martes, 27 de diciembre de 2011

Hablé con Jesús (II)

'Eat' by poezja | Deviantart.com »
–Ay Jesús, –dije yo, con las manos cruzadas en el regazo. –es terrible el sacrificio que tengo que hacer. La verdad que me agota. A veces pienso, no vale la pena, total a quien le importa. La gente siempre habla mal al fin y al cabo, hagas lo que hagas. Pero a veces digo no, no tengo que abandonar, tengo que seguir, levantarme una y mil veces, no parar... No sé cómo explicarte. Y aunque supiera, no me entenderías. ¡Ah!, los hombres no saben nada de eso.
–A los hombres también les pasa. –me dice, impasible.
–Pero a cuántos...
–Muchos más de los que te imaginás.
–Los que andan en la nueva onda metrosexual, ¿no? Porque un hombre a dieta ya queda medio rarito, ¿viste? En cambio para las mujeres es un estado permanente. La dieta es un apostolado. Las únicas que se pueden dar el lujo de rebelarse contra el sistema son esas hiperflacas que comen todo lo que quieren porque nunca engordan ni un puto gramo. ¡Que envidia!
–Te aterra el juicio del otro.

–¿Qué cosa?
–Le das demasiado valor al juicio de los demás.
–La gente, para criticar es rápida y siempre tiene mucho para decir, ¡es deporte nacional! ¿Por qué me juzgan todo el tiempo?
–¿Debería importarte?
–Si no mantengo el peso no entro en mi ropa, si no entro en mi ropa andaría en bolas por la vida, porque no estoy en condiciones de comprarme un guardarropas entero que se adapte a mis medidas. Esa es la pura verdad. La imagen es una cuestión de peso, y sino decime cuántos tipos se fijarían en una gorda antes que en una flaca. ¡Mentira eso de que prefieren un rollo a un hueso! Es un cuento para quedar bien. Te digo, tarde o temprano te empiezan a laburar la cabeza “hacelo por tu salud mi vida, te vas a sentir mejor con vos misma”, blah blah blah, y cuando te diste cuenta, estás en un gimnasio sudando
como pelotuda, a los saltos, levantando fierros, corriendo en la cinta como el hámster que corre en la ruedita eternamente para alcanzar lo inalcanzable. Y cuando llegás a bajar unos cuantos kilos, ahí llega la verdadera tortura: la de morirte por comer eso que te gusta y no poder hacerlo más de una vez a la semana. Yo digo, carajo, los científicos inventan cada gilada, ¿y no pueden inventar algo rico, nutritivo, que no engorde y no te cueste un fangote de guita?
Jesús sonrió, pero no acotó más nada. Anotó algo en su cuaderno y en eso sonaron tres campanadas a lo lejos.
La sesión con Jesús, mi psicólogo, había terminado por hoy.

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Post relacionado: Hablé con Jesús (I)

domingo, 18 de diciembre de 2011

Ni siquiera el amor

'in bed' by ~folkartlullaby | Deviantart.com »


–Decime la verdad, estás casado, ¿no?
Tiré la pregunta en mi tono más suave, sin reproches. Después de todo, tuve la sospecha pero la pasé de largo. Qué se yo, siempre dicen que soy muy desconfiada, que la gente no es tan mala como yo pienso, que tengo que tener la mente más abierta. Tuve una ligera sensación la segunda vez que salimos, porque vino a casa pero estuvimos sólo un par de horas juntos. Vino, fichó y salió corriendo porque tenía que cenar con sus hijos. Ok, me gusta que los hombres sean responsables y estén siempre en contacto con los chicos, me encanta que sean así. Pero después me entró la duda, tres pibes de 18, 21 y 24 años tienen mejores cosas que hacer un sábado a la noche que ir a cenar con papá, ¿no? Digo, tienen amigos, novias, etc. Lo dejé pasar porque a lo mejor los tiempos cambiaron, a lo mejor es lo que los adolescentes acostumbran hacer ahora. En la semana pasó lo mismo, si no estaba ocupado con los hijos estaba cansado porque salió tarde de la oficina. Lo de la oficina lo entiendo porque me pasa lo mismo, pero los pibes ¿no son grandes para cuidarse solos? Además, ¿no se suponía que vivían con la madre? Ok, no iba a discutir eso, lo dejé pasar. La tercera vez, la excusa fue que no quería dejar el auto en la calle. Pero metélo en un estacionamiento le dije, acá a la vuelta hay uno que está abierto las 24 hs. y me dice que no, que por una noche le salía muy caro. La cuarta, o sea hoy, me tuvo todo el día de ayer insistiendo, dale voy para allá, cenamos juntos, quiero verte, te extraño, blah blah. Ahí le tiré la primera pregunta capciosa: ¿por qué no me invitás vos a tu casa? Naah mi casa es un desastre, no te va a gustar. Pero, ¿desastre en que sentido? ¿onda Kosovo? Sí, sí, algo así, y enseguida me cambió de tema. Ahí empezó la lucha interna del bien y el mal: ¿no me estará mintiendo? ¿no será este otro casado aburrido más? ¡Puta madre! ¡Qué puntería que tengo! No, en realidad no tengo nada personal contra los casados, somos todos grandes y sabemos lo que hacemos, cada cual juega el juego que más le conviene. Pero, particularmente a  mí no me gusta ser la hijadeputa que le cague la ilusión a otra mujer. Porque a lo mejor ella sí está enamorada, de verdad lo quiere. Eso me da como lástima con rabia al mismo tiempo, porque una mujer que ama perdona cualquier cosa, y nunca falta un tipo que se aproveche de eso. Lo cual me jode mucho. Los hombres dicen que las minas no tenemos códigos, ¿viste? Y ellos, que sí tienen, cuando se trata de ponerla se olvidaron de todos los códigos, no les importa nada, ni siquiera el amor...
Se quedó en silencio, quieto, durante un rato. Luego se sentó en la cama, quiso sacar los cigarrillos de la camisa y le dije que no quiero que fume en mi habitación.
Recostándose de nuevo, suspiró. Se pasó la mano por la cara y contestó con cierto abatimiento:
–Sí.

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jueves, 15 de diciembre de 2011

La fecha en que nos conocimos


O el amor los pone olvidadizos o nunca les importó. Yo apostaría a la segunda opción, al menos para la mayoría de los hombres, porque hay curiosas excepciones.


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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Después de un año

'Butterfly on Laptop' | Stock.xchng »


RoloGo: hola q contás tanto tiempo
DivaSoy: Hola
DivaSoy: quien sos?
RoloGo: no te acordás de mí
DivaSoy: la verdad que no, ni de casualidad
DivaSoy: debería?
RoloGo: bueno te cuento, soy Rolo
RoloGo: nos conocimos por chat
RoloGo: quedamos en vernos varias veces en el centro
RoloGo: pero vivo lejos y se me complica
DivaSoy: lejos? 
DivaSoy: a cuántos kilómetros de Buenos Aires?
RoloGo: Devoto
DivaSoy: ah sí pufff relejos, hay q tomar avión
RoloGo: no me gusta el centro
RoloGo: es un loquero siempre
RoloGo: seguís yendo a la facultad?
DivaSoy: ahora no, tuve que dejar para el año que viene
DivaSoy: xq?
RoloGo: no no soy profesor de filosofía
RoloGo: cuando hablamos la última vez me dijiste q a lo mejor necesitabas ayuda
RoloGo: para rendir un final
DivaSoy: ah
DivaSoy: pero Filosofía la cursé hace un año y medio!
RoloGo: y como te fue
DivaSoy: aprobé ahí, por un pelito
DivaSoy: ya pasó a la historia
RoloGo: ahora que es de tu vida?
DivaSoy: mi vida es muy larga de contar y no sé si tengo tiempo 
DivaSoy: o ganas
RoloGo: dale contame, me gustaría saber de vos
DivaSoy: hummm
DivaSoy: a ver, decime la verdad
DivaSoy: estás al pedo o estás aburrido
DivaSoy: te acordaste de mí DESPUES DE 1 AÑO nada mas q para hacer tiempo
DivaSoy: me equivoco?
RoloGo: :-)
RoloGo: adivinaste
RoloGo: jajaj
RoloGo: y también me acordé de vos porque sos linda
DivaSoy: :-S
DivaSoy: claaaah!
DivaSoy: ahora resulta q soy el payaso de cualquier pelagatos
DivaSoy: xq no te vas bien pero bien a la rep&#%=/@&!*”?????

[ RoloGo ha sido bloqueado ]
[ RoloGo ha sido eliminado de tu lista de contactos ]


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lunes, 28 de noviembre de 2011

Ligera sospecha

Lucifer in cute cat disguise by ~Erkil | Deviantart.com »

El felino trepó al sillón de un salto y se la quedó mirando fijo. Ella temió, por un momento, que la mascota de su novio le hiciera un bufido para ahuyentarla de su territorio. O peor aún, que intentase darle un zarpazo en la mano como en otras ocasiones.
Pero no sucedió nada de eso. Éste caminó hacia ella, la olfateó cuidadosamente, luego fregó el pescuezo en su regazo, ronroneando. Ella lo acarició dulcemente y así hicieron las paces.
Ese pequeño acto confirmó su sospecha y la convenció de ir a la farmacia cuanto antes por un test de embarazo.


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jueves, 24 de noviembre de 2011

"Love of my life" by Freddie Mercury (Queen)



Recordando al más grande cantando la canción de amor más bella.

❤♫ ♬ ♪

martes, 22 de noviembre de 2011

Hiper(des)conectado

I love my smartphone by *Nhadala | Deviantart.com »

Pese a que tengo una larga lista de amigos, colegas, admiradores, admirados y otras yerbas en Facebook, nunca me imaginé que alguno suficientemente interesado tuviera el coraje de salir de la virtualidad. Sucedió una tarde, así de casualidad. Empezamos a chatear y me invitó a tomar un café al día siguiente. Yo acepté y quedamos en encontrarnos ese jueves a la tarde en el nuevo Starbucks de San Telmo.

Llegué casi casi puntual, pero no lo ví por ningún lado. Hacía calor y me apetecía algo fresco, así que me pedí un vaso grande del nuevo Green Tea Lemonade y me senté en un cómodo sillón a esperar, mientras hojeaba el diario olvidado en la mesita.
Al rato veo a alguien del lado de afuera de la entrada, que calzaba justo con la imagen que el susodicho tiene en su avatar facebookiano. Hablaba por celular, riéndose, y así estuvo un buen rato en la esquina. Cuando al fin entró, me hice la tonta para ver si me reconocía, pero no. Se paró en medio del salón y me llamó al celular. La melodía de mi aparatito sonó. Levanté la mano, pero no sé si no me veía o tenía un serio problema de astigmatismo. La cosa es que tuve que atender para llamar su atención.
–¡Ay, no te había visto! –me dice, al saludarme.
(Y con esta melena roja, como para no verme...)
–Disculpame la demora, –continuó. –se me complicó un asunto de laburo, viste cómo es esto, ¿no? 
Si no hubiera sido porque lo vi en la vereda parado cagándose de risa, se lo hubiese creído.
–Sí, me imagino, cuando uno es impresindible... –contesto yo, con sarcasmo. 
Fue con un café y mientras hacía el pedido, lo vi teclear frenético en su smartphone durante todo el tiempo que duró el trámite de pedir, pagar y esperar su pedido.
Cuando por fin llegó, apenas tuvimos tiempo de hablar uno o dos minutos cuando su celular hizo ruidito, indicando que tenía un mensaje. Él, apurado, lo agarró, lo miró, se rió y contestó. Pasaron otros dos o tres minutos que volvió a sonar. Él, procedió a atender, dejándome a mi hablando sola, sin siquiera pedir disculpas por la interrupción. Para qué.
Segundos después vuelve a sonar, pero esta vez era una llamada, él contesta, habla durante un rato con no se quién y se ponen de acuerdo para jugar un partido de fútbol esa misma noche.
–Listo... sorry, ¿qué me decías? –dijo, cuando terminó de hablar. Yo, a esa altura, tenía los nervios de punta, y ya me había tomado todo el vasote de limonada.
Retomé (o remonté) como pude la conversación pero otra vez (¡sí, otra vez!) suena el maldito teléfono. Esta vez hablaba con alguna señorita y se pusieron a dilucidar cuál sería el mejor regalo para un cumpleaños de quince...
Empecé a ponerme de mal humor. Cuando por fin cortó y volvió a rezar su "ay en qué estábamos", le dije sin rodeos:
–¿No te molestaría apagar un rato el teléfono? ¿O silenciarlo?
–¿Qué? ¿Te molesta?
–contestó medio cocorito.
–Por si no te diste cuenta, no pudimos tener una conversación coherente desde que llegaste.
–¡Pero necesito estar comunicado! Soy periodista 2.0, Community Manager y...
–¿No podés prescindir de la comunicación por quince minutos? Es muy feo cuando te juntás a charlar con alguien y ese alguien no te sigue el hilo de lo que estás contando porq...
Otra vez, el sonidito del aparato cortamambo. Y el, nervioso y apurado, como si su vida dependiera de ello, lo agarró para leer el mensaje.
–Tenés un problema grave, eh. –le dije cuando volvió su atención a mí. –Si se te llega a romper el aparato o te lo afanan, caés enfermo de un síncope y corrés a la tienda más cercana a comprar otro, cueste lo que cueste.
–Lo que pasa es que sos una anticuada, no sé en qué mundo vivís.
–En el mundo real vivo, y tu problema es que querés estar en todos lados y al final no estás en ninguno.
–Sabés, no me gusta nada tu actitud. Es infantil.
–¿Yo infantil? –y me reí con una fuerte carcajada. –¡Mirá quién lo dice! ¡El que tiene problemas para dejar el chupete!
Sonó de nuevo el aparatito y el señor contestó. Se puso a hablar con vaya a saber quién, y poco me importó ponerme de pie, agarrar mi cartera y mandarme a mudar. Me habló, pero no le di bola: ya había sacado mi teléfono y simulé que hablaba con alguien para devolverle el gesto. Salía la calle y en la esquina me subí a un taxi.
Cuando llegué a casa, y ya más tranquila, lo borré definitivamente de mis cuentas de Twitter, Facebook, Linkedin, Google+ y Quora. Me llegaron varios SMS suyos, pero a todos los eliminé sin siquiera abrirlos, y ya que estaba puse su número en la lista negra para que sus llamados se pierdan en la letrina del cyberespacio.

Porque soy así de anticuada e infantil #chupala, ¿sabés? :P


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lunes, 14 de noviembre de 2011

Inmortales


"Los amantes de Valdaro", así llamaron los arqueólogos a estos restos óseos hallados en Mantua, Italia. Dedujeron que tenían al menos 6 mil años de antigüedad y que se trata de un hombre y una mujer jóvenes, que murieron abrazados. A él le encontraron una punta de sílex en las cervicales, a ella otra en un costado. El hallazgo emocionó a más de uno, ya que no se encontró un caso parecido hasta el momento.
El hecho de su muerte es, todavía, desconocido. Pero coincidentemente, Mantua se encuentra muy cerca de Verona, ciudad dónde se sitúa la tragedia Romeo y Julieta de Shakespeare.

Un hecho curioso que me hizo pensar que hay amores que la muerte no separa y que, en algunos casos, se hacen inmortales.

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martes, 8 de noviembre de 2011

Fuego oscuro

All Me
by ~OpenEyez | Deviantart.com »

Arribaron al antiguo hostel de campo al mediodía. La tormenta se cernía amenazante y se desató pocos minutos después de que Alejandra y su hija, Jorge y Nina entraron y se acomodaron en sus habitaciones. Bajaron los cuatro al comedor para comer algo ligero, se acomodaron en los sillones mientras veían la tormenta por las ventanas de la galería.
Alejandra estaba muy interesada en rastrear a una persona en ese lugar. Dispuesta a lograr su cometido como fuera, planeó el viaje una semana antes y se llevó a su hija y a su mejor amiga Nina, que no se encontraba en un buen momento, sentimentalmente hablando. Y Jorge se ofreció a llevarlas a todas en su viejo Valiant, aunque fueran cuatro horas y media de viaje desde Buenos Aires hasta Azul. Estaba dispuesto a no separarse de Alejandra ni siquiera por ese fin de semana largo, en la esperanza de que ella aflojara de una vez por todas y le otorgara el codiciado puesto de "novio oficial".
Nina se retiró con la excusa de darse un baño. Alejandra y Jorge conversaban con el dueño del lugar mientras la nena se iba quedando dormida plácidamente en brazos de su madre.
–Dámela que la llevo a la cama. –dijo Jorge, en voz baja. Tomó a la nena en brazos y caminó despacio hasta la habitación. Golpeó suavemente y esperó.
La puerta se abrió. Jorge se quedó algo sorprendido.
Entró, acostó cuidadosamente a Sabrina en su cama y luego se dio vuelta a mirar de nuevo a Nina.
–¿Qué? –dijo ella.
Por primera vez desde que la conocía, veía a Nina a cara lavada, sin su maquillaje dark: no llevaba los ojos y párpados negros ni los labios rojos, sólo llevaba un poco de rimel y brillo labial rosa. Notó que su piel era sonrosada y no tan pálida como le había parecido siempre. Se había puesto un solero largo de bambula color canela (que seguramente era de su amiga, porque en su guardarropa sólo cabían prendas de tonos oscuros) que dejaba entrever el corpiño negro.
–¿Qué te pasó? –preguntó Jorge, en voz baja.
–Me bañé y me di cuenta que me olvidé el neceser en casa de Ale. Tendré que prescindir del maquillaje por estos tres días.
–Y lo bien que hacés. Ahora sí parecés una mujer de verdad. –respondió Jorge, sarcástico.
Nina lo miró con ganas de que el techo se le cayera encima. Agarró sus cigarrillos y salió rápidamente sin cerrar la puerta.
–Hum, creo que metí la pata. –murmuró Jorge para sí.
Salió, cerrando la puerta cuidadosamente, y se encaminó a donde se había ido Nina. La encontró al final de la galería posterior, sentada en el suelo, fumando, con la mirada perdida en el tranquilo paisaje. La lluvia había cesado y todo en el parque estaba húmedo. Unos pájaros correteaban en el pasto en busca de algún insecto.
–Hola, tonta. –dijo al fin Jorge, en voz baja, con las manos en los bolsillos del jogging y apoyando el hombro en la pared.
Nina giró la cabeza, no dijo nada y volvió a su posición anterior.
 –En serio, estás linda así, al natural, sin esa ropa rara y sin esa pintura negra encima de los ojos. Nunca entendí el objetivo de afearse hasta parecer la hermana de Drácula.
–Vos no entendés nada, jovato. –contestó dando una pitada a su cigarrillo.
–¿Cuál es la onda de vestirse a lo Noche de Brujas todo el año?
Ella no le contestó. Lo miró con una mueca de ironía y lanzó una leve nube de humo. Jorge continuó hablando.
–En mi época, o eras Dark, Punk, Posmoderno o New Romantic. Todavía no se cuál es la diferencia.
Nina giró los ojos y se encogió de hombros.
–Hum, me voy a seguir quedando con la duda, parece.
–¿Y qué esperabas? –dijo ella con sorna. Volvió pitar su cigarrillo y, suavizando el tono de voz, le preguntó: –¿Querés saber por qué soy así? ¿De verdad querés que te cuente?
Jorge se sorprendió y asintió. Se sentó junto a ella, que le habló con tono suavizado.
–Hace muchos años, yo era pendeja, me enamoré como loca de un compañero de colegio de mi hermano mayor. Era, como decías vos, un dark. Siempre vestido de negro impecable. Dibujaba muy bien y escribía poesías. Yo estaba encandilada con su aura intelectual, su aspecto sufriente, casi teatral. Me pareció hermoso. Fue vernos, y flechazo total. Un día… –suspiró, pitó otra vez el cigarrillo y soltó el humo lentamente. –Un día me entero que el idiota fue a parar al hospital por una sobredosis de heroína. Yo fui la primera que cayó en el interrogatorio, y yo te juro que no tenía ni la más puta idea de que se daba con algo tan pesado. Un porro sí, no es nada del otro mundo. Pero esa clase de ácidos, al menos a mí nunca me había mostrado nada. Mis viejos cuando se enteraron se recalentaron y me prohibieron volver a verlo. Me prohibieron incluso que me lookeara como él, ¿podés creer? Cuando se recuperó, nos veíamos a escondidas, y empezamos a frecuentar lugares under. Yo estaba maravillada de toda esa movida... Cómo hacer del sufrimiento una filosofía, y aún así encontrar sentido a esta vida. Volvimos a enamorarnos y fuimos felices. Incluso fantaseábamos con escaparnos e irnos a vivir juntos. –hizo una pausa, dio una pitada más larga y soltó el humo con los ojos cerrados. –Y lo hubiéramos hecho, pero la felicidad nos duró poco. Estuvo en tratamiento para dejar las drogas pero siempre volvía a caer, pasaba de la euforia a la desesperación, a veces me gritaba que no quería verme nunca más y otras veces venía llorando a pedirme perdón y que no lo dejara. Y al final, cagó fuego... Sobredosis. Sufrió un par de días y murió de un paro cardíaco...
Tiró la colilla al piso y la aplastó suavemente. Miró a Jorge con los ojos húmedos.
–Ése fue mi primer amor, el más grande, y juré que iba a ser el último. Me quedé con sus dibujos y sus poemas, como un tesoro. Decidí yo también, en su memoria, abrazar ese credo oscuro, vestir de negro y no permitir que nadie me quiera o me abrace… Bah, nadie no. Mi hermana, Lalo, Alejandra y la nena me abrazan, y yo los dejo porque son los únicos que de verdad me entienden y me quieren tal cual soy. El resto, patada en el orto. Incluso vos.
–Ahora lo entiendo todo… –dijo Jorge luego de una breve pausa. Por primera vez la vio como una mujer, humana en cuerpo y alma, y sintió algo de pena, tal vez porque se vio reflejado en su pena por la pérdida de un gran amor.
–Ya ves, como dice Ale, todo tiene una explicación. –dijo ella.
–¿Y por eso siempre jugás al “toco y me voy”?
–Ajá.
–¿Y pensás seguir así toda la vida?
–¡Mirá quién habla…!
–Qué desperdicio. Es una pena, la verdad.
–Confío en que esto se queda acá y vas a tener la boca cerrada.
–No sé… –dijo Jorge, mirándola desafiante. Ella levantó la vista ceñuda y él continuó: –A lo mejor te gustaría cerrármela con un beso.
El pedido no se hizo esperar. Ella se le acercó y le dio un apretado beso en los labios… seguido de un sonoro cachetazo.
Nina se levantó y se alejó a paso rápido. Jorge se quedó quieto, un poco aturdido, acomodándose los lentes mientras pensaba si eso formaría parte de algún ritual o, peor aún, una maldición de alguna de esas extrañas tribus urbanas. Le dolía la punta de la lengua: seguramente se la había mordido por accidente con el golpe.
Sintió escalofríos y un hormigueo justo ahí donde termina la espalda. Se arrepintió enormemente de haber querido acercarse tanto a ese fuego oscuro.
–¿Qué te pasa? –preguntó Alejandra a Nina al verla cruzar.
–Nada. –dijo ella. Pero no pudo disimular que aún tenía los ojos húmedos.
–¿Nada…? ¿Seguro? –volvió a preguntar su amiga, viendo la silueta de Jorge acercándose por el pasillo.
Nina suspiró, confesó rápidamente y en voz baja:
–Me sentía triste, el tarado éste me quiso abrazar y le metí un sopapo. No entiende que no me gusta que me toquen. Perdoname Ale, no pude evitarlo.
–Ay, tontis, conmigo está todo bien. –dijo, agarrándole las dos manos con dulzura.
Jorge pasó delante de ellas, mirándolas de reojo y tocándose la mejilla colorada.
–Nah, no está enojado. –dijo Alejandra una vez que Jorge entró en su habitación. Guiñó un ojo a su amiga y añadió: –Le hace falta una sacudida amorosa. Yo me encargo de eso más tarde.
Esa fue la primera y última vez que estuvieron tan cerca el uno del otro. A pesar del incidente, Jorge no le tuvo rencor y siguieron siendo amigos durante muchos años, tal vez porque no les quedaba otra opción: ambos estaban fuertemente conectados con Alejandra (ella como amiga y él como amante) y forzosamente tenían que compartirla.
Ninguno olvidó lo ocurrido esa tarde, ni hablaron al respecto hasta que fueron lo suficientemente viejos para confesarlo y reírse del asunto.

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sábado, 29 de octubre de 2011

Buena conducta


–Hola. –saludó a secas el Fito, mi ex, cuando entró a mi departamento. Yo había estado tomando mate con Nina muy alegremente hasta que tocó el timbre y bajé a abrir. Ella lo miró y contestó al saludo con una mueca seguida de una sonrisa forzada. No lo soportaba y menos le importaba disimularlo.
Le doy la mochila con la ropa para que nuestra hija pudiera pasar un par de días con él, y de pronto, lo veo arrugar la nariz, como un sabueso que busca el rastro del zorro.
–Che, hay olor a quemado.
–Ah, sí, se me quemó una tostada hace un ratit...
–¿No sentís el olor a quemado? –me interrumpe.
–Sí, te digo que se...
–¿Revisaste los cables de la heladera? –me interrumpe, enérgico, asomando la cabeza por la heladera y olisqueando.
–No, la heladera no es, es...
–¿El disyuntor? –dijo, corriendo a la caja de electricidad.
Lo abrió, lo inspeccionó, olisqueó y pegó un estornudo fenomenal por el polvillo acumulado. Me ensució la pared con su asquerosa lluvia de mucosas. Puaj.
–Fito, esperá, te digo que...
–Ahora no, fijate en la habitación de la nena, ¡dale, movete! –dijo mientras se dirigía a mi habitación.
–Esperá, ¿qué tenés que entrar ahí?
–Mirá el quilombo que es esta pieza, ¡siempre la misma despelotada vos, eh!
–¡Ay, sory! 
–Seguro te olvidaste algo enchufado, ¡y vos ahí tomando mate, como si nada! ¡Si no vengo yo, ustedes dos se mueren carbonizadas!
–Pero, ¡si te estoy diciendo se me quemó una tostada hace una hora!
Hablaba a las paredes. No me escuchaba. Cada vez que intentaba darle una explicación, me interrumpía con una pregunta o alguna crítica a mis virtudes de ama de casa.
Nina tomaba mate y hojeaba, impasible, la revista de Avon del mes. 
–¡Será posible! –protestó Fito. –¡Abrí las ventanas por lo menos, rápido! ¿O se quieren morir ahogadas?
Volvió a la cocina y luego de seguir el rastro, encontró la tostada en cuestión en el tacho de basura.
–¿Pero vos sos boluda o te hacés? ¡El olor a quemado venía de acá y no te diste cuenta!
–¡Será posible! ¡Desde que empezaste con esto que te estoy diciendo!
–¿Qué me dijiste?
–Que se me quemó una tostada y...
–¿En qué momento me dijiste? 
–Cuando empezaste con que había olor a quemado.
–Nunca te escuché decir eso.
–¡Nunca me escuchás!
–Mirá, no estoy para tus reclamos. Me hacés perder tiempo. Apurate, dame la mochila de la nena, me quiero ir de esta pocilga.
–Te la dí en cuanto llegaste.
–¿Cuándo?
–¡Cuando llegaste! –dije, con los nervios de punta.
–Calma Ale, la dejó ahí en el sillón. –señaló Nina.
Vi por la ventana a don Bruno, el portero, en el portón de entrada y le hice señas de que alguien iba a salir. Fito se fue apurado, sin saludar, olvidando cerrar la puerta tras de sí. Se escucharon un par de portazos neuróticos provenientes del ascensor.
–Increíble, che. –dije, volviendo a mi lugar. –¡Y todavía hay gente que me pregunta por qué me divorcié de ese infeliz!
–Siempre te lo dije, –dijo Nina, cebándome un mate. –tenías que haberle tirado una maceta en la cabeza a ese bolastristes hace cuatro años. El año que viene ya podías pedir la excarcelación por buena conducta, y a otra cosa mariposa.
–No jodas.
–Ese no tiene corazón, no tiene alma, ¡tiene una cloaca! Pensar que hay gente así que va por la vida y por el mundo amargándole la existencia a los demás, y les da placer hacerlo.
–Sí. Y en contrapartida, hay mucha gente buena e ingenua, que tiene fe que el amor algún día va a cambiar a todos esos sádicos. ¡Ah! La eterna lucha del bien y del mal. ¿Quién ganará?

No sé, pero por momentos pareciera que vienen ganando ellos. OMG.

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jueves, 27 de octubre de 2011

Historia de tres desengaños


–Y ustedes dos, ¿tienen alguna historia de cuernos y desengaños para contar?
Les había contado a mis dos compañeros de aventuras cómo mandé al diablo a mi último noviecito cuando me enteré que el granuja estaba casado y me tenía de bufón para sus momentos de ocio.
Lancé la pregunta al aire, y Arturo el fotógrafo, que venía al volante, se rió. El Loco, desde el asiento de atrás, se hizo el sota. Finalmente, el primero tomó la palabra.
–Te cuento, que tuve una novia, la primera con la que conviví acá en Buenos Aires. Pasada la luna de miel se rayó, dejó la facultad primero y el laburo después. Ella decía que necesitaba encontrarse a sí misma, pero me di cuenta que andaba en otra y se ve que no se decidía. Primero no dije nada. Pero cuando los cuernos ya no me dejaban pasar por la puerta, la encaré. Me decía que el equivocado era yo, que no la comprendía y sarasa sarasa. Era pendejo pero no tarado, me calenté y le dije que si lo quería más al otro, se fuera con él y listo. Se fue, pero se llevó todo lo que pudo, menos mi ropa, la heladera y la cocina, porque no le cabían en el bolso. Ni el tostador me dejó la guacha.
–¡Tremendo! ¿Y vos, Loco? –pregunté mirando para atrás.
El aludido miró por la ventanilla, haciéndose el distraído. Tuve que repetirle la pregunta. Me contestó con unos monosílabos inteligibles, pero no pedí traducción porque estaba casi segura que eran un par de puteadas.
Cuando llegamos a destino, el coqueto chalet del diputado al que veníamos a entrevistar ya estaba asediado por otros móviles que aguardaban ávidos que el susodicho saliera a dar declaraciones. El Loco se bajó, saludó a los cuatro colegas que ya aguardaban y empezó su trabajo fino. Le convidaron un cigarrillo, conversó, rió, y antes de retirarse palmeó varios hombros. Entró al auto y dijo: hay que esperar que la rata salga del agujero, no queda otra. Resoplamos, yo abrí el bolso extra que siempre llevo en estos casos y saqué los elementos para preparar unos mates. Arturo sacó su cámara de fotos y empezó a alistarla.
–Sí tuve un desengaño. Uno bien jodido. –escuché decir al Loco, como ensimismado, cuando le alcancé el primer mate.
Arturo y yo nos miramos, y paramos las orejas. El Loco sorbió el mate y empezó a contar:
–Hacía como cinco años que salía con la Vivi. Estaba todo bien entre nosotros, creo, hasta que entré a trabajar de cadete en el diario. Como siempre fui bueno para tirar de la lengua a la gente sin que se dieran ni cuenta, un día me empezaron a encargar laburitos que algunos periodistas no sabían o no podían hacer: chamuyar. A mí me gustaba, y no me costaba nada. A veces, me llamaban de noche y al otro día me tenía que ir al diario a primera hora de la madrugada. O quedarme hasta cualquier hora. Eso le jodió a la Vivi. Ella quería salir, ir al cine, al shopping, que la pasara a buscar. Pero a mí, andar de acá para allá, hablando con todo el mundo, preguntando, hurgando, escuchando, y volver a la oficina del jefe con el buche cargadito, eso me gustaba. Me hacía sentir importante. No quería pasarme la vida llevando y trayendo papelitos. Pero ella me empezó a joder, quería torcerme la cabeza, negro buscate otro laburo me decía a cada rato. Después empezó con el cuento que yo la engañaba con otra. Un día voy a verla a la casa, estaba con una amiga nueva, la Iris. Me la presenta y me dice, tenemos que hablar. Me dice, mirá negro, hace dos meses que estoy saliendo con ella...
Arturo abrió los ojos enormes, y a mi casi se me cae el mate de la mano.
–... y nos queremos; con ella me siento más acompañada, más contenida, me da lo que vos no me das, bla bla bla. Yo me quedé así, con esta cara de nada, no se me movía un pelo. Ella seguía hablando y hablando, mientras la Iris me miraba con esa cara de ciome que tiene. Dentro mío pensaba, chau, se volvió loca, le llenaron la cabeza, ¿qué le vio a esa gorda de mierda, si era más fea que patada en las bolas? La Vivi seguía hablando, que yo esto, que yo lo otro, y no se callaba nunca. De pronto me gritan las dos, re histéricas: "¿No vas a decir nada??".
–¿Y...? –preguntó Arturo.
–Nada. ¿Qué les iba a decir? Si ellas sólo veían sus caprichos de minita pelotuda, ¿qué carajo les iba a hablar de lo mucho que me gustaba este laburo? Porque Vivi quería un gil que le estuviera rondando las veinticuatro horas, como mosca de sorete.  
–Bueh, siempre tan descriptivo... –murmuré, y la risa casi me hace volcar el agua mientras cebaba.
–En concreto, la yegua te largó por una mina que ni siquiera era linda. –dijo Arturo.
–Tal cual. No les dije ni mú, y me fui. En el camino me iba cagando de risa. ¿Celos y culpas a mí? ¡Por favor! Me siguió llamando varios meses a casa, echándome en cara que si eso pasó fue por culpa mía. Mirá, no me rompás más las pelotas Vivi, le dije, si sos felíz dejá las cosas como están. ¡Pero insistía! Ahí me di cuenta, lo que hizo fue para darme una lección, pero le salió el tiro por la culata.
Sonrió y miró hacia un costado. Me devolvió el mate y, de pronto, irguió la cabeza, como un perro guardián que escucha un ruido extraño.
–Ahí salió la rata, che. ¡A laburar! –dijo, enérgico, y todos salimos del auto casi al mismo tiempo.
Saqué mi grabador del bolsillo, mientras me hacía lugar en el tumulto para grabar todo lo que dijera el controvertido diputado. Vi a Arturo apostado en un costado para conseguir fotos y al Loco hablando con un guardaespaldas.

La confesión de esa tarde me hizo ver al Loco un poco menos animal. Me dio como una pizca de ternura saber que él, al fin y al cabo, era humano y tenía un corazón que alguna vez probó la amarga medicina del desengaño.

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viernes, 14 de octubre de 2011

Reciprocidad de onda



–Para mí que tu jefe te tiene ganas. –dijo Vanesa.
–No jodas. –le contesté yo, riendo.
–¿Por qué decís? –preguntó Flor, mientras aplastaba la colilla del cigarrillo que había fumado con su coqueta sandalia verde manzana.
–Esta mañana estábamos las dos chusmeando en el escritorio de ella y al rato llega Gabriel, la abraza y le da un beso, "hola mi vida, muah muah" le dice. –contestó Vanesa imitándole la voz mientras yo me reía. –¡Mirá si mi jefe me viene a saludar con esa confianza, pero le meto una piña que lo dejo de culo en el piso!
–¡No digas! Ay Ale, ¿Gabriel siempre es así con vos? –preguntó Flor.
–Bueno che, no es para tanto. –contesté yo, un poco nerviosa.
–Por eso digo, para mí que a ésta le tiene unas ganas...
–Se cuenta por ahí que es medio piratita y cada tanto se tira unas canitas al aire... –
susurró Flor, como para que nadie más escuchara.
–¿Un galán? ¡Con esa buzarda! –exclamó Vanesa, levantando las cejas.
–¿Vos te enteraste de algo? –me preguntó Flor.
–No. –respondí yo, con total seguridad.
–Me contaron que anduvo de trampita con la licenciada, la rubia, la de Recursos Humanos... ¿es cierto? –continuó Flor mirándome, en tono confidencial.
–Justo ésa, que le dicen "vaso de agua: no se le niega a nadie". –comentó Vanesa riendo.
–Qué se yo... –rematé.
–No me hagan imaginar cosas bizarras que me va a caer mal la comida. –protestó Flor.
–Basta che, no sean mal pensadas, –continué. –Si quieren saber mi opinión, Gaby es un gran tipo, por más que digan por ahí que es un energúmeno, un pirata, y yo qué sé. Nada que ver. A mi me trata bien. Además, siempre dice que me quiere como un padre...
–¡Já! Como el Padre Grassi te quiere.
–retrucó Vanesa y empezó a reír a carcajadas.
–¿Viste, Vane, cómo lo defiende a su jefe? ¡Hum! ¡Hay reciprocidad de onda ahí, me parece! –dijo Flor muerta de risa mientras yo me ponía colorada y pensaba dentro mío, de dónde habrá sacado esta piba la palabra "reciprocidad".
Ellas dos siguieron riendo todo el camino de la plaza a la oficina. Luego nos despedimos, y cada una marchó a su puesto a retomar sus quehaceres.

Llegué a mi escritorio y Gabriel ya estaba en su despacho hablando por teléfono. Me hizo señas con la mano de que le llevara un café. Yo asentí y él me devolvió el gesto tirándome un beso.
Guau.
Fui a la máquina de café, coloqué dos fichas y pedí capuccinos. Gaby siempre me pareció un buen tipo, un poco verborrágico a veces, otras demasiado irónico. Nos conocimos en un almuerzo de fin de año, donde me tocó sentarme al lado de él. Ese día hablamos como dos loros, y la seguimos durante mucho tiempo por mail y por teléfono. Y cuando a él lo ascendieron, me pidió a mí que fuera su asistente; justo a mí, que estaba como pasante del departamento de arte y diseño, y no tenía ni la más remota idea de cómo se manejaban las cosas del lado de redacción de un diario. Siempre dije que había tenido toda la suerte del mundo de tener un jefe que me trataba bien, que me incentivaba a estudiar y que nunca pero nunca me gritó, ni siquiera en el peor de los días laborales.
¿Y si Vanesa tenía razón?
Re guau.


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lunes, 3 de octubre de 2011

El que yo busco

The Weight Of Us
by ~JadeBeloved

Hoy quiero compartir este breve relato que encontré en Facebook y que vale la pena leerlo y reflexionar, seas hombre o mujer en la búsqueda del amor.

En una breve conversación, un hombre le hace a una mujer la siguiente pregunta:
 –¿Y vos qué tipo de hombre estás buscando?
Ella se queda un momento callada antes de verlo a los ojos y le preguntó:
 –¿De verdad querés saber? 
–Sí. –respondió él.
–Ok. Siendo mujer de esta época, estoy en una posición de pedirle a un hombre lo que yo no podría hacer sola. Tengo un buen trabajo y pago todas mis facturas. Me encargo de mi casa sin la ayuda de un hombre, porque soy económicamente independiente y responsable de mi administración financiera. Mi rol ya no es el de ser ama de casa que depende de un hombre en ese sentido. Yo estoy en la posición de preguntar a cualquier hombre, ¿qué es lo que vos podes aportar en mi vida?
El hombre se le quedó mirándola. Claramente pensó que ella se estaba refiriendo al dinero. Ella sabiendo lo que él estaba pensando, continuó:
 –No, no me estoy refiriendo al dinero. Necesito algo más. Necesito un hombre que luche por la perfección en todos los aspectos de la vida. 
El se cruzó los brazos, se acomodó sobre la silla y mirándola seriamente le pidió que le explicara eso.
–Busco a alguien que luche por la perfección mental, porque necesito con quién conversar, no necesito a alguien mentalmente simple. Estoy buscando a alguien que luche por la perfección espiritual, porque necesito con quien compartir mi fe. Necesito un hombre que luche por la perfección financiera porque, aunque no necesito ayuda financiera, necesito a alguien con quien coordinar el dinero que entre en nuestras vidas. Necesito un hombre que luche por su individualidad, que tenga la libertad para salir a volar y regresar responsablemente a su nido, porque enriqueciéndose a sí mismo tendrá algo maravilloso que regalarme cada día. Necesito un hombre que cuide su salud y su aspecto físico, que respete y quiera su cuerpo tal como es, pero sin caer en la vanidad obsesiva. Necesito un hombre lo suficientemente sensible para que comprenda por lo que yo paso en la vida como mujer, pero suficientemente fuerte para darme ánimos y no dejarme caer. Estoy buscando a alguien que yo pueda respetar, partiendo del respeto que él mismo se gane con el trato, el amor y la admiración que me dé. La mujer debe ser la compañera del hombre. No para ser menos o más, sino para que juntos construyan una vida en donde la convivencia los lleve a la felicidad. Si existe un hombre así, ése es justo el que yo busco. 
Cuando ella terminó de hablar, lo miró a los ojos. Él se veía muy confundido, con muchos interrogantes.
–Estás pidiendo mucho. –dijo el hombre, finalmente.
–¡Es que yo valgo mucho! –replicó ella con una sonrisa.


¡Gracias Marce, por compartirlo!
Paquita la del barrio la tiene clara (en Facebook)

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lunes, 19 de septiembre de 2011

Lejos pero cerca de mí



–Ale, ¿quién es el señor que está con vos en la foto?
–Es Jorge Fernández Díaz.
–No lo conozco.
–Es periodista, escritor, fue director de ADN Cultura de La Nación, entre otras cosas...
–¿Es amigo tuyo?
–Sólo me firmó un par de libros y se sacó esa foto conmigo. Nada más.
–¿Y por qué tenés su retrato en tu escritorio?
Me encogí de hombros y contesté con una enorme sonrisa:
–Porque me inspira.

Mi interlocutor me miró y luego miró de nuevo el portarretratos en mi escritorio. No sé si me entendió del todo. No sé si entenderá cuánto significa esa foto para mí. Que por cierto no es la mejor que me haya sacado últimamente. Já, ahí estoy yo, desde la Feria del Libro, con cara de tarada, no pude haber salido peor; él parece algo serio y cansado (era un viernes a la noche). Decía Steve Jobs, mi gurú número uno, que ciertas cosas, en algún momento, encajan en el lugar que les corresponde; tarde o temprano aquello que pensábamos era una estupidez cobra importancia. Un click. Un flash. Y puedo decir con orgullo que, si me salvé de una profunda depresión, fue gracias a que un día, tras haber devorado la tercera novela de Jorge y haber derramado litros de lágrimas de emoción, me dije "quiero escribir, tengo que hacerlo" y me lancé. Porque siempre me gustó escribir, y era una habilidad que había tenido que dejar de lado por mil circunstancias de la vida. Tenía la necesidad de hacerlo, porque tenía algo para decir. Mucho.
Stephen King aconseja en su libro "Mientras escribo" que, para ser buen escritor hay que leer mucho, y así nutrirse con recursos que servirán más adelante para encontrar un estilo propio. Así fue que empecé a seguir a Jorge, por internet, por el suplemento ADN Cultura, en su columna del diario La Nación, en entrevistas, y hasta me mandé de caradura a la Feria del Libro de este año para asistir a presentación de su último libro "Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán", ejemplar que muy amablemente me firmó.
Siguiendo la misma línea (o al menos intentándolo), hice de mí un personaje, una antiheroína en un mundo tan actual como conflictuado, rodeada de situaciones chuscas, con personajes reales algo disparatados, copiados de la vida misma. Mi propia vida, pero distinta. La novela aún sigue en producción, aunque en este Blog ya publiqué algunos fragmentos aislados: humor, papelones, dosis de ironía y sarcasmo; todo con un dejo de melancolía como las notas de un tango cadente. Todo esto con la Ciudad de Buenos Aires como telón de fondo.

La vida está hecha de ironías
y vos te reías
cuando dije "te tengo ahí,
lejos pero cerca de mí"

Por eso cada vez que lo veo, pienso en un sueño. Y cuando pienso en ese sueño, pienso en dónde estoy y dónde quiero estar. Que las ilusiones son el mejor combustible para que mi vida funcione. Que el sendero del destino sí se puede torcer para abrir un nuevo camino. Que mi vida puede tener una segunda oportunidad, una segunda vida, como las flores.

Todo eso me pasa cuando veo esa foto. Qué cosa, ¿no?

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domingo, 4 de septiembre de 2011

Sin previo aviso

Rubik by ~MortishaAdams | Deviantart.com »

–Uy, acabo de darme cuenta que soy un mal hijo. – dijo Jorge, con los ojos entrecerrados.
Era una tarde de sábado espectacularmente primaveral. Estábamos en el Tigre, a orillas del río, tirados en el pasto, remoloneando al sol, hablando de bueyes perdidos. Se sacó los lentes, se pasó la mano por el entrecejo y prosiguió: –Le prometí a mamá que hoy iba a visitarla y estoy acá, boludeando...
–Bueno, llamala y decile que vas para allá más tarde. –le respondí.
–Raro que ella no llamó primero. Creo que por fin se está acostumbrando.
–Y sí, el nene ya tiene cuarenta pirulos... –retruqué riendo y marcando la palabra "nene".
Sacó el celular del bolsillo de la campera que oficiaba de almohada y de pronto se quedó pensativo. Luego dijo:
–No le puedo decir que estoy acá con vos. Se va a poner de mal humor.
–Uh che, ¿todavía me tiene rabia por lo de aquella vez?
–No sé, pero mejor no hablar de ciertas cosas...
–Andá, pollerudo. 
–Soy hijo único, no me queda otra.
–¿Te acordás? Jajaja, ¡qué momento!

–No, mejor no me hagás acordar. Me deprimo.
Marcó el número, y mientras él saludaba a su mamá con su mejor voz de hijo amoroso pero olvidadizo, los recuerdos vinieron a mi mente.
El sábado anterior habíamos estado en un recital con los chicos del grupo y Jorge, siempre de fierro, me llevó en su auto porque yo, como de costumbre, ya íba con retraso. Por supuesto, se ofreció a llevarme de vuelta a casa, pero no sucedió: nos pusimos mimosos en el camino y terminamos en la casa de él. Nos despertamos algo tarde ese domingo. Él se levantó primero y fue a darse un baño. Hacía calor, me levanté a apagar la estufa y me senté en el sillón a esperar mi turno de usar el baño. Mozart, el gato siamés de Jorge, dormitaba en un extremo. Vi un cubo de Rubick en un estante del aparador; lo tomé y me dispuse a ver si de una vez (y quizá por arte de magia) podía resolverlo.
Estaba tremendamente ensimismada en la tarea cuando noto que el felino levanta las orejas y mira hacia la puerta. De pronto, escucho una llave que entra en la cerradura y gira, produciendo el típico ruido del mecanismo metálico.
La puerta finalmente se abre y una señora delgada de pelo entrecano entra y cierra. De pronto, me ve. Me mira con una mezcla de sorpresa, repugnancia, celos y deseos de convertirme en una lombriz.
Y yo ahí, como una estúpida... completamente en bolas, como vine al mundo, sentada, cruzada de piernas abiertas a lo indio y con el cubo de Rubik todavía en la mano. Esbocé una sonrisita tonta.
–¿Dónde está Jorge? –dijo con voz firme de sargento.
–S...se está bañando. –contesté, con un hilo de voz, señalando atrás con el pulgar y colocándome en una posición menos bochornosa.
En eso, Jorge abre la puerta y se asoma. Tenía el pelo mojado y estaba a medio afeitarse cuando mira a su madre y abre los ojos enormes como dos ventanas.
–¡Mamá! ¿Qué estás haciendo acá? ¿Por qué no dijiste que venías?
–Hijito... Quería darte una sorpresa...
–¡Y vaya que me la diste! –dijo con reproche, y luego me miró a mí, como suplicando que por nada del mundo me fuera a reír.
–... pensé que a lo mejor no habías desayunado todavía y...
–Gracias má, pero me puedo arreglar solo.
–Tenía que haber llamado, ni me hubiese imaginado que ibas a estar con una, este... señorita.
Y dijo "señorita" con marcado desdén, queriendo significar otra cosa, como si yo no estuviese ahí escuchándola. Jorge se pasó la mano por la cara, avergonzado a más no poder.
–¡Por favor! No es momento de...
–Perdón, –interrumpí yo, poniéndome de pie. –tengo que hacer pis. ¿Puedo?
Me miraron, se miraron, y se corrieron a un costado para dejarme pasar. Murmuré un "gracias" aliviada mientras entraba en el cuarto. Abrí la canilla para que el agua de la ducha corriera y disimulara un poco la risa que no podía contener más. Del otro lado se escuchaban todavía las voces de Jorge y su madre discutiendo.
Me metí bajo la ducha caliente, todavía riéndome, pensando si ella estaría ahí cuando yo saliera, o recapacitaría y se daría cuenta que existe una regla de oro para los hijos e hijas mayores de veinticinco que viven solos, y es que tienen una vida propia y, por lo tanto, no es prudente aparecerse en sus departamentos sin previo aviso.

A menos que quieran exponerse a situaciones bizarras como ésta y dejarlos en ridículo.

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domingo, 28 de agosto de 2011

La decisión más difícil

Al leer esta tira me reí al principio, ¡pobre Roberta! Pero unos minutos después me vino a la memoria la imagen de una mujer que hace unos años tuvo que tomar dos veces la decisión de dejar atrás una casa con todas las comodidades. Tuvo que pensar bien qué cosas se iba a llevar ya que el bolso aunque era grande no cabía todo lo que hubiera querido conservar. La primera vez que se fue era casi medianoche, era muy joven y estaba asustada. Pero estaba convencida que merecía una vida nueva junto con el hombre que amaba, y por ello valía la pena dejar todo atrás. Pobre, no le fue muy bien, pero se las arregló lo mejor que pudo y salió a flote. La segunda vez ya era un poco más grande, también tuvo que empacar lo estrictamente necesario, también estaba asustada, pero no estaba sola: junto a los dos bolsos llevaba a su bebé en un cochecito. Era una tarde de domingo, soleada. Nadie las vio salir. Esa vez tampoco le fue muy bien al principio porque eran épocas de crisis y hubo que pasar un largo tiempo de estrecheces, pero como ya estaba acostumbrada a los sacrificios y no era tonta, de nuevo se esforzó mucho y salió adelante.
Me emociono cuando me acuerdo, y a veces pienso, ¿cuánto valor se necesita para dejar atrás una vida confortable, segura, pero sosa, vacía y sin proyectos? ¿Se puede vivir toda la vida auto engañándose, salir al mundo con una máscara de falsa felicidad?

"Las dos veces que me fui, vi que tenía por delante un camino incierto, oscuro; pero después pensé, tengo un par de piernas fuertes y la cabeza bien dura, así que me lancé a caminar... Tropecé varias veces, perdí el rumbo otras tantas, me encontré con algunos peligros, pero hice mi camino como debe ser: andando para adelante, sin reproches. Y así descubrí qué quería de la vida, cosa que a muchos otros les lleva casi toda la existencia saberlo. No me arrepiento."

–Y a esa mujer que decís, ¿la conocés bien?
–Mejor que nadie. De hecho, la veo todos los días en el espejo.


("Roberta" Viñeta humorística de Emilio Ferrero)

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miércoles, 24 de agosto de 2011

Borges y el amor diametralmente opuesto a como se lo imaginó

El Doodle de Google de hoy, en honor a Jorge Luis BorgesEl Doodle de Google de hoy, en honor a Jorge Luis Borges

Honestamente, nos pasa a todos, eso de conocer a alguien que nos gusta, y proyectar nuestras fantasías y deseos personales en esa persona. Pero después resulta ser que ese alguien no era exactamente como la imaginamos. Y ahí viene la gran decepción. Te querés matar. Y se supone que uno debe amar al otro tal como es, y no pretender que cambie para que sea lo que uno quisiera que sea. Lamentablemente esto sucede muy pero muy a menudo, en estos tiempos modernos donde la apariencia es (casi) todo.

Hasta el mismísimo Borges, en su juventud, estuvo enamorado de una joven llamada Concepción. Él nunca se animó a decírselo, y se separaron porque la familia de ella se mudó a vivir a Europa. Muchos años después se reencontraron y el maestro sufrió un desencanto tremendo. Según cuentan, fue porque ella se había cortado la abundante cabellera que él tanto adoraba. Pequeñas sutilezas, pero que hacen la diferencia. Al respecto, comentó con una amiga años después:
Borges: [...] Creo que no estaba enamorado de ella sino de esa imagen que había creado de Concepción dentro de mí. [...] Uno no se enamora de alguien, sino de cómo uno piensa que es ese alguien. Y la mayoría de las veces es diametralmente opuesto a como se lo imaginó.
María Esther Vázquez: ¿Te pasó muchas veces?
Borges (con una enorme sonrisa): Creo que demasiadas.

Este post es mi humilde homenaje al maestro, a 112 años de su nacimiento, no solo fue un grande de nuestra literatura contemporánea sino también un ser humano que tuvo una singular colección de amores y malentendidos.

Fuentes:
- Daniel Balmaceda (Facebook)

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jueves, 18 de agosto de 2011

Donde hubo fuego

cuddling fingers 2 by ~krogaw | Deviantart.com »
Fue raro volver a verlo aquella mañana. Apenas un par de segundos que se cruzaron las miradas y se sostuvieron, y luego cada cual siguió su camino al trabajo. Lo vi tal como lo había visto hacía casi 5 años atrás, no había cambiado casi nada.
Él y yo habíamos sido amigos con derecho a roce frecuente. Amigarchis, bah. Eso era todo lo que pasaba entre nosotros. En todo ese tiempo nunca se dio cuenta que me había empezado a gustar cada vez más, y yo ya estaba apenas ahí de enamorarme como una estúpida. Pero él no quería enamorarse. O tal vez no quería enamorarse de una mina como yo, que ya había superado mi primer divorcio y ahora vivía sola y un poco alocada.
Nos habíamos conocido chateando. Pero esta vez fui lo suficientemente astuta para pedirle una foto primero (me había cansado de besar sapos), y pasada una semana me envió una que se sacó con la webcam en un cibercafé. No había salido muy favorecido, vamos a decir la verdad, pero me habían impactado esos ojos verdegrises, de mirada melancólica, y una nariz a lo Adrien Brody. Después de algunas vueltas, nos vimos una tarde para tomar un helado. Pero no pasó nada. Días después me confesó por chat que le hubiera gustado que pasara algo más ese día, pero no se había animado a dar el primer paso. Así fue que la segunda vez que nos vimos, el primer paso lo di yo. Le eché los brazos al cuello y le di un beso en la boca, los dos estábamos parados en las escaleras del subte frente a Plaza San Martín. Me acuerdo que ese día me puse mi solero nuevo color maíz con flores grises, y a él le costó dominar sus ratones. Dos semanas después vino a visitarme a mi departamento, a los pocos minutos de haber entrado nos fuimos directo a mi dormitorio. Y así, dos o tres veces por mes y durante dos años, venía a casa los sábados al mediodía y se quedaba hasta la noche. A veces nos veíamos para almorzar en el centro, o ir al cine, o simplemente pasear y estar juntos un rato, después de la oficina. Me gustaba su carácter tranquilo, su voz grave y suave, su piel blanquísima. Nos queríamos, creo que más por la necesidad de tener compañía sexual que por amor genuino y recíproco.
Por alguna extraña razón dejamos de vernos tan seguido, fue cuando yo empecé a salir con otro flaco. Las cosas con éste iban bien, así que tuve que tomar la decisión: o seguía viendo a mi amigarchis y tenía el pan y la torta asegurados, o cortaba con eso y me portaba bien. Elegí la última opción porque quería hacer las cosas bien. Y porque la doble vida me estaba matando (sí, hubo un par de ocasiones en que los dos vinieron a casa el mismo día, por suerte en diferentes horarios y no se cruzaron... menudo jaleo se hubiera armado). Se lo comenté a mi amigarchis y estuvo de acuerdo. Entonces, una tarde, en un hotel alojamiento de Belgrano, nos despedimos como corresponde en estos casos.
Casi seis meses después de eso, me llama para saber qué era de mi vida:
–Tanto tiempo, ¿que contás de bueno, linda?
–Puf, tengo una noticia tremenda. ¿A que no sabés qué me pasó?
–Ni idea, ¿qué?
–¡Estoy embarazada!

Todas esas cosas se me vinieron a la cabeza en esos dos segundos. Desvié la mirada y seguí mi camino por Santa Fé sin girar la cabeza para ver a dónde iba. Seguramente se perdió entre la multitud que transitaba la calle Florida en ese momento. No sé, quizás hubiese sido lindo que se detuviera a saludar, decirme que no se había olvidado de mí... Pero no fue así. Mejor. Donde hubo fuego cenizas quedan, y las cenizas terminan siempre bajo tierra.

Como esta historia de amor, entre otras cosas.

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miércoles, 10 de agosto de 2011

Hora del almuerzo

impressionnisme trois by ~Sazuuu | Deviantart.com »
Estábamos almorzando con Vanesa y Flor en el barcito naturista de siempre, cuando me llega un SMS al celular. Lo leí, y casi me atraganto de la risa.
–¿Quién es? ¿El rompebolas de tu jefe? –preguntó Flor.
–No. Peor. Un quía que no sé ni quién es me está echando en cara que lo borré del MSN. ¿Pueden creer?
–¿No sabés qué quía? –preguntó Vanesa, mordiendo su sándwich de pollo y rúcula.
Buena pregunta. Respondí el mensaje preguntando quién catzo era. A los pocos segundos me llega la furiosa respuesta. Se lo tuve que leer a las chicas porque no podía no compartir eso:
–¡Che! Miren lo que me contesta: "Ah sos 1 zorra, encima me borraste de tu agenda tmb!!!! Pensé q estaba todo bien e/nosotros pero parece q no es así!!!!"
–¡Ay, por favor! –dijo Flor, colorada de tanto reírse. –Te dijo "zorra", es más antiguo que "Enrique el antiguo".
–Y después dicen que las mujeres hacemos escándalo por pavadas.
–¿No te acordás si por lo menos valía la pena? –me preguntó Vanesa.
Yo pensé un rato y luego tuve una certeza.
–Ah, ya sé quien puede ser... Saben, hace dos semanas mas o menos conocí un jovato que se la daba de superado, un dandy que no quería compromisos ni pareja estable, sólo quería disfrutar la vida, pasarla bien y blah blah. Tanto me insistió que acepté tomarnos un café. Ya desde el vamos me chocó que no amagó en sacar la billetera para invitar, así que mi café me lo pagué yo.
–Nah, ¡no puede ser tan miserable, che!
–De hecho, pudo. Bueno, nos pusimos a hablar, aproveché para mirarlo bien de arriba a abajo, y la verdad que no estaba ni para ponerlo en el banco de suplentes. Una hora después, así de una, me invitó a tomar un trago en el departamento y yo me hice la reboluda; le dije que me tenía que ir temprano a casa y me rajé olímpicamente. Y lo debo haber borrado del MSN porque nunca lo ví en línea, y ya saben cómo soy yo: contacto que no habla, contacto que se va a al tacho.
–Pero, algo no me cierra acá. –dijo Vanesa, y entrecruzó los dedos, gesto típico con el que anuncia que va a dar cátedra sobre el comportamiento masculino. –El tipo es cultor de la "vida loca", cero compromiso, y creyó que tenía algo con vos, ¿sólo porque compartieron un café? ¿No pasó nada más?
–Nada, ni mimitos, ni caricias, ni besito. Yo no amagué nada ni él tampoco.
–A ese sí que no le llega el agua al tanque, eh. –dijo Flor, dándole un sorbo a su Coca Light.
–¿Y vos le dijiste que no tenías onda? –preguntó Vanesa.
–No me preguntó. Además, es medio obvio: él quería matraca, yo le esquivé el bulto, y no volví a llamarlo o mensajearlo. Me parece que sobran las explicaciones.
–Seguro, pero viste cómo son algunos tipos, cuando andan desesperados son tan prehistóricos que ponen trampas por todos lados, cualquier bicho que caiga en el pozo les cabe.
–Bueh, ¡gracias por lo de bicho, guacha!
Nos reímos a carcajadas, y de regreso a la oficina seguimos sacándole el cuero al pobre tipo, que a esa altura ya debía de tener la oreja ardiendo a punto de ebullición.

Por eso, no me fío de los que dicen disfrutar la vida sin compromisos amorosos, porque como dice el refrán: "Dime de qué alardeas y te diré de qué careces."


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sábado, 6 de agosto de 2011

Hablé con Jesús

Window by ~TeeganGatta | Deviantart.com »
–Jesús, necesito ayuda.
Crucé las manos sobre el pecho, lo miré a los ojos y vi una señal para que siguiera hablando. Suspiré y continué:
–Sabés que no creo para nada en todo esto, pero estoy conciente que hablar con alguien neutral es necesario. No es que no tenga a nadie con quien hablar, al contrario, tengo a mis amigos y amigas de siempre, a mis padres. Bueno, en realidad a mis padres hay cosas muy personales que por obvias razones no les puedo contar... son un poquito conservadores, ¿viste? Y mis amigas y amigos, son todos muy diferentes entre sí, es decir, está mi amiga la soltera que revolea la chancleta, la divorciada tranqui, el casado alegre, el soltero (viudo, bah) correcto, el gay divino... Todos gente linda, me quieren y me apoyan en todo. Pero a veces, sin embargo, siento que no puedo seguir por el mismo camino. Que si mi destino era este, ahora quiero más. No es que sea malo, quiero decir, tengo una vida tranquila dentro de todo: tengo un trabajo que me gusta, no gano fortunas pero alcanza para pagar las cuentas y alimentar a mi hija, vivo en un lindo lugar, estoy rodeada de gente que me quiere. Ok, no tengo pareja estable, a veces quisiera tenerla pero no quisiera que eso me quite el sueño. Quisiera poder torcer un poquito el rumbo. Tiene que haber algo más que todo esto en la vida. Viste, como cuando probás por primera vez un chocolate, te gusta, y no te imaginás cuántas cosas ricas se hacen con eso, y sólo tenes una pequeña idea de lo que es...
–¿En síntesis?
–Tiene que haber algo más, Jesús. No sé... una especie de upgrade en mi existencia, ¿sabés?
–Claro. Entiendo. Vamos a trabajar en eso, entonces.
Sonaron en ese momento cuatro campanadas. El sol de otoño se colaba perezosamente por la cortina calada. Jesús se rasco suavemente la breve barba y anotó en su cuaderno. Me aconsejó pensar en qué cosas le podrían dar ese cambio tan esperado a mi vida. Luego, tomó los datos de mi tarjeta de la Obra Social y firmé la planilla de asistencia.
Salí del consultorio y vi al próximo paciente sentado en la sala de espera, leyendo una revista cholula. En el palier llamé al ascensor y miré otra vez la chapa dorada al lado de la puerta, que decía: "Jesús M. Lodeiro. Psicólogo".

Me reí. Yo, la agnóstica, hablé con Jesús.

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jueves, 28 de julio de 2011

Amor, felicidad y una copa de Malbec

Heat by ~Kawwl | Deviantart »
–... y creo que a esta altura de mi vida puedo decir que soy feliz. Estoy en paz conmigo misma, me quiero y me acepto tal como soy, y no necesito depender de nadie ni económica ni afectivamente. Es maravilloso todo eso, ¿no te parece?
Agité suavemente mi copa de vino para sentir el delicioso olor del Malbec. Tomé un sorbo, miré a mi interlocutor y casi me atraganto. Me miraba con una ligera mueca de incredulidad y desdén. Alcanzó a balbucear que no estaba muy de acuerdo conmigo y acto seguido, empezó a buscar los cinco pies al gato. Que mi situación económica no era la mejor (apenas cruzo la línea de pobreza), que no tenía una linda figura o un bonito rostro, ni auto o tan siquiera un LCD de 40 pulgadas...
–...si no necesitás nada ni a nadie para ser feliz, entonces ¿para qué querés pareja?
–¿Hace falta estar hecho mierda para eso?
–Hace falta necesitar a alguien.
–Pero yo no lo necesito. La necesidad genera dependencia, como el pucho. Y hasta donde yo sé, eso no es amor.
Me miró boquiabierto. Yo continué.
–Es muy simple. Las personas creen que amar es depender, esperan demasiado del otro y se desesperan si éste no cumple con sus espectativas. Quiero esto, dame aquello. En la juventud tal vez sea así, pero con los años y la experiencia las cosas cambian. Se supone que a esta altura uno ya sabe qué quiere de la vida.
–Ser feliz.
–Pero la felicidad no la dan los aparatitos electrónicos ni hace falta viajar por el mundo sin laburar y con la billetera llena de dólares. Hace falta viajar a un lugar a dónde nadie se atreve a ir: al interior de uno mismo. ¿Y sabés por qué no lo hacen? Porque no se aman. Porque saben que van a encontrar muchas cosas desagradables de las que se van a tener que hacer cargo. Es más fácil ir por la vida tirándole el fardo de los problemas a los demás. Si un persona no es capaz de amarse a sí misma, ¿cómo podría amar a otro, entonces?

Obviamente, me lo discutió, porque por lo visto teníamos diferentes perspectivas de lo que era la felicidad. Para él, la felicidad estaba en igualar todos esos estereotipos que vende la televisión. Y de pronto, encontrar a alguien que rompía con todos esos esquemas, le debe haber movido la estantería. Media hora más tarde y con una excusa pedorra, se retiró.
Lástima, parecía un tipo potable. Pero ahora se va, raudo y veloz, con las manos en los bolsillos, como el apostador que se aleja del hipódromo donde ha dejado la mitad de su sueldo.
Y yo, como una diva, me quedo un rato más en el lugar, con la copa semivacía en la mano y una sonrisa en los labios. En la mesa frente a la ventana hay tres amigos, bastante guapos, y uno de ellos me mira insistentemente. De pronto, alza su copa hacia mí con un gesto amistoso. Le devuelvo el saludo.
No hay mal que por bien no venga.

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miércoles, 20 de julio de 2011

Citas a ciegas

"Cita a ciegas" by Emilio Ferrero

Hoy en día gracias a la popularidad de las cámaras digitales, Facebook, y las crecientes ganas de exhibirse de la gente, las citas a ciegas cayeron en deshuso. Conocer a alguien online es más simple y no hay lugar para las excusas. Pero hace diez años atrás tenías que arriesgarte: casi nadie sabía que existían los escáneres o las cámaras digitales (o se hacían que no sabían). Entonces, tenías que pedirles que se describan físicamente. Y te la pintaban que eran Brad Pitt mas o menos. Cuando te encontrabas con el candidato te querías matar. Nada que ver con la sanata que te mandó; si no era espantoso era ganso o aburrido, o esas tres cosas juntas. Te daban ganas de ser abducida por los extraterrestres en ese preciso instante. "Es que si te decía la verdad no me ibas a dar bola" era toda la respuesta que recibíamos ante tanta falta de objetividad y deshonestidad. Sin palabras.

Ojo, que también hubo casos de mujeres, y en esto ellos dicen que nosotras somos mucho más mentirosas, y que encima, si mostramos fotos, están todas photoshopeadas mal o son de al menos de hace 10 años atrás. En todos lados se cuecen habas, e Internet vendría a ser como una cacerola gigante.

Aún así, una foto no te salva de encontrarte con una persona que no tiene los patitos muy alineados que digamos. Que es lo que me viene sucediendo a mí a menudo últimamente. Pero al menos te da la pauta de saber que es un ser humano, un ser de carne y hueso (ah sí, porque existen "bots" y "marionetas", un tema largo de contar que merece un post aparte), y mientras más fotos nos muestre mejor, porque nos ayuda a reconocer al otro a través de los momentos en que se sacó esas fotos.

Gracias a Emilio Ferrero por el chiste. Visiten su página de Facebook y háganse fans. Por amor al humor :-D

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lunes, 18 de julio de 2011

Qué triángulo más bizarro se armó

cool relations by grechka | Deviantart.com »
Teniendo en cuenta que chateo desde 1996, y he pasado horas, pero muchas horas, conversando en chats, servicios de mensajería instantánea y similares, puedo decir con vehemencia que las he visto todas, o casi todas. Pero de todas esas, hubo una situación en particular que fue la más chusca de todas las situaciones chuscas que tuve hasta el día de hoy.

Esto sucedió aproximadamente en 1998. Chateando, conocí un flaco, divertido, buen conversador. Nos pasamos los ICQ y seguimos durante varios meses chateando por ahí. Ya desde el vamos me raro que cada vez que le pedía una foto me ponía mil excusas: que no tengo cámara digital, que no tengo scanner, que hace mucho que no me saco fotos, bla bla bla. Después de tanto insistir me mandó una fotito chiquita, algo borrosa, que no se distinguía mucho, pero algo era algo. Y no me parecía feo. Poco después pasamos de chatear a hablar por teléfono dos o tres veces por semana. Todo un romance a distancia. Me gustaba y encajaba tan bien conmigo que quería conocerlo personalmente. Se lo decía todo el tiempo, y me esquivaba con excusas pedorras: que no puedo, que vivo lejos, que soy muy tímido. Le puse un ultimátum y poco después ¡por fin! me invita a salir. No renegué de mi buena suerte: quedamos en encontrarnos ese viernes en el Village Recoleta.
Cuando lo ví, guau, no me lo esperaba. ¡Era un bombón! Tenía una sonrisa que te hacía caer hasta las pestañas postizas. Aunque se parecía a la imagen de la fotito que me había enviado, la voz... la voz extrañamente no coincidía en un cien por ciento con la voz del teléfono. Tenía otro matiz. Dejé pasar el detalle, y nos fuimos a tomar un trago. Hablamos durante tres horas de muchas cosas. Me llamó la atención que no recordara casi nada de mi vida, y eso que hablamos durante tanto tiempo que no había posibilidad de que se equivocara. Pero sí, se mandó un par de incoherencias, y zafó sugiriendo un paseo por el Buenos Aires Design. Allí me deslumbró: me regaló flores, me dio un beso, me levantó a upa como un príncipe a su Cenicienta y terminamos pasando una noche desenfrenada en un hotel alojamiento de Barrio Norte.
Después de eso, no supe de él por varias semanas, hasta que un día se volvió a conectar. Estaba de pésimo humor, mala onda, discutimos por boludeces, me tildó de hueca y frívola, y se desconectó. "Bueh, qué le habrá picado a este loco" pensé yo, y no le di bola al asunto. Pasaron un par de días y me llama directamente al celular, diciendo si nos podíamos encontrar esa misma tarde. Casi lo mando a freír rabanitos, pero tanto me insistió que terminé diciendo que sí de mala gana. Todos los reclamos que tenía para hacerle se me esfumaron cuando me sorprendió otra vez con un ramito de fresias, una cena en el Alto Palermo y otro momento de desenfreno en su auto en una esquina oscura cerca de la Costanera. Después de eso, de nuevo pasaron varios días sin verlo online.

Una noche me llama por teléfono y me pide que me conecte, porque tenía algo muy importante que hablar conmigo. Yo, intrigada por tanto misterioso cambio de humor, me conecto, y entonces, me confiesa lo siguiente:
–Ale, te había contado que había tenido un accidente con la moto hacía un par de años, pero lo que no te dije es que, como consecuencia, me quedó una cicatriz del lado derecho de la cara. Me avergonzaba tanto de mi aspecto hasta el punto de casi no querer salir de casa ni socializar. Por eso, el chat fue la única forma de conocer gente que no me juzgara. Cuando te conocí a vos, me gustaste tanto que sentí que si no hacía algo, tarde o temprano te iba a perder o te ibas a aburrir de mí. Tomé entonces una determinación: hablé con mi hermano menor, le conté la situación y le pedí que tomara mi lugar para ir a tomar un café con vos y que te contara todo esto, para que no creyeras que yo era un raro. De ese encuentro me contó cualquier cosa, que eras una histérica y que te fijabas mucho en la apariencia, cosa que no le creí demasiado. No me enteré de lo que pasó entre ustedes hasta que los vi de casualidad a la salida del Alto Palermo, de la mano y a los besos. Ahí me di cuenta que él no había dicho la verdad a nadie, ni a mí ni a vos. Me morí de celos, quise matarlo, discutí mucho con él, pero al fin y al cabo, el que tuvo la brillante idea fui yo. Casi le arruino el matrimonio a él (está casado hace 7 años y tiene un nene de 4 años), pero lo más importante de todo es que arruiné mi relación con vos.
Yo no reaccionaba. Era como estar metida adentro de una novela de cuarta. Lo único que se me ocurrió tipear fue:
–Me estás jodiendo...
–No. Te juro que no. Para que veas que todo esto que te estoy diciendo no es un cuento chino ni mucho mens una excusa, te mando una foto que nos sacamos en Navidad. Aceptala.
Recibo el archivo, lo abro inmediatamente y casi me caigo de la silla. Allí estaba él, con la cicatriz en el costado de la cara que le desfiguraba las facciones. Al lado estaba su hermano, el tipo divino que yo conocí, con su hijo en brazos. Ahora sí, todo encajaba perfecto. "Ay no, no puede estar pasándome esto a mí..." pensé yo. Casi me doy la cabeza contra la pared. Cuando me serené un poco, empecé a tipear:
–Tu problema no era para matar de vergüenza ni de susto a nadie. Yo te hubiese aceptado igual, porque eras una persona muy especial más allá de lo físico. No sé si te das cuenta qué triángulo más bizarro se armó. ¿Cómo carajo quedan las cosas con tu hermano, que se comió a tu minita dos veces? ¿Cómo quedo yo con él, que me mintió tan descaradamente? ¿Cómo quedarías vos con tu cuñada si se entera de todo esto? ¿Nos bancaríamos vernos todos juntos en una reunión familiar? ¿Con qué cara los miraría yo a todos ustedes?
–Creo que sería una situación de mierda.
–Tal cual. Por lo tanto, esto no da para más, se debe terminar acá. Lo que comienza con un engaño difícilmente funcione bien.
–No tengo palabras, la verdad que fui un pelotudo. Estoy desesperado, lo que hice ya no puedo arreglarlo.
–Y no. Ya sabés para la próxima, lo que NO tenés que hacer. Te quiero, cuidate. Besos.

Acto seguido, lo bloqueé del ICQ, del teléfono y de mi vida para siempre.

El trauma me duró un par de meses, y mientras tanto empecé a dar largas caminatas por el parque después de la oficina, para mantenerme lo más alejada posible de la computadora y de las salas de chat.

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viernes, 15 de julio de 2011

Billetera mata galán

Pay Up by Latifalshamsi | Deviantart.com »
Nunca me voy a olvidar de la cara de Jorge aquella vez que salimos a cenar. En un momento pidió la cuenta, y el mozo se la trajo. Conversábamos mientras buscaba en sus bolsillos, primero despreocupadamente y luego con algo de nerviosismo. Frunció un poco el labio, como suele hacerlo cuando se pone nervioso, y empezó a ponerse colorado. Era la cara perfecta de un perfecto desesperado.
–¿Qué pasa, muñeco? –preguntó.
–Yo... eh... –balbuceó mientras seguía revisando nervioso todos los bolsillos habidos y por haber en su camisa, su saco y su pantalón.
El mozo apareció y entonces yo, más veloz que la Mujer Maravilla, saqué mi tarjeta de débito de la cartera y la coloqué en la bandeja junto con la libreta y la cuenta. El mozo se retiró con ella.
Jorge me miró con los ojos muy abiertos, como si acabara de venderle mi alma al diablo.
–¿Qué? –dije, tomando un sorbo de vino de su copa.
–Se... se supone que el caballero siempre paga la cuenta. –me dijo en voz baja, algo molesto.
–No seas anticuado. Además, ¿me parece o no tenés tu billetera?
–No, no sé... la perdí, o me la chorearon... pero no, no puede ser. Yo la tenía...
–Para mí que se te cayó en el auto. Pero tranqui, la buscamos cuando vayamos para allá. Igual ya está resuelto el tema.
–Bueno pero no, no debe ser así. Cuando la encuentre decime cuánto te debo...
–No seas cavernícola, che. Además, ¿somos o no somos amigos?
–Ese no es el punto.
–El punto es que, al poner yo mi tarjeta, se te pinchó el orgullo.
–No, tanto como eso no, pero...
–¡A veces sos tan pero tan anticuado, Jorge!
–Nada que ver. Soy un caballero.
–Y como buen caballero, dejarás entonces que la dama se salga con la suya esta vez.
Lo miré con una sonrisa. El se aflojó y también sonrió. Luego dijo:
–Es la primera vez que una chica me paga la cena. Me siento un miserable.
–Siempre hay una primera vez para todo.
–Sabés, mi abuelo y mi papá siempre decían que un hombre nunca debe permitir que una mujer pague nada, así sean dos monedas. Es exponerse a quedar como un amarrete de cuarta, como un pelotudo, o peor aún, es como cederle a ella el control de la situación.
–Ah, ya entendí: juego de poderes.
–Ehm, sí, algo así.
–El dinero genera poder, y el poder seduce.
–Conceptualmente sí.
–De ahí el famoso "billetera mata galán".
Y nos reímos a carcajadas. Cuando me calmé, lo abracé y le dije al oído.
–Escuchame tres cosas. Una, la pasamos bárbaro, ¿o no? Estoy de buen humor, tengo la panza llena, y estoy con vos. Dos, la plata vuela, sea de quien sea, así que hay que disfrutarla. Y tres, espero que, a pesar de haberte quitado un poquito de poder hoy, me sigas llamando para salir.
–Lo voy a pensar.
Yo ni lo pensé. Lo besé, porque eso era lo que más me gustaba de él: que era chapado a la antigua, más por educación que por convicción; pero una virtud como esa era más que irresistible para una mujer moderna como yo.
El mozo repareció en escena con la tarjeta, el ticket y el voucher, y se retiró. Firmé, dejé la propina y nos levantamos.
Camino al estacionamiento Jorge seguía algo abatido mientras yo me seguía riendo de las ocurrencias. Abrió la puerta, buscamos en el interior y finalmente encontramos la famosa billetera desaparecida en el piso, frente al asiento del conductor.

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jueves, 14 de julio de 2011

miércoles, 13 de julio de 2011

Belleza, inteligencia y... coherencia

AMULTI MANOS by ~equisxxx | Deviantart.com »
Suena el rinrin del Skype. Abro la llamada. Es un quía, vamos a ponerle por nombre Mr. Ser, que me dice:
–¡Hola! ¿Vas a estar en tu casa hoy?
–No. En un rato me voy.
–¿A dónde vas?
–Tengo una reunión a media mañana, de ahí me voy a la oficina.
–¿Y más tarde?
–A las 19 hs tengo un workshop. Y de ahí a casa con mis hijos.
–Pero che, ¿siempre estás tan ocupada?
–¿Y qué pretendías de una mujer inteligente e independiente? ¿Que me quedara en casa todo el día esperando que me llames?
–No, tanto como eso no pero...
–¿Y qué hay de vos? ¿Sólo me llamás para salir cuando tenés tiempo? Hoy seguro tuviste el día libre y como estás aburrido se te ocurrió pensar en mí.
–No... No es así. Pero no sé, siempre estás haciendo cosas...
–De mi trabajo depende mi subsistencia y la de mis hijos. Ojalá me pagaran por ser tan linda, o por comentar en Facebook o Twitter, pero no sucede. Además, mi profesión me exige estar actualizada, por eso voy tan seguido a los workshops, cursos y eventos de networking. Roca que rueda no junta moho.
–Entiendo...
No, en realidad no entendió nada porque al otro día me sacó de su lista de contactos. Eso es algo por lo que nunca voy a entender a los varones de mi generación: exigen de una mujer belleza, inteligencia, independencia, y después no se la bancan. Encima de todo lo anterior, ¡pretenden que tengas tiempo para ellos cuando a ellos se les antoja!
Si le hubiese dicho que tengo todo el tiempo del mundo porque total me rasco a cuatro manos todo el día mirando novelas y tomando mate con facturas, total vivo de planes sociales, asignaciones universales y cada tanto voy a los actos proselitistas por plata o por el chori y la coca; y encima estoy más desgreñada que una mula, tampoco me hubiese dado bola.

En fin, a algunas personas les falta coherencia. Con razón no cojen.

Bueno... las que sí tenemos coherencia tampoco. No sé cómo es la historia acá.

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domingo, 10 de julio de 2011

"No me ama"


Escrito, dirigido y actuado por Martin Piroyansky
Twitter: @martinpiro

Una interesante y divertida historia sobre aquello que todos nos preguntamos alguna vez en algún punto de una relación: ¿me ama? ¿no me ama? ¿por qué nunca me lo dice? ¿hay que decirlo siempre? ¿por qué?

No sé si esta historia aclara las dudas, pero a mí me gustó.

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viernes, 8 de julio de 2011

Amores (im)perfectos

Lonely Fisher by ~Latyrx | Deviantart »
–¿Por qué te casaste con Amalia? –pregunté.
–Porque era perfecta. –contestó él, mirando su café.
–¿Y por qué te querés separar ahora?
–Porque sigue siendo perfecta. Y yo el mismo boludo de siempre.
Vaya respuesta.
Esta conversación sucedió hace varios años, con Gabriel, el jefe de la redacción. Mi jefe. Hacía poco que trabajábamos juntos y aquella tarde volvíamos de una nota. Nos tomamos un descanso y fuimos a tomar un café antes de volver a la oficina. Parecía más cansado que nunca, con ganas de hacer catársis, así que lo dejé hablar. De paso, lo iba conociendo un poco más.
–Es difícil remarla con alguien que hace todo bien. –declaró.
–Peor es remarla con alguien que te quiere hacer creer que hace todo bien...
–¿Y vos por qué te separaste? –preguntó.
–Primero, porque el quía nunca quiso compromiso exclusivo conmigo. Él quería seguir haciendo su vida de soltero y bon vivant. Y como para vender humo siempre fue muy bueno, me vendió una relación que no andaba desde el principio, pero me convenció de que era así por culpa mía. Que si las cosas no funcionaban era porque yo era un ser inferior que no merecía el privilegio de estar con un semidiós de su talla.
–¡No jodas! ¿Te manipulaba psicológicamente?
–¡Puf! Me llevó litros de lágrimas y horas de terapia sacarme esa idea de la cabeza. Así fue que un día tanto me jodió que dije basta, le hice frente y gané la batalla. David contra Goliat. Nadie daba dos mangos por mi causa, pero al final gané el juicio. Creo que le dolió más perder plata que perderme a mí y a la hija. Aún así intentó arreglar las cosas una y mil veces, no porque hubiese madurado sino porque su ego no podía permitirse semejante derrota.
–¡Qué personaje! Bueno... me siento menos solo ahora.
–Sin embargo vos todavía estás a tiempo de poner un parche en el fondo del bote.
–El bote no se va a hundir aunque tenga mil agujeros, porque Amalia también es de las que no aceptan ni una derrota en su vida. Así que hasta donde pueda seguiré remando. Y cuando no pueda más, si no me muero antes, me escaparé nadando una noche sin luna y terminaré mis días náufrago pero feliz en una isla desierta.
Nos reímos y dimos por terminado el descanso. El resto de la jornada (que prometía ser larga) nos esperaba.

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lunes, 4 de julio de 2011

Te lo merecías

Person waiting for its flight at Frankfurt Airport in the morning. | Stock.xchng »
–No sé si vuelvo, no sé si voy a querer volver. –dijo la chica, ligeramente exasperada.
Su interlocutor la miró de hito en hito. Él era joven, tenía una barba corta; ella también era joven, bonita y de pelo corto. Siguieron hablando en voz baja. Yo desvié la mirada de la revista que tenía para ver si escuchaba algo más de la conversación, pero apenas capté algunas palabras sueltas. Él, pocos minutos después, bramó: “¡Hacé lo que quieras!” y se alejó furibundo. Todos se dieron vuelta a mirar la escena, pero poco después volvieron a sus asuntos. Ella se quedó inmóvil como una estatua, luego se sentó a dos asientos del mío, abatida. Sollozaba despacio. Me dio pena, pobre piba. Saqué de mi bolsillo el paquetito de pañuelos descartables y se la extendí con una sonrisa condescendiente. Ella me miró desconfiada unos segundos, pero luego las tomó y me agradeció con un hilo de voz.
–¿Vos también te vas? –me preguntó, luego de unos minutos.
–No. Vine a esperar a mi jefe.
Me miraba como deseando seguir la conversación, entonces continué: –Lo pone nervioso volar y siempre se toma un whisky doble para soportar el viaje. Entonces llega ya medio mamado y no sabe ni cómo se llama. La mujer no soporta verlo así, entonces tengo que venir yo a rescatarlo de los papelones.
Se rió. Me contó brevemente que se iba a París, que había sido premiada con una beca para perfeccionarse en algo relacionado a las artes audiovisuales, y que todos los de su entorno estaban muy contentos con su suerte...
–... todos excepto mi chico. Ese tarado que se fue a la mierda hace un ratito.
Suspiró y miró al suelo. Se pasó el pañuelo delicadamente por el ojo izquierdo.
–Estudia con vos, ¿no? –le pregunté.
Levantó la cabeza y me miró con los ojos muy abiertos. Asintió mientras se secaba la nariz.
–Está celoso, y los celos son malos consejeros. Le molesta mucho que te vayas lejos y tal vez conozcas a otro, pero lo que mas le jode es que ganaste una beca que él también quería, no porque le hiciera falta sino porque es híper competitivo.
Frunció el ceño y se quedó, pensativa durante un rato. Luego balbuceó:
–Cierto. No le gusta perder ni a las bolitas. Y también quería esa beca... Sos bruja.
–Algo de bruja, y buena observadora. Los tipos como él son un lastre, creeme, si querés volar alto tenés que liberarte de todo el peso inútil...
De pronto, el altavoz anunció que el vuelo desde Caracas había arribado.
–Bueno, ahí llegó mi jefe querido... ¿Sabés una cosa? Cuando llegues a París, desahogate todo lo que quieras, llorá hasta inundar el baño. Y después ponele toda la pila a tu carrera. Los hombres van y vienen, las oportunidades no. Besos y éxitos.
Me despedí con una sonrisa y movimiento de mano. Caminé a paso ligero hasta la puerta de arribos. Vi venir a Gabriel, mi jefe, a paso lento, con los ojos algo hinchados. Medio adormilado me sonrió y me dio un abrazo como un chico que se encuentra con su mamá a la salida del kinder. Lo ayudé a encontrar sus anteojos y liar con la documentación para retirar la valija.
Años después, vi a esa misma piba por televisión. Recibió un premio por un corto de cine y le estaban haciendo una entrevista. Se me puso la piel de gallina cuando la escuché hablar:
–... y tuve mucho miedo cuando me fui de Buenos Aires, hace tres años. Estuve a punto de no subir al avión. Pero el consejo que una desconocida me dio esa madrugada me hizo ver que yo tenía una oportunidad única en mi carrera, y no podía desaprovecharla. Ella creía en mí, ¿cómo no iba a creer yo? Los primeros meses en París fueron bastante difíciles porque extrañaba horrores. Pero me esforcé mucho por superarlo, me fue bien, hice mi corto y me premiaron... y aquí en París conocí al amor de mi vida. Eso me hizo ver que algunas cosas no suceden por mera casualidad. Si volviera a encontrarme con esa mujer, le daría las gracias”.
“De nada”, pense yo, con una sonrisa. “Te lo merecías”.

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