida es muy larga de contar y no sé si tengo tiempo 
DivaSoy: o ganas
RoloGo: dale contame, me gustaría saber de vos
DivaSoy: hummm
DivaSoy: a ver, decime la verdad
DivaSoy: estás al pedo o estás aburrido
DivaSoy: te acordaste de mí DESPUES DE 1 AÑO nada mas q para hacer tiempo
DivaSoy: me equivoco?
RoloGo: :-)
RoloGo: adivinaste
RoloGo: jajaj
RoloGo: y también me acordé de vos porque sos linda
DivaSoy: :-S
DivaSoy: claaaah!
DivaSoy: ahora resulta q soy el payaso de cualquier pelagatos
DivaSoy: xq no te vas bien pero bien a la rep&#%=/@&!*”?????

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:·:

lunes, 28 de noviembre de 2011

Ligera sospecha

Lucifer in cute cat disguise by ~Erkil | Deviantart.com »

El felino trepó al sillón de un salto y se la quedó mirando fijo. Ella temió, por un momento, que la mascota de su novio le hiciera un bufido para ahuyentarla de su territorio. O peor aún, que intentase darle un zarpazo en la mano como en otras ocasiones.
Pero no sucedió nada de eso. Éste caminó hacia ella, la olfateó cuidadosamente, luego fregó el pescuezo en su regazo, ronroneando. Ella lo acarició dulcemente y así hicieron las paces.
Ese pequeño acto confirmó su sospecha y la convenció de ir a la farmacia cuanto antes por un test de embarazo.


:·:

jueves, 24 de noviembre de 2011

"Love of my life" by Freddie Mercury (Queen)



Recordando al más grande cantando la canción de amor más bella.

❤♫ ♬ ♪

martes, 22 de noviembre de 2011

Hiper(des)conectado

I love my smartphone by *Nhadala | Deviantart.com »

Pese a que tengo una larga lista de amigos, colegas, admiradores, admirados y otras yerbas en Facebook, nunca me imaginé que alguno suficientemente interesado tuviera el coraje de salir de la virtualidad. Sucedió una tarde, así de casualidad. Empezamos a chatear y me invitó a tomar un café al día siguiente. Yo acepté y quedamos en encontrarnos ese jueves a la tarde en el nuevo Starbucks de San Telmo.

Llegué casi casi puntual, pero no lo ví por ningún lado. Hacía calor y me apetecía algo fresco, así que me pedí un vaso grande del nuevo Green Tea Lemonade y me senté en un cómodo sillón a esperar, mientras hojeaba el diario olvidado en la mesita.
Al rato veo a alguien del lado de afuera de la entrada, que calzaba justo con la imagen que el susodicho tiene en su avatar facebookiano. Hablaba por celular, riéndose, y así estuvo un buen rato en la esquina. Cuando al fin entró, me hice la tonta para ver si me reconocía, pero no. Se paró en medio del salón y me llamó al celular. La melodía de mi aparatito sonó. Levanté la mano, pero no sé si no me veía o tenía un serio problema de astigmatismo. La cosa es que tuve que atender para llamar su atención.
–¡Ay, no te había visto! –me dice, al saludarme.
(Y con esta melena roja, como para no verme...)
–Disculpame la demora, –continuó. –se me complicó un asunto de laburo, viste cómo es esto, ¿no? 
Si no hubiera sido porque lo vi en la vereda parado cagándose de risa, se lo hubiese creído.
–Sí, me imagino, cuando uno es impresindible... –contesto yo, con sarcasmo. 
Fue con un café y mientras hacía el pedido, lo vi teclear frenético en su smartphone durante todo el tiempo que duró el trámite de pedir, pagar y esperar su pedido.
Cuando por fin llegó, apenas tuvimos tiempo de hablar uno o dos minutos cuando su celular hizo ruidito, indicando que tenía un mensaje. Él, apurado, lo agarró, lo miró, se rió y contestó. Pasaron otros dos o tres minutos que volvió a sonar. Él, procedió a atender, dejándome a mi hablando sola, sin siquiera pedir disculpas por la interrupción. Para qué.
Segundos después vuelve a sonar, pero esta vez era una llamada, él contesta, habla durante un rato con no se quién y se ponen de acuerdo para jugar un partido de fútbol esa misma noche.
–Listo... sorry, ¿qué me decías? –dijo, cuando terminó de hablar. Yo, a esa altura, tenía los nervios de punta, y ya me había tomado todo el vasote de limonada.
Retomé (o remonté) como pude la conversación pero otra vez (¡sí, otra vez!) suena el maldito teléfono. Esta vez hablaba con alguna señorita y se pusieron a dilucidar cuál sería el mejor regalo para un cumpleaños de quince...
Empecé a ponerme de mal humor. Cuando por fin cortó y volvió a rezar su "ay en qué estábamos", le dije sin rodeos:
–¿No te molestaría apagar un rato el teléfono? ¿O silenciarlo?
–¿Qué? ¿Te molesta?
–contestó medio cocorito.
–Por si no te diste cuenta, no pudimos tener una conversación coherente desde que llegaste.
–¡Pero necesito estar comunicado! Soy periodista 2.0, Community Manager y...
–¿No podés prescindir de la comunicación por quince minutos? Es muy feo cuando te juntás a charlar con alguien y ese alguien no te sigue el hilo de lo que estás contando porq...
Otra vez, el sonidito del aparato cortamambo. Y el, nervioso y apurado, como si su vida dependiera de ello, lo agarró para leer el mensaje.
–Tenés un problema grave, eh. –le dije cuando volvió su atención a mí. –Si se te llega a romper el aparato o te lo afanan, caés enfermo de un síncope y corrés a la tienda más cercana a comprar otro, cueste lo que cueste.
–Lo que pasa es que sos una anticuada, no sé en qué mundo vivís.
–En el mundo real vivo, y tu problema es que querés estar en todos lados y al final no estás en ninguno.
–Sabés, no me gusta nada tu actitud. Es infantil.
–¿Yo infantil? –y me reí con una fuerte carcajada. –¡Mirá quién lo dice! ¡El que tiene problemas para dejar el chupete!
Sonó de nuevo el aparatito y el señor contestó. Se puso a hablar con vaya a saber quién, y poco me importó ponerme de pie, agarrar mi cartera y mandarme a mudar. Me habló, pero no le di bola: ya había sacado mi teléfono y simulé que hablaba con alguien para devolverle el gesto. Salía la calle y en la esquina me subí a un taxi.
Cuando llegué a casa, y ya más tranquila, lo borré definitivamente de mis cuentas de Twitter, Facebook, Linkedin, Google+ y Quora. Me llegaron varios SMS suyos, pero a todos los eliminé sin siquiera abrirlos, y ya que estaba puse su número en la lista negra para que sus llamados se pierdan en la letrina del cyberespacio.

Porque soy así de anticuada e infantil #chupala, ¿sabés? :P


:·:

lunes, 14 de noviembre de 2011

Inmortales


"Los amantes de Valdaro", así llamaron los arqueólogos a estos restos óseos hallados en Mantua, Italia. Dedujeron que tenían al menos 6 mil años de antigüedad y que se trata de un hombre y una mujer jóvenes, que murieron abrazados. A él le encontraron una punta de sílex en las cervicales, a ella otra en un costado. El hallazgo emocionó a más de uno, ya que no se encontró un caso parecido hasta el momento.
El hecho de su muerte es, todavía, desconocido. Pero coincidentemente, Mantua se encuentra muy cerca de Verona, ciudad dónde se sitúa la tragedia Romeo y Julieta de Shakespeare.

Un hecho curioso que me hizo pensar que hay amores que la muerte no separa y que, en algunos casos, se hacen inmortales.

:·:

martes, 8 de noviembre de 2011

Fuego oscuro

All Me
by ~OpenEyez | Deviantart.com »

Arribaron al antiguo hostel de campo al mediodía. La tormenta se cernía amenazante y se desató pocos minutos después de que Alejandra y su hija, Jorge y Nina entraron y se acomodaron en sus habitaciones. Bajaron los cuatro al comedor para comer algo ligero, se acomodaron en los sillones mientras veían la tormenta por las ventanas de la galería.
Alejandra estaba muy interesada en rastrear a una persona en ese lugar. Dispuesta a lograr su cometido como fuera, planeó el viaje una semana antes y se llevó a su hija y a su mejor amiga Nina, que no se encontraba en un buen momento, sentimentalmente hablando. Y Jorge se ofreció a llevarlas a todas en su viejo Valiant, aunque fueran cuatro horas y media de viaje desde Buenos Aires hasta Azul. Estaba dispuesto a no separarse de Alejandra ni siquiera por ese fin de semana largo, en la esperanza de que ella aflojara de una vez por todas y le otorgara el codiciado puesto de "novio oficial".
Nina se retiró con la excusa de darse un baño. Alejandra y Jorge conversaban con el dueño del lugar mientras la nena se iba quedando dormida plácidamente en brazos de su madre.
–Dámela que la llevo a la cama. –dijo Jorge, en voz baja. Tomó a la nena en brazos y caminó despacio hasta la habitación. Golpeó suavemente y esperó.
La puerta se abrió. Jorge se quedó algo sorprendido.
Entró, acostó cuidadosamente a Sabrina en su cama y luego se dio vuelta a mirar de nuevo a Nina.
–¿Qué? –dijo ella.
Por primera vez desde que la conocía, veía a Nina a cara lavada, sin su maquillaje dark: no llevaba los ojos y párpados negros ni los labios rojos, sólo llevaba un poco de rimel y brillo labial rosa. Notó que su piel era sonrosada y no tan pálida como le había parecido siempre. Se había puesto un solero largo de bambula color canela (que seguramente era de su amiga, porque en su guardarropa sólo cabían prendas de tonos oscuros) que dejaba entrever el corpiño negro.
–¿Qué te pasó? –preguntó Jorge, en voz baja.
–Me bañé y me di cuenta que me olvidé el neceser en casa de Ale. Tendré que prescindir del maquillaje por estos tres días.
–Y lo bien que hacés. Ahora sí parecés una mujer de verdad. –respondió Jorge, sarcástico.
Nina lo miró con ganas de que el techo se le cayera encima. Agarró sus cigarrillos y salió rápidamente sin cerrar la puerta.
–Hum, creo que metí la pata. –murmuró Jorge para sí.
Salió, cerrando la puerta cuidadosamente, y se encaminó a donde se había ido Nina. La encontró al final de la galería posterior, sentada en el suelo, fumando, con la mirada perdida en el tranquilo paisaje. La lluvia había cesado y todo en el parque estaba húmedo. Unos pájaros correteaban en el pasto en busca de algún insecto.
–Hola, tonta. –dijo al fin Jorge, en voz baja, con las manos en los bolsillos del jogging y apoyando el hombro en la pared.
Nina giró la cabeza, no dijo nada y volvió a su posición anterior.
 –En serio, estás linda así, al natural, sin esa ropa rara y sin esa pintura negra encima de los ojos. Nunca entendí el objetivo de afearse hasta parecer la hermana de Drácula.
–Vos no entendés nada, jovato. –contestó dando una pitada a su cigarrillo.
–¿Cuál es la onda de vestirse a lo Noche de Brujas todo el año?
Ella no le contestó. Lo miró con una mueca de ironía y lanzó una leve nube de humo. Jorge continuó hablando.
–En mi época, o eras Dark, Punk, Posmoderno o New Romantic. Todavía no se cuál es la diferencia.
Nina giró los ojos y se encogió de hombros.
–Hum, me voy a seguir quedando con la duda, parece.
–¿Y qué esperabas? –dijo ella con sorna. Volvió pitar su cigarrillo y, suavizando el tono de voz, le preguntó: –¿Querés saber por qué soy así? ¿De verdad querés que te cuente?
Jorge se sorprendió y asintió. Se sentó junto a ella, que le habló con tono suavizado.
–Hace muchos años, yo era pendeja, me enamoré como loca de un compañero de colegio de mi hermano mayor. Era, como decías vos, un dark. Siempre vestido de negro impecable. Dibujaba muy bien y escribía poesías. Yo estaba encandilada con su aura intelectual, su aspecto sufriente, casi teatral. Me pareció hermoso. Fue vernos, y flechazo total. Un día… –suspiró, pitó otra vez el cigarrillo y soltó el humo lentamente. –Un día me entero que el idiota fue a parar al hospital por una sobredosis de heroína. Yo fui la primera que cayó en el interrogatorio, y yo te juro que no tenía ni la más puta idea de que se daba con algo tan pesado. Un porro sí, no es nada del otro mundo. Pero esa clase de ácidos, al menos a mí nunca me había mostrado nada. Mis viejos cuando se enteraron se recalentaron y me prohibieron volver a verlo. Me prohibieron incluso que me lookeara como él, ¿podés creer? Cuando se recuperó, nos veíamos a escondidas, y empezamos a frecuentar lugares under. Yo estaba maravillada de toda esa movida... Cómo hacer del sufrimiento una filosofía, y aún así encontrar sentido a esta vida. Volvimos a enamorarnos y fuimos felices. Incluso fantaseábamos con escaparnos e irnos a vivir juntos. –hizo una pausa, dio una pitada más larga y soltó el humo con los ojos cerrados. –Y lo hubiéramos hecho, pero la felicidad nos duró poco. Estuvo en tratamiento para dejar las drogas pero siempre volvía a caer, pasaba de la euforia a la desesperación, a veces me gritaba que no quería verme nunca más y otras veces venía llorando a pedirme perdón y que no lo dejara. Y al final, cagó fuego... Sobredosis. Sufrió un par de días y murió de un paro cardíaco...
Tiró la colilla al piso y la aplastó suavemente. Miró a Jorge con los ojos húmedos.
–Ése fue mi primer amor, el más grande, y juré que iba a ser el último. Me quedé con sus dibujos y sus poemas, como un tesoro. Decidí yo también, en su memoria, abrazar ese credo oscuro, vestir de negro y no permitir que nadie me quiera o me abrace… Bah, nadie no. Mi hermana, Lalo, Alejandra y la nena me abrazan, y yo los dejo porque son los únicos que de verdad me entienden y me quieren tal cual soy. El resto, patada en el orto. Incluso vos.
–Ahora lo entiendo todo… –dijo Jorge luego de una breve pausa. Por primera vez la vio como una mujer, humana en cuerpo y alma, y sintió algo de pena, tal vez porque se vio reflejado en su pena por la pérdida de un gran amor.
–Ya ves, como dice Ale, todo tiene una explicación. –dijo ella.
–¿Y por eso siempre jugás al “toco y me voy”?
–Ajá.
–¿Y pensás seguir así toda la vida?
–¡Mirá quién habla…!
–Qué desperdicio. Es una pena, la verdad.
–Confío en que esto se queda acá y vas a tener la boca cerrada.
–No sé… –dijo Jorge, mirándola desafiante. Ella levantó la vista ceñuda y él continuó: –A lo mejor te gustaría cerrármela con un beso.
El pedido no se hizo esperar. Ella se le acercó y le dio un apretado beso en los labios… seguido de un sonoro cachetazo.
Nina se levantó y se alejó a paso rápido. Jorge se quedó quieto, un poco aturdido, acomodándose los lentes mientras pensaba si eso formaría parte de algún ritual o, peor aún, una maldición de alguna de esas extrañas tribus urbanas. Le dolía la punta de la lengua: seguramente se la había mordido por accidente con el golpe.
Sintió escalofríos y un hormigueo justo ahí donde termina la espalda. Se arrepintió enormemente de haber querido acercarse tanto a ese fuego oscuro.
–¿Qué te pasa? –preguntó Alejandra a Nina al verla cruzar.
–Nada. –dijo ella. Pero no pudo disimular que aún tenía los ojos húmedos.
–¿Nada…? ¿Seguro? –volvió a preguntar su amiga, viendo la silueta de Jorge acercándose por el pasillo.
Nina suspiró, confesó rápidamente y en voz baja:
–Me sentía triste, el tarado éste me quiso abrazar y le metí un sopapo. No entiende que no me gusta que me toquen. Perdoname Ale, no pude evitarlo.
–Ay, tontis, conmigo está todo bien. –dijo, agarrándole las dos manos con dulzura.
Jorge pasó delante de ellas, mirándolas de reojo y tocándose la mejilla colorada.
–Nah, no está enojado. –dijo Alejandra una vez que Jorge entró en su habitación. Guiñó un ojo a su amiga y añadió: –Le hace falta una sacudida amorosa. Yo me encargo de eso más tarde.
Esa fue la primera y última vez que estuvieron tan cerca el uno del otro. A pesar del incidente, Jorge no le tuvo rencor y siguieron siendo amigos durante muchos años, tal vez porque no les quedaba otra opción: ambos estaban fuertemente conectados con Alejandra (ella como amiga y él como amante) y forzosamente tenían que compartirla.
Ninguno olvidó lo ocurrido esa tarde, ni hablaron al respecto hasta que fueron lo suficientemente viejos para confesarlo y reírse del asunto.

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