sábado, 7 de mayo de 2011

Las reglas del juego (sucio)

Anna - football series 2 by ~tim-reder | Deviantart.com »–Ceci, quisiera que no nos veamos por un tiempo.
Las palabras hicieron un eco solemne, como en la bóveda de una iglesia vacía, antes de perderse en el aire que de pronto se tornó pesado e irrespirable. La situación se parecía más a un mediocre partido de fútbol que a una charla de pareja.
Ella lo escuchó sin levantar la vista de su capuchino coronado por un copete de blanca espuma de leche salpicada con chocolate y canela. Despacio, abrió el sobrecito de azúcar y lo volcó encima.
–¿Puedo saber por qué? –preguntó luego de una larga pausa, mientras revolvía su taza lentamente.
Emilio emitió un suspiro largo, parecía mas bien el resoplido de un caballo cansado. Entrecerró los párpados e intentó elegir con el mayor de los cuidados las palabras para no dar lugar a malos entendidos. Lo último que un hombre quiere en una situación como esta es ser malinterpretado. Igual, nunca lo logran.
–Nos estamos haciendo daño el uno al otro, Ceci. Nos estamos asfixiando. Yo no me ubico en esta relación. Necesito un espacio para estar solo y meditar. Mi mente va a mil y quiero frenar un poco esta locura. Existen infinitas posibilidades y yo elijo esta, tal vez te suena un poco egoísta pero si yo no pienso en mí, ¿quién lo va a hacer? Quiero ser responsable de mi vida, pero quiero ser yo el que maneje el timón. No sé, ¿entendés lo que te quiero decir?
Ella sorbió dos veces de su taza mientras lo escuchaba atentamente. Era la justificación más pedorra que había escuchado en su vida. Una justificación llena de vueltas, adornada inútilmente como una torta mal hecha o un arbolito de Navidad.
Basta de cuentos: la verdad se dice siempre de frente, pensó ella con rabia. Seguramente apareció en el medio otra minita y él estaba pidiendo una tregua para probar la comida del plato de al lado. Para tener el pan y la torta, por las dudas, y no pasar hambre. Si un hombre quiere jugar sucio con el corazón de las mujeres, mejor que nunca las subestime: ellas aprenden rápido las reglas del juego, e incluso perfeccionan la técnica.
La pelota voló a su arco pero su arquero estrella la atajó limpiamente.
Se bebió todo el contenido de su taza, la dejó delicadamente sobre el platito y, encogiéndose de hombros, con una sonrisa digna de una Lucrecia Borgia que ha derramado veneno en la copa de su víctima, sentenció:
–Ok. Lo que vos digas, Emi. No nos veamos durante un tiempo. Creo que nos va a hacer bien a los dos un poco de aire fresco. Espero que no haya reproches durante la cena de Fin de Año de tu empresa.Él la miró sin comprender. Ceci se puso de pie tranquilamente, y robó el balón a su rival en ese segundo de descuido. Mientras se ponía la cartera al hombro, continuó.
–Sí, voy a ir pero no con vos. Sabés, tu jefe me invitó. Lo conocí la semana pasada en el cumple de Vero y nos hicimos amigos. La verdad que es re simpático, tiene un carisma increíble. No sé por qué siempre decías que era un putito reprimido, ¡nada que ver!
El partido se dio vuelta. Ahora ella tenía la pelota en su área y sin dudar corrió hacia el arco, con la destreza de un Diego Maradona en sus años de gloria, con la pelota pegada a los pies; con una patada diestra y fenomenal, apuntó contra el desconcertado arquero.
Emilio intentó balbucear algo, pero ella se despidió de él cariñosamente. Giró la espalda y se alejó a paso ligero.
Y otra vez esa sonrisa de satisfacción se le dibujó en los labios.
Gol. Ceci 1, Emilio 0.
Fin del partido.

3 comentarios:

  1. Me encanto, simplemente me encanto. Muy bueno loca, Me super entretuve. QUIERO MAS.

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  2. muy lindo escribis ale!!!

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  3. Gracias público! pronto habrá más relatos. Difundan el blog! Besos y gracias x leer ㋡

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