jueves, 28 de julio de 2011

Amor, felicidad y una copa de Malbec

Heat by ~Kawwl | Deviantart »
–... y creo que a esta altura de mi vida puedo decir que soy feliz. Estoy en paz conmigo misma, me quiero y me acepto tal como soy, y no necesito depender de nadie ni económica ni afectivamente. Es maravilloso todo eso, ¿no te parece?
Agité suavemente mi copa de vino para sentir el delicioso olor del Malbec. Tomé un sorbo, miré a mi interlocutor y casi me atraganto. Me miraba con una ligera mueca de incredulidad y desdén. Alcanzó a balbucear que no estaba muy de acuerdo conmigo y acto seguido, empezó a buscar los cinco pies al gato. Que mi situación económica no era la mejor (apenas cruzo la línea de pobreza), que no tenía una linda figura o un bonito rostro, ni auto o tan siquiera un LCD de 40 pulgadas...
–...si no necesitás nada ni a nadie para ser feliz, entonces ¿para qué querés pareja?
–¿Hace falta estar hecho mierda para eso?
–Hace falta necesitar a alguien.
–Pero yo no lo necesito. La necesidad genera dependencia, como el pucho. Y hasta donde yo sé, eso no es amor.
Me miró boquiabierto. Yo continué.
–Es muy simple. Las personas creen que amar es depender, esperan demasiado del otro y se desesperan si éste no cumple con sus espectativas. Quiero esto, dame aquello. En la juventud tal vez sea así, pero con los años y la experiencia las cosas cambian. Se supone que a esta altura uno ya sabe qué quiere de la vida.
–Ser feliz.
–Pero la felicidad no la dan los aparatitos electrónicos ni hace falta viajar por el mundo sin laburar y con la billetera llena de dólares. Hace falta viajar a un lugar a dónde nadie se atreve a ir: al interior de uno mismo. ¿Y sabés por qué no lo hacen? Porque no se aman. Porque saben que van a encontrar muchas cosas desagradables de las que se van a tener que hacer cargo. Es más fácil ir por la vida tirándole el fardo de los problemas a los demás. Si un persona no es capaz de amarse a sí misma, ¿cómo podría amar a otro, entonces?

Obviamente, me lo discutió, porque por lo visto teníamos diferentes perspectivas de lo que era la felicidad. Para él, la felicidad estaba en igualar todos esos estereotipos que vende la televisión. Y de pronto, encontrar a alguien que rompía con todos esos esquemas, le debe haber movido la estantería. Media hora más tarde y con una excusa pedorra, se retiró.
Lástima, parecía un tipo potable. Pero ahora se va, raudo y veloz, con las manos en los bolsillos, como el apostador que se aleja del hipódromo donde ha dejado la mitad de su sueldo.
Y yo, como una diva, me quedo un rato más en el lugar, con la copa semivacía en la mano y una sonrisa en los labios. En la mesa frente a la ventana hay tres amigos, bastante guapos, y uno de ellos me mira insistentemente. De pronto, alza su copa hacia mí con un gesto amistoso. Le devuelvo el saludo.
No hay mal que por bien no venga.

:·:

miércoles, 20 de julio de 2011

Citas a ciegas

"Cita a ciegas" by Emilio Ferrero

Hoy en día gracias a la popularidad de las cámaras digitales, Facebook, y las crecientes ganas de exhibirse de la gente, las citas a ciegas cayeron en deshuso. Conocer a alguien online es más simple y no hay lugar para las excusas. Pero hace diez años atrás tenías que arriesgarte: casi nadie sabía que existían los escáneres o las cámaras digitales (o se hacían que no sabían). Entonces, tenías que pedirles que se describan físicamente. Y te la pintaban que eran Brad Pitt mas o menos. Cuando te encontrabas con el candidato te querías matar. Nada que ver con la sanata que te mandó; si no era espantoso era ganso o aburrido, o esas tres cosas juntas. Te daban ganas de ser abducida por los extraterrestres en ese preciso instante. "Es que si te decía la verdad no me ibas a dar bola" era toda la respuesta que recibíamos ante tanta falta de objetividad y deshonestidad. Sin palabras.

Ojo, que también hubo casos de mujeres, y en esto ellos dicen que nosotras somos mucho más mentirosas, y que encima, si mostramos fotos, están todas photoshopeadas mal o son de al menos de hace 10 años atrás. En todos lados se cuecen habas, e Internet vendría a ser como una cacerola gigante.

Aún así, una foto no te salva de encontrarte con una persona que no tiene los patitos muy alineados que digamos. Que es lo que me viene sucediendo a mí a menudo últimamente. Pero al menos te da la pauta de saber que es un ser humano, un ser de carne y hueso (ah sí, porque existen "bots" y "marionetas", un tema largo de contar que merece un post aparte), y mientras más fotos nos muestre mejor, porque nos ayuda a reconocer al otro a través de los momentos en que se sacó esas fotos.

Gracias a Emilio Ferrero por el chiste. Visiten su página de Facebook y háganse fans. Por amor al humor :-D

:·:

lunes, 18 de julio de 2011

Qué triángulo más bizarro se armó

cool relations by grechka | Deviantart.com »
Teniendo en cuenta que chateo desde 1996, y he pasado horas, pero muchas horas, conversando en chats, servicios de mensajería instantánea y similares, puedo decir con vehemencia que las he visto todas, o casi todas. Pero de todas esas, hubo una situación en particular que fue la más chusca de todas las situaciones chuscas que tuve hasta el día de hoy.

Esto sucedió aproximadamente en 1998. Chateando, conocí un flaco, divertido, buen conversador. Nos pasamos los ICQ y seguimos durante varios meses chateando por ahí. Ya desde el vamos me raro que cada vez que le pedía una foto me ponía mil excusas: que no tengo cámara digital, que no tengo scanner, que hace mucho que no me saco fotos, bla bla bla. Después de tanto insistir me mandó una fotito chiquita, algo borrosa, que no se distinguía mucho, pero algo era algo. Y no me parecía feo. Poco después pasamos de chatear a hablar por teléfono dos o tres veces por semana. Todo un romance a distancia. Me gustaba y encajaba tan bien conmigo que quería conocerlo personalmente. Se lo decía todo el tiempo, y me esquivaba con excusas pedorras: que no puedo, que vivo lejos, que soy muy tímido. Le puse un ultimátum y poco después ¡por fin! me invita a salir. No renegué de mi buena suerte: quedamos en encontrarnos ese viernes en el Village Recoleta.
Cuando lo ví, guau, no me lo esperaba. ¡Era un bombón! Tenía una sonrisa que te hacía caer hasta las pestañas postizas. Aunque se parecía a la imagen de la fotito que me había enviado, la voz... la voz extrañamente no coincidía en un cien por ciento con la voz del teléfono. Tenía otro matiz. Dejé pasar el detalle, y nos fuimos a tomar un trago. Hablamos durante tres horas de muchas cosas. Me llamó la atención que no recordara casi nada de mi vida, y eso que hablamos durante tanto tiempo que no había posibilidad de que se equivocara. Pero sí, se mandó un par de incoherencias, y zafó sugiriendo un paseo por el Buenos Aires Design. Allí me deslumbró: me regaló flores, me dio un beso, me levantó a upa como un príncipe a su Cenicienta y terminamos pasando una noche desenfrenada en un hotel alojamiento de Barrio Norte.
Después de eso, no supe de él por varias semanas, hasta que un día se volvió a conectar. Estaba de pésimo humor, mala onda, discutimos por boludeces, me tildó de hueca y frívola, y se desconectó. "Bueh, qué le habrá picado a este loco" pensé yo, y no le di bola al asunto. Pasaron un par de días y me llama directamente al celular, diciendo si nos podíamos encontrar esa misma tarde. Casi lo mando a freír rabanitos, pero tanto me insistió que terminé diciendo que sí de mala gana. Todos los reclamos que tenía para hacerle se me esfumaron cuando me sorprendió otra vez con un ramito de fresias, una cena en el Alto Palermo y otro momento de desenfreno en su auto en una esquina oscura cerca de la Costanera. Después de eso, de nuevo pasaron varios días sin verlo online.

Una noche me llama por teléfono y me pide que me conecte, porque tenía algo muy importante que hablar conmigo. Yo, intrigada por tanto misterioso cambio de humor, me conecto, y entonces, me confiesa lo siguiente:
–Ale, te había contado que había tenido un accidente con la moto hacía un par de años, pero lo que no te dije es que, como consecuencia, me quedó una cicatriz del lado derecho de la cara. Me avergonzaba tanto de mi aspecto hasta el punto de casi no querer salir de casa ni socializar. Por eso, el chat fue la única forma de conocer gente que no me juzgara. Cuando te conocí a vos, me gustaste tanto que sentí que si no hacía algo, tarde o temprano te iba a perder o te ibas a aburrir de mí. Tomé entonces una determinación: hablé con mi hermano menor, le conté la situación y le pedí que tomara mi lugar para ir a tomar un café con vos y que te contara todo esto, para que no creyeras que yo era un raro. De ese encuentro me contó cualquier cosa, que eras una histérica y que te fijabas mucho en la apariencia, cosa que no le creí demasiado. No me enteré de lo que pasó entre ustedes hasta que los vi de casualidad a la salida del Alto Palermo, de la mano y a los besos. Ahí me di cuenta que él no había dicho la verdad a nadie, ni a mí ni a vos. Me morí de celos, quise matarlo, discutí mucho con él, pero al fin y al cabo, el que tuvo la brillante idea fui yo. Casi le arruino el matrimonio a él (está casado hace 7 años y tiene un nene de 4 años), pero lo más importante de todo es que arruiné mi relación con vos.
Yo no reaccionaba. Era como estar metida adentro de una novela de cuarta. Lo único que se me ocurrió tipear fue:
–Me estás jodiendo...
–No. Te juro que no. Para que veas que todo esto que te estoy diciendo no es un cuento chino ni mucho mens una excusa, te mando una foto que nos sacamos en Navidad. Aceptala.
Recibo el archivo, lo abro inmediatamente y casi me caigo de la silla. Allí estaba él, con la cicatriz en el costado de la cara que le desfiguraba las facciones. Al lado estaba su hermano, el tipo divino que yo conocí, con su hijo en brazos. Ahora sí, todo encajaba perfecto. "Ay no, no puede estar pasándome esto a mí..." pensé yo. Casi me doy la cabeza contra la pared. Cuando me serené un poco, empecé a tipear:
–Tu problema no era para matar de vergüenza ni de susto a nadie. Yo te hubiese aceptado igual, porque eras una persona muy especial más allá de lo físico. No sé si te das cuenta qué triángulo más bizarro se armó. ¿Cómo carajo quedan las cosas con tu hermano, que se comió a tu minita dos veces? ¿Cómo quedo yo con él, que me mintió tan descaradamente? ¿Cómo quedarías vos con tu cuñada si se entera de todo esto? ¿Nos bancaríamos vernos todos juntos en una reunión familiar? ¿Con qué cara los miraría yo a todos ustedes?
–Creo que sería una situación de mierda.
–Tal cual. Por lo tanto, esto no da para más, se debe terminar acá. Lo que comienza con un engaño difícilmente funcione bien.
–No tengo palabras, la verdad que fui un pelotudo. Estoy desesperado, lo que hice ya no puedo arreglarlo.
–Y no. Ya sabés para la próxima, lo que NO tenés que hacer. Te quiero, cuidate. Besos.

Acto seguido, lo bloqueé del ICQ, del teléfono y de mi vida para siempre.

El trauma me duró un par de meses, y mientras tanto empecé a dar largas caminatas por el parque después de la oficina, para mantenerme lo más alejada posible de la computadora y de las salas de chat.

:·:

viernes, 15 de julio de 2011

Billetera mata galán

Pay Up by Latifalshamsi | Deviantart.com »
Nunca me voy a olvidar de la cara de Jorge aquella vez que salimos a cenar. En un momento pidió la cuenta, y el mozo se la trajo. Conversábamos mientras buscaba en sus bolsillos, primero despreocupadamente y luego con algo de nerviosismo. Frunció un poco el labio, como suele hacerlo cuando se pone nervioso, y empezó a ponerse colorado. Era la cara perfecta de un perfecto desesperado.
–¿Qué pasa, muñeco? –preguntó.
–Yo... eh... –balbuceó mientras seguía revisando nervioso todos los bolsillos habidos y por haber en su camisa, su saco y su pantalón.
El mozo apareció y entonces yo, más veloz que la Mujer Maravilla, saqué mi tarjeta de débito de la cartera y la coloqué en la bandeja junto con la libreta y la cuenta. El mozo se retiró con ella.
Jorge me miró con los ojos muy abiertos, como si acabara de venderle mi alma al diablo.
–¿Qué? –dije, tomando un sorbo de vino de su copa.
–Se... se supone que el caballero siempre paga la cuenta. –me dijo en voz baja, algo molesto.
–No seas anticuado. Además, ¿me parece o no tenés tu billetera?
–No, no sé... la perdí, o me la chorearon... pero no, no puede ser. Yo la tenía...
–Para mí que se te cayó en el auto. Pero tranqui, la buscamos cuando vayamos para allá. Igual ya está resuelto el tema.
–Bueno pero no, no debe ser así. Cuando la encuentre decime cuánto te debo...
–No seas cavernícola, che. Además, ¿somos o no somos amigos?
–Ese no es el punto.
–El punto es que, al poner yo mi tarjeta, se te pinchó el orgullo.
–No, tanto como eso no, pero...
–¡A veces sos tan pero tan anticuado, Jorge!
–Nada que ver. Soy un caballero.
–Y como buen caballero, dejarás entonces que la dama se salga con la suya esta vez.
Lo miré con una sonrisa. El se aflojó y también sonrió. Luego dijo:
–Es la primera vez que una chica me paga la cena. Me siento un miserable.
–Siempre hay una primera vez para todo.
–Sabés, mi abuelo y mi papá siempre decían que un hombre nunca debe permitir que una mujer pague nada, así sean dos monedas. Es exponerse a quedar como un amarrete de cuarta, como un pelotudo, o peor aún, es como cederle a ella el control de la situación.
–Ah, ya entendí: juego de poderes.
–Ehm, sí, algo así.
–El dinero genera poder, y el poder seduce.
–Conceptualmente sí.
–De ahí el famoso "billetera mata galán".
Y nos reímos a carcajadas. Cuando me calmé, lo abracé y le dije al oído.
–Escuchame tres cosas. Una, la pasamos bárbaro, ¿o no? Estoy de buen humor, tengo la panza llena, y estoy con vos. Dos, la plata vuela, sea de quien sea, así que hay que disfrutarla. Y tres, espero que, a pesar de haberte quitado un poquito de poder hoy, me sigas llamando para salir.
–Lo voy a pensar.
Yo ni lo pensé. Lo besé, porque eso era lo que más me gustaba de él: que era chapado a la antigua, más por educación que por convicción; pero una virtud como esa era más que irresistible para una mujer moderna como yo.
El mozo repareció en escena con la tarjeta, el ticket y el voucher, y se retiró. Firmé, dejé la propina y nos levantamos.
Camino al estacionamiento Jorge seguía algo abatido mientras yo me seguía riendo de las ocurrencias. Abrió la puerta, buscamos en el interior y finalmente encontramos la famosa billetera desaparecida en el piso, frente al asiento del conductor.

:·:

jueves, 14 de julio de 2011

miércoles, 13 de julio de 2011

Belleza, inteligencia y... coherencia

AMULTI MANOS by ~equisxxx | Deviantart.com »
Suena el rinrin del Skype. Abro la llamada. Es un quía, vamos a ponerle por nombre Mr. Ser, que me dice:
–¡Hola! ¿Vas a estar en tu casa hoy?
–No. En un rato me voy.
–¿A dónde vas?
–Tengo una reunión a media mañana, de ahí me voy a la oficina.
–¿Y más tarde?
–A las 19 hs tengo un workshop. Y de ahí a casa con mis hijos.
–Pero che, ¿siempre estás tan ocupada?
–¿Y qué pretendías de una mujer inteligente e independiente? ¿Que me quedara en casa todo el día esperando que me llames?
–No, tanto como eso no pero...
–¿Y qué hay de vos? ¿Sólo me llamás para salir cuando tenés tiempo? Hoy seguro tuviste el día libre y como estás aburrido se te ocurrió pensar en mí.
–No... No es así. Pero no sé, siempre estás haciendo cosas...
–De mi trabajo depende mi subsistencia y la de mis hijos. Ojalá me pagaran por ser tan linda, o por comentar en Facebook o Twitter, pero no sucede. Además, mi profesión me exige estar actualizada, por eso voy tan seguido a los workshops, cursos y eventos de networking. Roca que rueda no junta moho.
–Entiendo...
No, en realidad no entendió nada porque al otro día me sacó de su lista de contactos. Eso es algo por lo que nunca voy a entender a los varones de mi generación: exigen de una mujer belleza, inteligencia, independencia, y después no se la bancan. Encima de todo lo anterior, ¡pretenden que tengas tiempo para ellos cuando a ellos se les antoja!
Si le hubiese dicho que tengo todo el tiempo del mundo porque total me rasco a cuatro manos todo el día mirando novelas y tomando mate con facturas, total vivo de planes sociales, asignaciones universales y cada tanto voy a los actos proselitistas por plata o por el chori y la coca; y encima estoy más desgreñada que una mula, tampoco me hubiese dado bola.

En fin, a algunas personas les falta coherencia. Con razón no cojen.

Bueno... las que sí tenemos coherencia tampoco. No sé cómo es la historia acá.

:·:

domingo, 10 de julio de 2011

"No me ama"


Escrito, dirigido y actuado por Martin Piroyansky
Twitter: @martinpiro

Una interesante y divertida historia sobre aquello que todos nos preguntamos alguna vez en algún punto de una relación: ¿me ama? ¿no me ama? ¿por qué nunca me lo dice? ¿hay que decirlo siempre? ¿por qué?

No sé si esta historia aclara las dudas, pero a mí me gustó.

:·:

viernes, 8 de julio de 2011

Amores (im)perfectos

Lonely Fisher by ~Latyrx | Deviantart »
–¿Por qué te casaste con Amalia? –pregunté.
–Porque era perfecta. –contestó él, mirando su café.
–¿Y por qué te querés separar ahora?
–Porque sigue siendo perfecta. Y yo el mismo boludo de siempre.
Vaya respuesta.
Esta conversación sucedió hace varios años, con Gabriel, el jefe de la redacción. Mi jefe. Hacía poco que trabajábamos juntos y aquella tarde volvíamos de una nota. Nos tomamos un descanso y fuimos a tomar un café antes de volver a la oficina. Parecía más cansado que nunca, con ganas de hacer catársis, así que lo dejé hablar. De paso, lo iba conociendo un poco más.
–Es difícil remarla con alguien que hace todo bien. –declaró.
–Peor es remarla con alguien que te quiere hacer creer que hace todo bien...
–¿Y vos por qué te separaste? –preguntó.
–Primero, porque el quía nunca quiso compromiso exclusivo conmigo. Él quería seguir haciendo su vida de soltero y bon vivant. Y como para vender humo siempre fue muy bueno, me vendió una relación que no andaba desde el principio, pero me convenció de que era así por culpa mía. Que si las cosas no funcionaban era porque yo era un ser inferior que no merecía el privilegio de estar con un semidiós de su talla.
–¡No jodas! ¿Te manipulaba psicológicamente?
–¡Puf! Me llevó litros de lágrimas y horas de terapia sacarme esa idea de la cabeza. Así fue que un día tanto me jodió que dije basta, le hice frente y gané la batalla. David contra Goliat. Nadie daba dos mangos por mi causa, pero al final gané el juicio. Creo que le dolió más perder plata que perderme a mí y a la hija. Aún así intentó arreglar las cosas una y mil veces, no porque hubiese madurado sino porque su ego no podía permitirse semejante derrota.
–¡Qué personaje! Bueno... me siento menos solo ahora.
–Sin embargo vos todavía estás a tiempo de poner un parche en el fondo del bote.
–El bote no se va a hundir aunque tenga mil agujeros, porque Amalia también es de las que no aceptan ni una derrota en su vida. Así que hasta donde pueda seguiré remando. Y cuando no pueda más, si no me muero antes, me escaparé nadando una noche sin luna y terminaré mis días náufrago pero feliz en una isla desierta.
Nos reímos y dimos por terminado el descanso. El resto de la jornada (que prometía ser larga) nos esperaba.

:·:

lunes, 4 de julio de 2011

Te lo merecías

Person waiting for its flight at Frankfurt Airport in the morning. | Stock.xchng »
–No sé si vuelvo, no sé si voy a querer volver. –dijo la chica, ligeramente exasperada.
Su interlocutor la miró de hito en hito. Él era joven, tenía una barba corta; ella también era joven, bonita y de pelo corto. Siguieron hablando en voz baja. Yo desvié la mirada de la revista que tenía para ver si escuchaba algo más de la conversación, pero apenas capté algunas palabras sueltas. Él, pocos minutos después, bramó: “¡Hacé lo que quieras!” y se alejó furibundo. Todos se dieron vuelta a mirar la escena, pero poco después volvieron a sus asuntos. Ella se quedó inmóvil como una estatua, luego se sentó a dos asientos del mío, abatida. Sollozaba despacio. Me dio pena, pobre piba. Saqué de mi bolsillo el paquetito de pañuelos descartables y se la extendí con una sonrisa condescendiente. Ella me miró desconfiada unos segundos, pero luego las tomó y me agradeció con un hilo de voz.
–¿Vos también te vas? –me preguntó, luego de unos minutos.
–No. Vine a esperar a mi jefe.
Me miraba como deseando seguir la conversación, entonces continué: –Lo pone nervioso volar y siempre se toma un whisky doble para soportar el viaje. Entonces llega ya medio mamado y no sabe ni cómo se llama. La mujer no soporta verlo así, entonces tengo que venir yo a rescatarlo de los papelones.
Se rió. Me contó brevemente que se iba a París, que había sido premiada con una beca para perfeccionarse en algo relacionado a las artes audiovisuales, y que todos los de su entorno estaban muy contentos con su suerte...
–... todos excepto mi chico. Ese tarado que se fue a la mierda hace un ratito.
Suspiró y miró al suelo. Se pasó el pañuelo delicadamente por el ojo izquierdo.
–Estudia con vos, ¿no? –le pregunté.
Levantó la cabeza y me miró con los ojos muy abiertos. Asintió mientras se secaba la nariz.
–Está celoso, y los celos son malos consejeros. Le molesta mucho que te vayas lejos y tal vez conozcas a otro, pero lo que mas le jode es que ganaste una beca que él también quería, no porque le hiciera falta sino porque es híper competitivo.
Frunció el ceño y se quedó, pensativa durante un rato. Luego balbuceó:
–Cierto. No le gusta perder ni a las bolitas. Y también quería esa beca... Sos bruja.
–Algo de bruja, y buena observadora. Los tipos como él son un lastre, creeme, si querés volar alto tenés que liberarte de todo el peso inútil...
De pronto, el altavoz anunció que el vuelo desde Caracas había arribado.
–Bueno, ahí llegó mi jefe querido... ¿Sabés una cosa? Cuando llegues a París, desahogate todo lo que quieras, llorá hasta inundar el baño. Y después ponele toda la pila a tu carrera. Los hombres van y vienen, las oportunidades no. Besos y éxitos.
Me despedí con una sonrisa y movimiento de mano. Caminé a paso ligero hasta la puerta de arribos. Vi venir a Gabriel, mi jefe, a paso lento, con los ojos algo hinchados. Medio adormilado me sonrió y me dio un abrazo como un chico que se encuentra con su mamá a la salida del kinder. Lo ayudé a encontrar sus anteojos y liar con la documentación para retirar la valija.
Años después, vi a esa misma piba por televisión. Recibió un premio por un corto de cine y le estaban haciendo una entrevista. Se me puso la piel de gallina cuando la escuché hablar:
–... y tuve mucho miedo cuando me fui de Buenos Aires, hace tres años. Estuve a punto de no subir al avión. Pero el consejo que una desconocida me dio esa madrugada me hizo ver que yo tenía una oportunidad única en mi carrera, y no podía desaprovecharla. Ella creía en mí, ¿cómo no iba a creer yo? Los primeros meses en París fueron bastante difíciles porque extrañaba horrores. Pero me esforcé mucho por superarlo, me fue bien, hice mi corto y me premiaron... y aquí en París conocí al amor de mi vida. Eso me hizo ver que algunas cosas no suceden por mera casualidad. Si volviera a encontrarme con esa mujer, le daría las gracias”.
“De nada”, pense yo, con una sonrisa. “Te lo merecías”.

:·:

viernes, 1 de julio de 2011

Más de lo que vale

body by ~skyvood | Deviantart »
Me acuerdo que hace un tiempo, siendo novata en Facebook, me hice amiga de un señor. Era lindo, cuarentón, ojos celestes, y se conservaba bastante bien. Todo un winner. Debo confesar que fue lo primero que me atrajo de él, y como rankeó varias de mis fotos con un "me gusta", me sentí halagada de tener su atención. Pero (oh sí, siempre hay un pero) con el tiempo me di cuenta que era flor de vueltero. Mucho chat, nada de mostrar la cara frente a frente. Todo era 100% virtual. Si lo apuraba, salía siempre con alguna excusa: que no me gusta el centro, que hoy llueve, que hace calor, que hace frío... Hasta llegó a decir que se había operado de no se qué de la columna y tenía un "período de reposo bastante extendido" (?). Sin embargo, para postear en Facebook no le dolía nada. Y las cosas que decía eran casi todas vanaglorias de sus viajes por el mundo, de sus contactos con gente reconocida de la TV y otros medios, y muchas críticas a la sociedad con un tonito muy "pro".
Un día, leyendo una boludez que posteó, se me ocurrió confrontarlo. ¡Para qué! Se me vinieron al humo la mitad de las minitas de su lista de contactos, diciéndome "grosera", "malparida", "argolluda" y otros epítetos irreproducibles. Unas ladies las chicas. Y el señor, en vez de llamar al orden, parcecía azuzar los perros. ¡Miralo un poco al pollerudo! Estaba haciendo uso del poder de su "belleza" para lograr lo que quería: atención femenina. Mucha. Y las otras pobres gilas seguro lo defendían con uñas y dientes para conservar el privilegio de estar en su lista de amigos. No me gustó esa clase de manejo que tenía con las personas y mucho menos quería que me manejara a mí también como otro perrito faldero. Corté por lo sano. Lo saqué de mi lista y borré todos mis comentarios.
Semanas después me volvió a mandar solicitud de amistad diciendo... ¡que me perdonaba porque me consideraba buena mina e inteligente! Le devolví el mensaje diciéndole que se vaya a freír bosta, él y su coro de ángeles, y lo bloqueé definitivamente.
Por eso, no sé si hago bien o hago mal, desconfío de los hombres lindos que tengan en su lista un importante número de amistades femeninas cuyas fotos de perfil son medio gatosas. Prefiero a los feuchos, los que usan anteojos, los que tienen canas, los que se les nota la buzarda, los que se sacan fotos con sus perros o gatos sin pedigree.
Dicho de otro modo, "no hay que dar por el chancho más de lo que el chancho vale". O lo que el chancho cree que vale. Y no olvidemos que "a todo chancho le llega su San Martín": hoy estás bárbaro, mañana andás con bastón y pasado mañana te tienen que cambiar los pañales.
Es así.


:·: