lunes, 28 de febrero de 2011

La dama, el valiente y la foto de perfil

Coffee Break 3 by *ThePaminator | Deviantart »
Esta escena sucede una tarde en un conocido café de la zona céntrica. Un señor y una señorita se conocen personalmente después de haber chateado mucho tiempo por Facebook. Él es asesor de productos financieros en un banco privado y ella es recepcionista en una consultora.
Se encuentran, se saludan, piden un café y luego de varios minutos de conversación típica (el trabajo, la familia, el clima...), surge la pregunta del millón. El le pregunta a ella:
–La verdad que sos muy linda, como en todas las fotos de tu Facebook.
–Ay, gracias.
–Bueno, ¿y vos qué opinás de mí ahora?
–¿Querés la verdad?
–¡Claro!
–En tu foto de perfil estás distinto.
–¿Distinto, cómo?
–Te falta bastante pelo acá y tenés unos cuantos kilates de más. ¿Esa foto la hiciste retocar con el Photoshop o es de hace diez años?
La cara del señor, irreproducible. Más que irreproducible, difícil de describir con palabras. Su orgullo masculino se fue al piso y se puso morado, pero se mordió la lengua antes que decir algo fuera de lugar. Más allá de haber dicho semejante guachada, ella era una dama, y él un caballero.
–Te ofendiste, ¿no? –dijo ella con voz tímida, como disculpándose. –Vos querías la verdad...
La verdad era que él tenía unas irrefrenables ganas de levantarse y dejarla sola. Pero por una milésima decidió quedarse en su lugar, seguir en la batalla hasta el final como un valiente sabiendo que la guerra ya estaba perdida.
–No, linda, para nada. Me alegra que tengas la valentía de decir lo que pensás así tan de frente. Cada cual es como es y bueno, hay que saber reírse de lo que toca en suerte.
–Ah... Porque mirá que nunca dije que esos detalles me molestaran, eh.
El tipo la miró. Ahora de verdad no entendía ni jota. “Las minas son un misterio...”, pensó. Ella sorbió su café y siguió hablando tranquilamente:
–Las fotos nunca nos hacen justicia. Sólo muestra lo que somos por fuera en un momento determinado, y lo que somos por fuera cambia todo el tiempo. Hoy tenés el pelo largo, mañana se te cayó todo. Voy a decir una soberana boludez: lo que importa es lo de adentro. Más allá del poco pelo o los kilos de más, sos un tipo interesante. ¿Sabés por qué? Porque podés hablar más de diez palabras coherentes seguidas, y eso es algo raro en la mayoría de los hombres de hoy.
–¿En serio?
–En serio, creeme. No sé, debe ser porque miran demasiado a Tinelli o porque no leen otra cosa que el Olé. Pero a mí particularmente una buena conversación me puede más que unos bíceps o abdominales de gym.
El orgullo del señor, antes caído como trapo de piso, se puso en pie enseguida, se sacudió el polvo, se emprolijó y salió a dar batalla. La guerra no estaba perdida. Él preguntó si ella había leído a Scott Fitzgerald. Ella dijo que no, y él tuvo oportunidad de lucirse hablando de su escritor favorito mientras ella lo miraba con los ojos brillantes, como si estuviese viendo al mismísimo Brad Pitt.
Pidieron otro café, arrimaron más las sillas y horas más tarde terminaron pasando la noche juntos en el departamento de él.
“Definitivamente, las minas son un misterio... Gracias Scott, te debo una.”